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Posts Tagged ‘pandas’

Queridos lectores,  continuamos en la búsqueda de la historia secreta de los animales. Todos aquellos secretos inconfesables  que siempre quisieron conocer irán apareciendo en estas páginas. Ya hemos hurgado en la intimidad de osos pandas, rinocerontes, cormoranes, pangolines, cirrípedos, ñandúes,  demonios de Tasmania,  suricates.  Ha llegado el momento de entrar al mundo de los pingüinos. Este viernes,  están invitados a  saber la verdad. 

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Hace mucho, mucho tiempo, los koalas eran  una de las especies más cariñosas y  seguras de sí misma que poblaban  la Tierra, y,  por esa razón, todos los marsupiales de Oceanía les tenían envidia.  Vivían  todos juntos y revueltos y sin embargo, cada vez que dos koalas se encontraban en un sendero del bosque, no podían evitar abrazarse y recordarse el uno al otro  el largo tiempo que llevaban sin verse y lo mucho  que se habían echado de menos la última media hora.

Si al cálido clima de Australia le sumamos lo muy dormilones que son los koalas,  para qué les cuento  lo corto que se les hacía el día. Entre saludos, abrazos y zalemas varias,  la vida de los koalas se iba  volando. Como si fuera poco, su  proverbial  amabilidad comenzó a extenderse hacia los demás marsupiales y cada vez que se encontraban con un wallaby o una rata canguro corrían a abrazarlos y les decían  cariñosamente:

-¡Tanto tiempo sin verlo, querido vecino!

Los aludidos quedaban un  tanto sorprendidos y  no faltaban quiénes salían comentando que los koalas tenían un tornillo flojo.

Pero los koalas vivían felices  ignorando que eran el comidillo de los demás. La felicidad duró  hasta un día que uno de ellos,  que paseaba por el bosque, escuchó a un kukaburra  gritándole a  otro que pasaba volando:

-¡Anda al claro del bosque a ver a esos tontos koalas!

-¡No me lo perdería por nada del mundo! –respondió el otro.

Koala quedó estupefacto. ¿Por qué querrían espiarlos? ¡Qué extraño era eso! Consciente de que tenía que saber la verdad, Koala se deslizó silencioso hasta el corazón del bosque para saber qué juego se traían entre sus alas los kukaburras. A medida que se acercaba, Koala  iba descubriendo grupitos de wallabies o canguros rojos escondidos entre los arbustos, que se reían para callados tratando de no ser descubiertos.

Cuando nuestro héroe se asomó para ver el motivo de tanta hilaridad,  sólo pudo ver  a sus congéneres yendo de un árbol a otro en busca de sus amigos y vecinos, a quiénes saludaban con grandes muestras de afecto como si no se hubiesen visto en mucho tiempo.

¡Conque de eso se trataba! ¡Qué envidiosos podían ser los animales! ¿En que podía afectarlos que los koalas fueran cariñosos y  expresivos? Apenas oscureció, Koala fue de uno a otro lado poniendo al tanto a la koalada de que se habían convertido en el hazmerreír de toda Oceanía  por  el simple hecho de ser buenos amigos y mejores vecinos. Para los koalas, fue como si les hubieran asestado una puñalada en su tierno corazón.

-¡Nunca más seremos payaso de nadie! –se juramentaron.

Así fue como, al día siguiente, todos fueron testigos de que los koalas habían sufrido un cambio radical. Ahora, al pasear por el bosque, se ignoraban unos a otros y si  llegaban a cruzarse con un amigo, daban vuelta la cara como si estuvieran muy interesados en algo que sucedía muy lejos de allí.

Lo malo fue que, antes de tomar tan drástica decisión, los koalas  no pensaron cuánto tiempo se extendería la medida y  los días, meses, años, decenios y siglos fueron  pasando hasta que se les olvidó totalmente  por qué razón habían cambiado, de manera que ya no necesitaron volver a ser como eran nunca más.

Sin embargo, un resorte secreto se había roto para siempre en sus corazoncitos y  no podían dejar de añorar  los buenos viejos tiempos en que todos se abrazaban  cien o más veces cada día.

Por eso, para no sentir esa pena, los koalas se abrazan de los eucaliptus con una energía y decisión que les impide pensar siquiera en mudarse de árbol, porque cuando estrechan sus bracitos cortos al tronco, en el fondo siempre están pensando:

-¡Ése de allá es mi amigo al que no veo desde esta mañana, qué ganas de darle un abrazo y decirle lo mucho que lo echo de menos!

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Los koalas son un bello animal,  de apariencia tierna y simpática. Uno siempre los ve posando  (tienen que posar, nadie puede ser tan bello  sin intención)  sobre las ramas de los eucaliptus o aferrado a su tronco. ¿Habrán sido siempre así, por qué lo hacen?

Entérate mañana.

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Querido lector, esta semana tendrás la oportunidad de enterarte de Por qué los demonios de Tasmania tienen tan mal carácter.  Ciertamente, no les faltan razones a los pobres, pero más allá de todos sus defectillos, por alguna extraña razón siempre han provocado en mí una gran simpatía. Para qué les digo lo que sentí cuando los conocí más a fondo.  El viernes estarán a su disposición las últimas noticias sobre este agitado marsupial originario de Oceanía.

Ah, lo olvidaba, las opiniones  expuestas en ese relato no son reponsabilidad mía. En este caso sólo soy vehículo de expresión de los demonios de Tasmania.

Nos vemos

Alida

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