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Posts Tagged ‘pavo real’

galpón

Lo primero que hice al llegar el jueves fue salir corriendo a ver a mis viejitas, pero la realidad me tenía preparada una de esas sorpresas que le encanta darnos cuando hemos metido la pata. ¡El local estaba cerrado en pleno día laboral!

Un letrero garrapateado a mano anunciaba que, por razones de fuerza mayor, permanecería así hasta fecha próxima.

-Las brujas andan de paseo en sus escobas –me gritó el dueño del local vecino-, aprovecha y enciérrate para que no te pase nada.

-Muy gracioso –le enrostré-, debiera ser respetuoso con sus vecinas, que siempre  son tan buenas personas con usted.

-Yo no soy el que anda diciendo que se transforman en gatas –respondió-, pero siempre lo había pensado.

-Porque son unos tontos y unos peladores, no se de dónde puede haber sacado esas tonteras.

-Anda a preguntarle a tu amigo, el hijo del librero –gruñó- de alguna parte tiene que haber sacado todo eso ¿no?

Estaba furiosa con él, estaba enojada con Seba, pero más que nada estaba absolutamente indignada conmigo. ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Por  primera vez, no sabía qué hacer. Me fui caminando a lo largo de la Galería hasta que llegué a Antigüedades Leonora Latorre. Sebastián estaba solo, dedicado a ordenar y desempolvar las vitrinas plumero en mano. Ni siquiera lo saludé.

-¿Cómo pudiste hacerme eso? –Pregunté.

No hacía falta que fuera adivino para saber a qué me estaba refiriendo.

-Antonia, perdona, yo sólo estaba preocupado por lo que podía pasarte y le pedí ayuda a mi papá y tú sabes cómo es él, siempre anda molestando conque las viejitas son brujas y se puso a comentarlo con todo el mundo.

-No se cómo es tu papá, pero lo que hizo es muy feo. Yo sólo te conté  cómo lo había pasado y nunca pensé que te lo tomaras en serio. Es más, después de que te lo dije me di cuenta de que eran puras ideas locas mías, soy chica todavía, era la primera vez que pasaba la noche fuera de mi casa y me asusté, eso fue todo.

-Lo siento, sé que metí la pata, me di cuenta al tiro, porque entre todos esos tontos que comentaban y señalaban a las viejitas no faltó el que se hizo el amable y corrió a contarles lo que había pasado. Cerraron temprano, pusieron el letrero y no hablaron con nadie, dicen que van a vender el local y hasta surgieron algunos interesados.

¡Cómo, ya estaban haciendo trizas el mejor negocio de la Galería! Y lo peor de todo es que la culpa era mía y sólo mía, las viejitas me habían dado su amistad y yo la había hecho mil pedazos antes de arrojarla al viento. Una pena negra me invadió y  me di cuenta de que lo único que quería era llorar, pero no podía dejar que Seba me viera y trataba de aguantarme.

-Lo siento –volvió a decir.

Y entonces no pude aguantarme más y me lancé a llorar como si fuera una niñita de cinco años; la vergüenza que sentí fue tan grande que salí corriendo hasta la cafetería.

-Antonia, estás llorando ¿Qué te pasa? –me recibió mamá.

Y entonces le conté lo que no había querido contar la noche anterior. De cómo me había asustado con los acontecimientos de la noche de Halloween y a la vez de como la conversación con Seba me había ayudado a entender que no eran más que niñerías.

-Yo nunca me imaginé que él se lo diría a su papá y que él armaría ese tremendo escándalo –gimoteé.

Lo más sorprendente de todo fue que mamá estuvo totalmente de acuerdo conmigo.

-Bien poca cosa, el caballero. Aprovecharse de unos niños para  correr a las señoritas del local.

-¿Entonces tú me crees, mamá?

-Por supuesto, hija. Nadie podría creer esas cosas de unas damas tan cariñosas y amables como tus amigas. Lo que pasa aquí, disculpa que te lo diga, es que el papá de Seba hizo muy mal, se mostró como un copuchento y un machista. Hace tiempo que se sabía que él quería el local de las viejitas, que es mucho mejor que el suyo y está en una ubicación estupenda.

-¿Tú crees que Seba lo hizo adrede, mamá?

-No, hija, de ninguna manera, fue su padre quién se aprovechó de la amistad que ustedes se tienen, lo que es muy feo. Pero ahora tenemos que solucionar esto y me temo que vas a tener que ser responsable y enfrentar las cosas como una niña grande. En todo caso, no te voy a dejar sola. Yo te acompañaré, porque vamos a ir a ver al papá de Sebastián y después a todos esos chismosos de la Galería, empezando con el vecino de las viejitas, qué hombre más falso. Yo creí que era realmente su amigo.

Mamá es súper. Primero me acompañó a poner en su lugar al papá de Sebastián; muy diplomáticamente para no dañar nuestra amistad, y después me llevó local por local para que los locatarios escucharan de mis propios labios la verdad del asunto. Al último que vimos fue al vecino de mis amigas, quién terminó disculpándose en todos los tonos posibles y rogando que no le fuera a contar a ellas que había sido capaz de creer en esas tonterías.

-No se lo merece –le dije-, pero no les contaré para que no tengan la pena de saber que uno de sus amigos queridos es más falso que Judas.

Ya estábamos por cerrar la cafetería cuando llegó Sebastián.

-Supe todo –me dijo-, mi papá está enojado conmigo, pero en el fondo yo creo que se arrepintió de lo que hizo. Y yo quería pedirte otra vez que me perdones, fui un tonto, pero te prometo, Antonia, lo hice porque estaba preocupado por ti, de veras. Nunca me imaginé que mi papá fuera a hacer ese escándalo.

-¿Por qué no van a dar una vuelta y conversan  con calma? –Ofreció mamá- Yo los invito un helado.

Caminamos largo rato, llegamos hasta una plaza cercana y nos sentamos tomando un helado doble; ya saben, a mí me encantan el pistacho y los berries. Seba me contó que en dos semanas da el examen para el  Instituto Nacional y que está tranquilo, se siente bien preparado.

-De todas maneras voy a seguir repasando. Creo que tengo posibilidades de quedar, pero ahí tendré que seguir siendo el mejor del curso, o al menos uno de ellos, cuando termine necesitaré postular a una beca para ir a la Facultad de Medicina y no es fácil ganarlas. Mi  padre nunca podría pagarme la universidad.

Lo entiendo perfectamente, porque lo mismo me sucederá algún día a mí. Y yo quiero sí o sí llegar a la Universidad. Aunque ahora ya las cosas no son tan urgentes, no creo que vaya a ser necesario cumplir dieciocho para que mamá me deje salir sola alguna vez,  mamá ha ido cambiando y tiene más confianza en mí; se ha dado cuenta de que necesito tener amigos y la verdad ahora que conocí a Seba me gustaría también tener otras amigas, no sólo mis viejitas.

¡Mis viejitas, me había olvidado totalmente de ellas! Ahora que hice lo que debía en la Galería falta lo principal: ir con ellas, contarles y pedirles perdón por los malos ratos que les he causado. Y, como dice mamá, eso va a tener que ser hecho con la responsabilidad de una chica grande: solita y ¡ya!

Pero llegó el viernes, pasó el sábado y el local de mis amigas continuaba cerrado. El teléfono de la parcela no respondía mis llamadas y cada vez iba sintiendo más pesado el propósito que me había hecho. Debe ser porque todavía soy un poco chica, espero. No quiero fracasar en esto, no puedo fracasar en esto. Tendrá que ser el tiempo el  que se encargue de separarme de mis amigas, nunca, jamás, mi tontería. Una vez más marqué su número y el teléfono respondió como siempre.

Pipipipipipipipipi….

-Vas a tener que ir allá, Antonia –era mamá-, papá te puede llevar el domingo.

-Es que quiero ir sola, mamá.

-Pero si tú nunca has andado en bus sola, hija.

-Bien, ¿no crees que ya va siendo hora de hacerlo, mamá? Si no, nunca voy a poder irme al colegio sola,  y el día de mañana, cuando tenga que ir a la universidad, no me va a gustar para nada que tú me acompañes para que no me pierda. ¡Imagínate el tremendo ridículo que iba a hacer, sería el hazmerreír de todos!  Hay momentos en que uno debe hacer cosas por su cuenta y ese momento ha llegado para mí.

Me miró muy seria, como si me viera por primera vez.

-Sabes, Antonia, estoy muy orgullosa de ti.

-Gracias mamá. Eso es lo que quiero, y te agradezco que me lo hayas dicho.

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Sabido es que el Pavo Real se niega a recordar su oscuro pasado y se aprovecha, para ello, de que la Tierra era aún tan joven que el mismo Creador y la veleidosa Naturaleza parecen haber archivado los hechos en lo más profundo de sus memorias.

¿Oscuro pasado? Quizás sería más justo llamarlo…deslucido.  Pues sépase bien y que nadie lo olvide, porque  así fue el Pavo Real desde el principio de los tiempos,: ordinario y deslucido, gris y apagado, carente de la bella cola que hoy lo caracteriza, en cierta manera, similar a la hembra actual, pero opaco  y más bien feo.

No  es de extrañar entonces, que las hembras de Pavo Real vivieran soñando con los  Faisanes, los Papagayos, las Cacatúas  y, en fin, todas esas bellas aves   que pasean por el planeta   haciendo alarde de su exuberante plumaje multicolor.

Los Pavos Reales sufrían en silencio el desprecio de sus hembras. A fin de cuentas, por más que los días de éstas transcurriesen  en la añoranza de otros machos mejor engalanados, al final, era con ellos y sólo ellos que se veían obligadas a formar una pareja y eran sus genes los que marcaban el futuro de los huevos que empollaban en sus nidales.

Y probablemente así habrían continuado por los siglos de los siglos de no haber atinado a pasar por allí un Ave Lira. Apenas lo vieron  las hembras de Pavo  Real,  quedaron fascinadas  por su belleza y perfección y esta insensata pasión  desató el caos  entre los Pavos Reales.

En el curso de una semana, noventa por ciento de las familias de Pavo Real estaba en crisis y el cien por ciento de los noviazgos se había roto. Eso, claro, evitaba que las parejas del mañana  se uniesen sin amor, pero condenaba a la especie a una progresiva desaparición.

La situación  llevó a un punto de tan extrema gravedad que las hembras de Pavo Real redactaron  a toda prisa una solicitud  para El Creador y con un timbre rojo marcaron en la primera página la palabra URGENTE. En ella,  respetuosamente, las hembras  solicitaban cambio de especie. Querían, a la brevedad posible, convertirse en hembras de Ave Lira.

Como era de suponer para cualquiera que lo conozca,  El Creador  quedó escandalizado. No podía creer lo que estaban leyendo sus ojos. Arrojó lejos el documento y envió un Serafín de Pimera Clase a informar a las hembras de Pavo Real que, de no retirar ipso facto la demanda, emitiría, en respuesta, un Decreto de Extinción Inmediata de la Especie.

Pero la locura estaba muy lejos de terminar. Las hembras recogieron la solicitud y la reexpidieron  prestamente a la Oficina de Partes de La Naturaleza. Los Pavos reales, sumidos en el dolor, se fueron a llorar su desventura   a la selva y esperaron  humildemente el rayo justiciero del Creador.

El Creador no pudo dejar de compadecerlos. ¡Qué volubles podían ser las hembras de Pavo Real, no había derecho! Hasta le daba pena extinguir a estos pobres enamorados no correspondidos.  Además, estaba sumamente molesto. Era un hecho que ya no se le tenía la misma consideración que antes. ¿Qué estaba pasando en la Tierra?

Y entonces,como suele ocurrir, tuvo El Creador una de sus ideas brillantes. ¡Esas falsas  hembras  tendrían lo que se merecía! ¡Pasarían su vida  rogando por la atención de sus Pavos Reales! Tomó su pluma, garabateó apurado un nuevo decreto, imprimió su sello y firmó con la letra grande y segura que le es tan propia.

En la selva, simultáneamente, los Pavos reales sintieron que sus colas se volvían  cada vez más pesadas. No era todo, algo crecía también en sus cabezas, les hormigueaban las plumas.  Parecía que toda su sangre  giraba enloquecida por  las venas.

Los Pavos Reales alzaron el vuelo hasta la laguna más cercana a mirarse en las aguas. No podían creer lo que estaban viendo.  Un espléndido azul reemplazaba el antiguo gris y una hermosa cola, mucho más larga que la del Ave Lira, arrastraba por el pasto.

Repentinamente, acuciadas por un  raro llamado, las hembras se hicieron presentes y quedaron deslumbradas por estos machos magníficos  de origen desconocido. Apenas verlas, los machos sintieron que sus colas se desplegaban en espléndido abanico. El dorado, el esmeralda y el azul  casi las cegaban. ¡Qué perfección, que delicadeza,  que despliegue de color!

Enloquecidas por la pasión, las hembras olvidaron todo pensamiento sobre el Ave Lira y todavía las esperaba una sorpresa mayor: comenzaban a reconocer en estas aves maravillosas a los mismos que ayer  miraran con desprecio. Al poco rato, todas  corrían a mirarse en las aguas, esperando ansiosas que el cambio las alcanzase.

Todo en vano. El Creador las había privado de esa explosión de belleza para siempre y  no les quedaría otra que perseguir a  los  Pavos Reales hasta la eternidad,  rogando por su  amor  y envidiando para siempre lo que nunca podrían tener.

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