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Posts Tagged ‘peligro’

sillaruedas

 

Juanpa tiene un año tres meses, es guapo, vivaz y precoz. Ya se siente capaz de perseguir a su hermano diez meses mayor y lo persigue con esos pasitos  ridículos de los niños que aún usan pañales. Juegan a la pelota, desparraman sus juguetes por toda la casa y siempre tienen las mejillas ligeramente pegajosas y algo manchadas de chocolate. ¿A qué pequeño no le gusta el chocolate?

Hoy, aunque los niños no lo tengan claro, es un día especial: hoy, papá está de cumpleaños. Quizás por ese motivo Juanpa y su  hermano mayor están mucho más felices, mamá está contenta, se afana en la cocina y no está tan al pendiente de sus andanzas. Mamá prepara una torta.

La tarde es tranquila en las afueras del pueblo. Los niños van al jardín y juegan con tierra, cortan hojitas, se sorprenden con los pequeños insectos y sus recorridos que parecen carecer de sentidos. Hormigas van, hormigas vienen, siempre a toda prisa y sabe quién con qué motivo y a qué misterioso destino.  En algún momento, Juanpa se siente solo, su hermano  ha desaparecido de su vista.  Sin temor, Juanpa lo busca, curiosea, se mete entre las plantas dejando tras  su paso una lluvia de pétalos rosados.

En algún momento, Juanpa encuentra la llave del agua, la manguera cuelga de ella y a Juanpa le gusta el agua. Quiere abrirla, liberar ese magnífico chorro cristalino para que corra a lo largo de los canteros dibujando corrientes en todas las direcciones.

Le gusta ese lugar. Es ahí donde Juanpa descubre a menudo cosas interesantes:  herramientas, guantes, ramas, macetas. ¡Cómo le gusta rebuscar ahí!  Con los ojitos brillantes apenas sombreados por las largas pestañas aterciopeladas, Juanpa se pone de puntillas y revisa con interés. Y claro, ahí está el tesoro.

El tesoro es un paquete de pastillas y a Juanpa le encantan las pastillas. No son bonitas como las que mamá suele darle. No, estas pastillas no son ni rojas, ni amarillas, ni azules, ni blancas, tampoco brillan, pero están ahí, casi al alcance de su manita y Juanpa las descubrió solito.

La puerta de la cocina está a un par de metros. “Juanpa”, llama mamá y Juanpa sabe que tiene que apurarse. La batidora manual zumba  sobre las claras batidas a nieve y una nube de azúcar despliega sus cristales sobre el bol.

-Juanpa.

Juanpa  chupa la primera pastilla y descubre con desilusión que no es rica, pero a Juanpa le gusta chupar y sigue chupando. Después de unos segundos la desecha. Es demasiado mala. Juanpa tiene razón, las pastillas  de veneno fosforado para matar pulgones no son buenas. Juanpa tiene mal sabor en la boca, escucha el llamado de mamá y entra en la casa.

Los niños  juegan en su dormitorio tratando de imprimir un toque más personal al pequeño caos de juguetes. Juanpa no se siente bien, se deja caer al piso. No sabe qué le pasa, las cosas dan vuelta a su alrededor. Hasta ahora,  Juanpa nunca  tuvo tiempo para saber  que las cosas podían…

Un grito de alarma  quiebra la tranquilidad de la casa, alguien ha descubierto a Juanpa. El pequeño tiembla y sus ojitos están  casi en blanco.

Las horas siguientes son difíciles de recordar. Los gritos de auxilio, el vecino que pudo llevarlos al lejano hospital, la entrada a Urgencias con el niño trémulo en brazos, blanco como una hoja de papel. Mamá nunca olvidará ese terrible día. Nadie en la familia podrá hacerlo.

Unos días después,  junto al cuerpo exánime de Juanpa, su hermanito mayor levanta los ojos hacia  la mamá y pregunta:

-¿Mi hermanito nunca más va a jugar conmigo a la pelota?

Mamá tiene un nudo en la garganta, no puede responder. ¿Te vas a ir, Juanpa? –piensa-No sé cómo podría vivir sin ti, no te vayas, Juanpa.

A Juan Pablo le encantan las pelotas, siempre han sido de sus juguetes favoritos.

Juan Pablo es un guapo chico de casi 18 años. Tras un largo camino sin ayuda de instituciones de ningún tipo, Juan Pablo hace su terapia  en el centro médico de una dama generosa. En la piscina Juan Pablo puede ponerse de pie y dar pasos  lentos, algo pesados, que lo llenan de orgullo. Normalmente se desplaza en su silla de ruedas, sin ella, gatea.

Juan Pablo hace policromía y guateros de semilla. A pesar de sus dificultades, se empeña en usar sus manos. Ama las cosas bellas.

El mejor momento del día para Juan Pablo es cuando mamá regresa a casa.  Entonces, se sientan a ver tevé en el sofá. Juan Pablo se acurruca junto a mamá, pegadito, pegadito.

-Juan Pablo es amor sin restricciones –dice mamá.

Le besa la frente. Juan Pablo le coge la mano y la cubre de besitos húmedos. Juanpa, después de todo, se quedó para siempre junto a mamá.

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 olinguito

Estimados amigos, este es un mensaje ultra secreto que la Hermandad de la Fauna Terrestre envió al Olinguito, ese pequeño y encantador mamífero carnívoro que acaba de sufrir el infortunio de ser “descubierto” formalmente por el Hombre. Léelo cuidadosamente, porque en algún momento indeterminado se auto destruirá para seguridad de los abajo firmantes:

“Querido amigo Olinguito, te escribimos para decirte lo mucho que lamentamos que el secreto de tu existencia haya sido revelado. Tú lo sabes, hicimos lo imposible para que tu vida siguiera siendo ignorada por nuestro enemigo más peligroso, el Hombre, único animal de la Tierra que ha dedicado todos sus esfuerzos a arrebatarnos no sólo nuestros hábitats ancestrales sino también, la vida.

Para no ser tan pesimistas, nos gustaría, antes que nada,  felicitarte por haber mantenido tu anonimato por milenios, pocos pueden decir algo así y no seremos nosotros los que les traicionemos exponiéndoles ante los falsos dueños del planeta. Es cierto que te ayudaron tu pequeñez, tu carácter tranquilo y  la desconfianza natural de los carnívoros, pero no es menos cierto que esos mismos atributos los tenían el Tilacino y el Demonio de Tasmania y  el primero ni siquiera tuvo tiempo para desplegarlos antes de extinguirse mientras que el segundo da una dura pelea por evitar su desaparición.

Hasta el último momento, querido Olinguito, dudamos si darte o no la mala noticia. El Elefante,  el Tigre, el Cheetah y el Rinoceronte eran partidarios de mantenerte en un estado de inocente y feliz  ignorancia, pero otros de temperamento más meditativo, como el Panda, insistieron en que debías saberlo lo antes posible para que tomaras las medidas de protección necesaria. No  podemos seguir ocultándote la verdad: hoy, en todos los medios de prensa  del planeta,  los zoólogos  han comunicado que eres el mamífero carnívoro de más reciente descubrimiento. Para que negarlo, todos lloramos al saberlo.

En menos de veinticuatro horas dejamos de envidiarte, repentinamente estabas tan expuesto al peligro como todos nosotros. Te lo advertimos: nunca volverás a dormir tranquilo y es casi seguro que ya algunos asesinos más fanáticos ya deben haber salido a buscarte. Podemos imaginarlos cuando regresen con tu bella piel listada, jactándose de  ser los primeros en haberte cazado. Peor, no faltarán los que te estarán siguiendo la pista para ponerte a la venta en el mercado de mascotas exóticas, por desgracia, siempre hay alguien lo bastante malvado o estúpido y con el dinero suficiente para querer meterte en una jaula a esperar la muerte. A veces, casi parece preferible que nos maten de una vez…pero eso de morir de a poco, viendo un pedacito de cielo en un rectángulo enrejado es algo que no le deseamos a nadie.

Olinguito, amigo, mide tus pasos, corre a refugiarte en lo más profundo de la selva, protege a tus crías, reprodúcete con verdadera y real pasión, ni te imaginas lo que se te viene encima: los zoológicos japoneses, los pet shop norteamericanos, los gourmands de ojos rasgados, los amantes de los abrigos de piel, los buscadores de afrodisíacos,  los experimentadores de laboratorio. En fin, el Hombre, qué más podemos decir.

Porque, con esa sola palabra basta para que nuestras crías tiemblen en sus madrigueras, para que nuestras madres duerman con un ojo mientras vigilan con el otro, para que los más grandes y feroces animales se sientan indefensos como bebitos. El Hombre, si hubiéramos podido imaginar lo que se traía entre manos puedes estar seguro que nuestra actitud con él hubiese sido otra. ¡Cuántas veces les reprochamos a los grandes carnívoros que se ensañasen con ellos! ¡Mucho mejor hubiera sido haberles dicho “Buen provecho” y habernos ido a dormir tranquilos!

Tus amigos del Consejo de la Fauna Terrestre”

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Hemos  sufrido un retraso debido a las últimas correcciones, pero sí, este sábado  viene el primer capítulo de PÓRTICO, una novela juvenil de ciencia ficción.

Ragnar relata y junto a Fariah, su mejor amigo, protagonizan la historia. Ambos viven en un mundo agonizante, donde escasas  ciudades cubiertas por domos protectores, guardan los últimos resabios de vida. Monstruosos nefarios caníbales asolan a los sobrevivientes de fatales guerras inter imperios, el sol está muriendo y los mares  son masas enrojecidas y estériles. Sin embargo, Fariah, un expósito que  gracias a su cerebro se ha convertido en un  brillante alumno de la Akademia que forma a la elite, cree que puede haber una solución a la muerte anunciada viajando al pasado. Fariah cree  poder hacerlo por si mismo usando un pórtico interdimensional, no quiere la ayuda de la Regencia, el gobierno que controla al milímetro la vida del pueblo.

¿Lo logrará? ¿Conocerán los amigos el pasado de Tyerra o llegarán a cualquier parte, quizás al lugar menos esperado? ¿Cuál es el destino que aguarda a Tyerra?

Léelo desde mañana  y conocerás todas las respuestas.  

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