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Posts Tagged ‘pudú’

 

víctima

El pequeño pudú gime; sus cortas patitas están manchadas de sangre. El pequeño pudú, la lechuza de ojos asombrados, el zorrito de cola chamuscada y otros animales que esperan turno en sus jaulas acaban de ser rescatados de un incendio forestal.

Cada año, en verano, nuestros bosques estallan en llamas .  basta con un grupo de chicos que quiso hacer camping, una familia que salió de picnic cerca del río, peor, basta con un inconsciente que se entretiene jugando con fósforos. Hay gente cuyo placer, aunque a nosotros nos parezca mentira,  es causar daño.

Una chispa basta. el viento sopla sobre ella y la llamita va creciendo hasta que una columna de humo se eleva sobre el bosque. después ´solo hace falta que actúe la indolencia: que el fuego tarde en ser advertido, que la Conaf lo considere demasiado pequeño para actuar de inmediato, que no hayan helicópteros disponibles para arrojar agua sobre las llamas. En cosa de horas, el fuego crece y arrasa con todo a su paso, a veces, incluso las casas de los campesinos. los árboles crujen al ser consumidos, las ramas caen, el viento sigue soplando y arrastrando su fatídica carga roja por los aires. Para las noticias, se trata de cuántas hectáreas han sido arrasadas, para los animales que habitan el bosque, se trata de la vida y la muerte.

Otro verano, otros fuegos. ¿Hasta cuándo?

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El ciervo ratón almizclero acuático (¡Uf!) vivía su vida en paz y armonía. Amaba las riberas de los ríos que riegan su territorio, se escondía previsor de los predadores que lo amenazan y se reproducía un poco como aquellos a quién se parece, los roedores,  por lo tanto, su población se mantenía estable. Sólo una cosa lo molestaba: la condenada insistencia de los hombres en llamarlo ciervo ratón. ¿Vamos, es que no lo habían visto? ¡Si era cosa de mirarlo, de ver sus lindas pezuñas, su escueto rabo, su bello lomo, su hociquillo vegetariano y rumiante! ¡Cualquiera podía darse cuenta de que era un ciervo! ¿Cómo decían, colmillos? Si, cierto que le asomaban esos feos colmillos de roedor, pero si no fuera por ellos habría sido muy difícil escarbar por raíces, uno tiene que arreglárselas en esta vida.

Era cosa sabida entre  los ciervos almizcleros acuáticos –a quien podríamos llamar por su versión en inglés, chevrotain, para simplificar las cosas- que había un primo de América, el pudú. En las  oscuras noches que los predadores rondaban sus refugios, se solía hablar de la buena elección domiciliaria del primo. Bastó una decisión audaz para que ahora tuviese una estupenda selva lluviosa casi para él sólo. Un poco fuera de circuito, cierto, pero sin leones, sin leopardos, sin hienas, sin víboras ni otros vecinos desagradables de aquellos que insisten en incluirlo a uno en el menú. ¡Qué buena habría sido la vida del chevrotain si hubiera escogido Sudamérica en vez del África Negra! Es casi seguro que podrían pasear tranquilamente a la orilla del río en vez de andar a salto de mata, escondiéndose hasta de su propia sombra, aprendiendo a nadar en todos los estilos conocidos y por conocer para arrancar de esos vecinos tan voraces que no le daban tregua. Una pena no poder comunicarse con el primo de América, contarle al pudú que el chevrotain, el ciervo más pequeño del mundo, vivía valientemente en el territorio más peligroso de África sin que le temblara una patita y mucho menos el bigote. Ni hablar de que le castañetearan los colmillos…¡habría sido terriblemente incómodo!

Así pasaron los tiempos mientras el chevrotain, superadas las dificultades de los tiempos primigenios, se afianzaba en los ríos del continente negro, conversando en las horas flojas de la canícula sobre lo lindo que sería conocer al primo de América. Sin duda, el pudú quedaría sorprendido al constatar  la bravura de un  cérvido más pequeño aún que él mismo.

Repitiéndose a sí mismo lo maravilloso que era,  había pasado el día que las páginas de  un viejo periódico resbalaron hasta la orilla del agua. El primer chevrotain en verlo corrió de inmediato a contarle a su familia que acababa de ver una foto en la prensa,  nada menos que del primo de América. Un rápido galope dejó a la manada devorando las palabras del artículo en cuestión:

…”el pudú que habita en la selva valdiviana…” –esas eran las buenas noticias, el primo no se había cambiado de casa-…” se encuentra ahora en peligro de extinción en su hábitat natural…-y esas eran las malas, pasaban por los mismos problemas- …”  es el ciervo más pequeño del mundo…”

Bastó con leer esas líneas para que  todos los chevrotains montaran en cólera. ¡Qué farsante, cómo se atrevía el pudú a apoderarse de un título duramente ganado por el chevrotain! Además, como si fuera poco, no tenía colmillos y ostentaba un par de cuernitos bellísimos…qué injusticia, cómo podía El Creador haber hecho al primo de América más parecido a un ciervo que el chevrotaine, era el último y peor de los agravios.

Una comisión especial revisó toda la información posible para llegar a la conclusión    de que el pudú era aproximadamente veinte centímetros  más chico y un par de kilos más liviano que el chevrotaine. Era, efectivamente, el ciervo más pequeño del mundo. Al chevrotain le costó mucho tiempo asomar otra vez el  hociquillo fuera de su refugio. Si hasta le parecía que se reían de él. ¡Seguramente todos habían leído el diario antes de que ellos lo  devoraran hasta la última letra para acabar con la evidencia, y eso que sabía bastante mal.

Últimamente se ha sabido de algunos chevrotains que hacen rigurosa dieta para pesar menos que sus primos americanos, pero todavía no ha habido ninguno que logre medir menos y no pasa un día sin que tan triste noticia les atormente su pequeño corazón de ciervos almizcleros de agua.

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1464048919_3964ce9702Una vez más, somos testigos de un crimen contra la naturaleza de nuestro país. Ya  vimos los cadáveres de cientos de cisnes de cuello negro,  nos cubrimos de oprobio  frente a miles de aletas de tiburón secándose al sol. Después fueron los lobos marinos en Iquique, el SAG intentó convencernos de que su muerte fue natural.

Ahora  las imágenes provienen de la caleta Villarrica, Dichato. Centenares de fardelas y cormoranes muertos. Los lugareños acusan que hace pocos meses tuvieron,  primero, una mortandad de sardinas, luego, una de pingüinos de Humboldt.

¿Qué esperan SAG y SERNAP para proceder? ¿Por qué las industrias  pesqueras o mineras pueden seguir destruyendo nuestra fauna impunemente sin que nada hagamos por evitarlo?

Poco podemos hacer los ciudadanos, pero para eso  Chile gasta en los servicios, incluidos la Conama, que tienen como deber cautelar nuestras  riquezas naturales.  Servicios que tienen directores y funcionarios que  perciben sueldos para  hacer su trabajo. Yo demando: ¿Qué están haciendo para terminar con esta vergüenza nacional,  qué están haciendo para cumplir con su deber?

Con amor y admiración tejo historias sobre los animales y a veces me pregunto con espanto si a nuestros  nietos sólo les dejaremos eso: historias.

Me pregunto si podrán ver mañana la zambullida de un cormorán, la mirada ingenua de un pudú, la figura majestuosa de un puma.

A ustedes, testigos como yo de estos crímenes, les pido que al menos, levantemos una protesta. Escribamos a los  medios, exijamos acción del gobierno. Esto, no puede seguir así.

Un abrazo

Alida  

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2778316030_4a6c9ba594Apenas instalados en las llanuras de África, los avestruces exhibieron claras  señales de dimorfirsmo sexual:  los avestruces machos, de lujoso plumaje negro ribeteado de blanco en las colas,  se  mostraron también como excelentes padres. Pasaban  todo el día pendientes de los huevos y apenas    los polluelos salían de ellos, los machos corrían de aquí para allá, preocupados de que ninguno se extraviase y de vigilar  la zona para impedir que los chiquitines se convirtieran en la cena de algún predador de gran tamaño.

Las hembras, cuyo plumaje era gris y carecía de las  elegantes plumas de la cola, eran muy diferentes. Era fácil pensar que habían tenido suficiente con la postura de los huevos; eran madres  indolentes, más preocupadas por su embellecimiento personal y la conquista de machos guapos que por el bienestar de sus pequeñuelos. Sin  embargo, insistían en  mantener una imagen de madres solícitas y no dejaban que los padres  participaran de la crianza.

A causa de este descuido, era muy común que las crías sufrieran caídas o  se expusieran a situaciones peligrosas y  ahí si que las avestruces hembras ponían el grito en el cielo para  lograr que los  desesperados padres solucionaran el problema.

Así, saltando de crisis en desastre, los padres no tenían un momento de tranquilidad.  Ya casi no se alimentaban, apenas si tenían tiempo para  descansar  antes de que el grito desesperado de una madre  interrumpiera su sueño  pidiendo que alguien, por favor, rescatara a su  chiquitín. Tanta era la presión, que  sufrían  ataques de pánico y ahogos que no sabían cómo superar.

Tratando de dar un corte a la situación, los avestruces machos  enviaron una solicitud a las Oficinas Centrales de la Naturaleza, que, en resumen, decía lo siguiente:

“…solicitamos a La Naturaleza que resuelva  acerca del comportamiento indolente de las madres avestruces,  aplique las sanciones correspondientes y exija firmemente que se  comporten como madres responsables.”

La  respuesta no tardó en llegar, pero fue tan decepcionante que, cuando fue leída, algunos avestruces derramaron lágrimas mientras otros sufrían  principios de desmayo:

“Considerando los principios básicos de no intervención y las leyes irrevocables de la evolución,  La Naturaleza ha decidido  que el conflicto entre los avestruces debe ser resuelto  de mutuo acuerdo entre las partes y les propone, para ello, participar en el  curso –taller  “Evolución, una nueva mirada…”

Los avestruces machos dejaron de leer y se  miraron desconsolados. ¿Qué podían hacer? Todo favorecía a las madres avestruces y los grandes perjudicados resultaban ser los  polluelos

Asistieron al curso y fueron estudiando con ahínco  los nuevos principios de la evolución, que se preparaban  para ser descubiertos por un tal Darwin dentro de varios millones de años. A las avestruces madres ni  se les vio por allí, pero ellos aprobaron con distinciones.

Poco tiempo después,  al primer grito de socorro  por un polluelo perdido, las  madres avestruces  fueron sorprendidas al ver que los machos que venían en su rescate estaban acompañados por un oficial de La Naturaleza.

-¿Qué hace este oficial aquí? – Preguntaron.

-Ha venido a ser testigo de vuestro comportamiento irresponsable con nuestros hijos – expresaron con firmeza los avestruces padres.

-¡Sois unos acusetes! – gritaron las hembras.

Y los machos respondieron a coro:

– ¡Sólo somos  admiradores de las teorías de la evolución, que quieren pasar de la palabra a la acción!

Y el oficial, desenrollando un gran  rollo de papel, leyó:

-Se faculta a los avestruces padres a ser los encargados de la crianza de los polluelos y se despoja de la tutela a las madres por su desidia e irresponsabilidad con las nuevas generaciones de la especie…

Y siguió leyendo tanto rato que las avestruces  hembras se aburrieron y se fueron a peinar mirándose  en las aguas del estanque más próximo.  La tardanza dio tiempo para que pensaran en que se habían librado de una buena tarea  y, felicísimas, se fueron a  conquistar nuevos galanes.

Sólo para molestar, interpusieron un recurso que pedía se les restituyera la custodia de los polluelos en caso de que los padres  omitieran una sola causal de la resolución de La Naturaleza.

Los padres estaban felices. Cada uno de ellos se  hizo cargo de una gran parvada y  adquirieron la costumbre de pasearse  con ella por la llanura. Todavía se les puede ver haciéndolo.

Pero, por si acaso, siempre están revisando todos los rincones para ver si un polluelo se ha quedado atrás y cuando alguno desaparece por un breve lapso de tiempo, sufren sus conocidos ataque de pánico, y para solucionarlo, esconden la cabeza en el agujero más cercano y respiran allí hasta que se recuperan del sofocón.

 

Nota: efectivamente, los avestruces machos se encargan del cuidado de los polluelos y suelen estar a cargo de una gran cantidad de ellos.

El dimorfismo sexual son las diferentes características que entre machos y hembras muestran las especies,por ejemplo, tamaño, color, canto, etc..

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