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Posts Tagged ‘poemas’

libros

 Leí mi primera Jane Eyre entre los 9 o 10 años y a partir de ese momento  la releí innumerables veces, sin embargo, recién ahora, más de medio siglo después, leo, al fin, la versión completa,  libre de los desperejilamientos a los que  someten los libros algunos editores canallescos. Qué maravilla este alegato sobre la pasión y el amor. Qué generosa Charlotte Brönte mostrándonos además las dificultades de la vida en su época y esa visión tan femenina y feminista a la vez.

Cuando era niña la gente era muy inteligente, en vez de chatarra plástica, regalaba libros, así fui formando mi pequeña biblioteca personal: Salgari, Verne, May Alcott, Karl May, Ruskin, la colección completa de Las travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato y siempre allí, presente, el Tesoro de la Juventud. En ese tiempo teníamos en Chile una excelente educación pública, de la cual me reconozco agradecida deudora. Usábamos libros de Lectura como El niño chileno, Los episodios Nacionales. Todavía guardo en mi memoria los poemas que aparecían en ellos. “ Ten un poco de amor para las cosas” , decía Villaespesa, “este era un rey que tenía un rebaño de elefantes” , continuaba Darío. Por las mañanas, mi padre nos sacaba del sueño recitando a voz en cuello “qué linda y fresca la mañanita, me agarra el aire por la nariz…” Darío otra vez.  En la puerta de su casa estaba la niña negra y “ ciudadanos, quién nos une en este instante, quién nos llama? Víctor Dgo. Silva, quién otro.

Continuos traslados de residencia en solitario, vale decir, sin mi familia, me hicieron ir perdiendo una y otra vez mis escasas pertenencias, pero yo tenía una excelente memoria donde mucho de ello quedó refugiado.

El día llegó en que no fue suficiente seguir leyendo, no, la lectura invita a entablar un diálogo con aquellos que tan generosamente nos regalan el producto de su pensamiento. Tomó tiempo, lo reconozco, pero Saramago empezó más tarde aún.

¡Qué puedo decirles? Lean, lean, lean. No podemos pasar por la vida perdiendo ese tesoro inagotable. Allí está la literatura británica completa, una colección de joyas: Dickens, Wilde, Waugh,  Austen, Christie, Barnes, McEwan,  todo Philip Pullman, Jk Rawlins, Susannah Clarke, Tolkien, Lewis. No hay dónde perderse.

Gogol, Chejov,  Dostoyesky, Dumas, Hesse;  me faltaría espacio para recordar  lo que no se pueden perder, y conste que el tiempo vuela. Lean clásicos, son más baratos y no hay dónde perderse. Sólo desconfíen de la prensa, cuando se lee, hay que hacerlo entre líneas, buscando el mensaje subliminal.  Por  mi vida lectora ha pasado de todo, incluso cosas que me prohibieron en su momento sin que  nunca haya  sufrido daño o menoscabo por eso, no hay mejor juez que uno mismo. Yo jamás les prohibí nada a mis 4 hijos, pero puse libros a su alcance.

 Lean de todo: historietas, revistas, novelas, poesía, historia. Homero es una larga sucesión de hechos gloriosos para los antiguos griegos, pero ¡qué prosa arrolladora, cómo envidio esa fuerza vital, esas magníficas construcciones de palabras!

En cuanto a la partitura, eso, del Hombre, es lo que más me hace creer en la existencia de un soplo divino. Si bien fue uno de esos monos desnudo el que empezó haciendo un tam tam en un tronco caído, el que sopló en una caña hueca, lo cierto es que Vivaldi, Haendel, Debussy, Saint Säens, Chopin, Brhams, Beethoven y todos ellos  me hacen pensar seriamente en que la música es lo más parecido a un regalo de Dios. En Chile  todavía sobrevive Radio Beethoven, 96.5 FM. Aprovéchenla,  y también está en internet. Lamento no haber aprendido a tocar un instrumento, cualquiera que no se soplara, no soy persona de soplidos. Mi instrumento era la voz, pero el asma acabó prematuramente con mi registro de soprano. De sólo pensar que hay tanta buena música que no alcanzaré a conocer tengo una sensación de pérdida irreparable.

Mi marido, lector por demás agudo, ha dedicado sus últimos años pre retiro a comprar libros, que en Chile son muy caros y no creo que sea sólo por el IVA. Se acumulan por todas partes, haciendo torrecitas por aquí y por allá, cada vez que acomodo uno dejo otro dando vueltas por allí. Se prepara para cuando la pensión no permita esos lujos de la misma manera que algunos tontos gastan su dinero en construirse  un búnker antiatómico. ¡Quién querría sobrevivir en un mundo arrasado por las bombas! Mejor leer y escuchar buena música. De cualquier tipo, folklore, selecta, progresiva. De todo, pero bueno, en estos asuntos hay que ser algo menos tolerante de lo que estamos siendo.

Unos días atrás tomábamos el té en compañía de nuestras hijas y mi nieto. Tony había estado canturreando “cucú le llamó, cucú le llamó” durante la tarde. Tuve, de pronto, una idea: cantémosle a Tony el Cucú a cuatro voces. Listos, comenzamos. Tony me escuchó empezar, luego se unió su mamá, Alida, sorprendiéndolo;  siguieron Miranda y Allegra, mi marido, Anthony. Sonaba magnífico, pero de pronto a Tony le brillaron los ojos y escondió la cabeza en el pecho de su tía. La emoción había sido demasiada.

Lo dije: la música es lo más cercano a Dios que muestra el Hombre. Y no confundir con la música que se canta en nuestras parroquias, no, please.

Por último, tanto amo los libros que mis hijas menores llevan, lo han visto, nombres relacionados con Shakespeare y Byron. Al haber cometido el error de cargarle mi nombre a la mayor no me quedó más remedio que construir posteriormente ese lazo. Oscura y sudaca, yo también soy literatura.

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Hola, amigos,  a todos se nos están acabando las vacaciones. Nos quedan unos pocos días,  que debemos  disfrutar a concho. Por eso, para ponerle un poco de fantasía a la vida diaria, estamos empezando marzo con uno de nuestros sustanciosos especiales: una nueva novela por entregas, un zoo cuento y  poesía para recitar con los niños. Además, les anuncio una nueva sección: La Vitrola. Allí encontrarán  las  letras de las viejas canciones infantiles para compartir  con los más pequeñitos.

Y con la nueva novela, no sólo van al pasado, es más, se van a meter  en un verdadero túnel del tiempo, tan  inesperado que incluso se encontrarán con lo que menos quisiera uno toparse en una noche sin luna: un tiranosaurio rex.

Ya viene, el lunes, “Operación Ty-Rex” 

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