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Posts Tagged ‘pájaros’

    Muy preso habría estado su marido, pero Zorzalina ni por eso le perdonó el aseo del nido. Dos horas le tomó a los López recuperarse del susto y ponerlo de punta en blanco. Zorzalina  tenía la cocina perfumada a pasteles de hormigas  rojas y  una fritatta de pulgones zangoloteaba alegremente en la sartén. Zorzalo colgó la escoba en su lugar y decidió que lo mejor  sería darse un buen baño antes de la siesta. Salió al jardín, se metió en la pileta y se lavó la cabeza con agua fresca, después se sacudió enérgicamente.

Justo en ese momento, Palomingo Palomérez apareció en su acostumbrado raid vespertino  y se instaló a mirarlo con ayuda de un catalejo.

¡Esto es el colmo –  Zorzalo puso el  piar en el cielo-, ya no les basta con habernos tenido sitiados y hambrientos,  ni siquiera nos dejan  nuestra privacidad!

Y  dejando a  su mujer   con el pico abierto de asombro, voló hasta el acacio y enfrentó a  Palomérez.

-¡Qué se ha creído usted, Palomingo, es muy feo lo que hace! Ya no puede uno tomar una ducha sin  aparecer en su aparato de espionaje!

Palomingo, avergonzado, metió la cabeza en el cogote.

-Nnno, nnno es lololo que uuusted imamagina, dodon Zorzalo.

-¿Cómo que no? Yo lo estoy viendo claramente y como si fuera poco llevo una semana encerrado en mi nido para evitar sus bombardeos. ¡Mi mejor amigo fue herido en estas terribles escaramuzas!

-Bueno, sí, en realidad, don Zorzalo, yo creo que al capitán Tiuquemante se le anduvo pasando la mano. Nosotros lo único que queríamos era almorzar todos los días, y como usted lo prohibió, nos enojamos un poco, pero…

Zorzalo lo interrumpió bruscamente:

-¿Cómo que yo lo prohibí?

-Bueno, eso nos dijo el capitán Tiuquemante.

-¿Tiuquemante, y usted le creyó? Qué intrigante. Jamás, y eso que bien molesto me tenía que nunca me pidieron permiso, que dejaban todo sucio y armaban peleas en MI jardín, jamás hubiera dicho algo así. El  barrio entero come aquí.

-¿Quiere decir que todo era mentira?

-Por supuesto que era mentira, cómo podría yo negar a mis vecinos y amigos la comida que les pertenece. ¿Usted cree que el comedor  fue instalado sólo para mí? ¡Si hay para todos, alcanza de más! A mí lo único que me molestaba era su desconsideración, los malos modales. ¿Me va a creer que hasta me rayaron el nido?

-Esos son los chiquillos Gorriontínez -explicó Palomingo- sus modales apestan.

-Claro, pero los de ustedes no son mejores. Andan a empujones y picotazos, todo lo tiran al suelo y ensucian el agua de la fuente.

-Bueno, perdone, don Zorzalo, le prometo que no se va a repetir.

-¿Y qué hay de lo del catalejo?

-Eso, puedo jurarle, no era para espiarlo a usted, mucho menos a doña Zorzalina, que tiene todo mi respeto.

-¿Y cómo lo explica entonces?

-Ejem, hmmm, hmmm, en realidad, cómo le digo -por una vez, Palomingo no tenía palabras-, es que yo, para qué se lo voy a negar, yo estoy, más bien tengo un  interés en la señorita, su vecina.

-¿Mi vecina, usted quiere decir la paloma azul?

-Sí.

Zorzalo hubiera querido morirse de la risa, pero  seguramente Palomingo no se lo habría perdonado jamás, de manera que  lo pensó mejor  y luego dijo:

-Ah, bueno, en ese caso tiene usted mi permiso para venir a la hora que quiera, Palomingo. Aunque le diré que esta señorita, ejem,  paloma azul, es algo engreída. En todos estos años no hemos logrado escucharle un cucú. Eso se lo digo para que no se haga ilusiones.

-No se preocupe, don Zorzalo, que por paciencia yo no me quedo. Y muchas gracias.

Se despidieron como buenos amigos. Palomingo alzó el vuelo feliz de la vida pensando en que mañana mismo le traía a su adorada un ramillete de violetas. Zorzalo se aguantó la risa hasta que se metió en la fuente y ahí, entre chapoteos y sacudidas, se rió largo y tendido no sin un poco de pena por la ingenuidad del pobre Palomingo.

¿De qué le servían los ojos a Palomingo? Sin duda, iba a necesitar mucho más que un catalejo para mirar a la paloma azul.

Epílogo y parrillada en el ocaso

El domingo siguiente, encontrándose ya de regreso Golondrisa Petrucciani, que había acompañado a su primo James Swallow hasta el Pájaropuerto de  Ave de Janeiro, el vecindario entero celebró la ocasión  pescando lombrices para una parrillada en el jardín de Zorzalo López, recién regado y encharcado.

-No puedo creerlo -decía Leotordo- pican como locas.

-¿No le decía yo, mi querido Leotordo?  -Zorzalo, mientras echaba una más en su canasta.

Golondrisa,  en la primera ocasión que lo pilló solo, le ofreció la posibilidad de comercializar el asunto.

-Contratamos un par de gorriones para hacer el trabajo pesado y en dos meses nos hacemos ricos, mio caro Zorzalo. Usted lo único que tiene que hacere es firmarme la exclusivitá de la comercializacione.

 ¡Esta Golondrisa no tiene remedio! Pensó Zorzalo. Pero no quiso ser desagradable, tan sólo agarró su canasto lleno de lombrices y lo llevó al medio del jardín, donde las damas estaban ya preparando  el fuego para la parrillada. ¡Qué banquete se iban a dar!

Pocos metros más allá, con  dos grandes lombrices en el pico, Palomingo Palomérez cortejaba incansable a la paloma azul. Es cierto, la niña era un poco difícil, pero ¿qué importaba? Él tenía paciencia y amor para los dos.

FIN

 

 

Guía de estrellas  invitadas

Chincol: en el rol de Juanito Chincólez.

(Zonotrichia capensis ) Rufous-collared sparrow. vive en huertos, parques y jardines, plumas de la cabeza eréctiles.

Colibrí: como Martín Escolibrí.

(Sephanoides galeritus) Green-backed firecrown.  Vive en bosques y parques.

Cóndor: En el papel de S. E. El Presidente Lautaro Condorñir.

(Vultur gryphus) Andean condor. La más grande de las aves de rapiña. Vive en las cordilleras, bajando a la costa.

Cotorra argentina: Todas ellas como las señoritas Cotorrínez.

inmigrante de reciente data, habita en parques y plazas de las comunas  cordilleranas de Santiago.

Diuca: Representando a don Plácido Diucamingo.

(Diuca diuca) Common diuca finch, coloración gris pizarra, mancha blanca en garganta y abdomen. Vive en toda clase de ambientes.

Golondrina: protagonizando el papel de Golondrisa Petrucciani y en el rol estelar de James Swallow, agente 00Bird.

(Tachycineta meyeni) Chilean swallow. Se distingue por su cola negruzca ligeramente ahorquillada. Vive en casi todos los hábitats, también ciudades.

Gorrión: en los roles  de Volantín Gorriontínez y su numerosa familia.

(Passer domesticus) House sparrow. Se le encuentra en casi todos los hábitats.

Lechuza (Chil: Chuncho): en el rol del Dr. Chunchón.

(Tyto alba) Barn owl. Vive en el campo y en las ciudades.

Loica: representando a doña Mari Loica Huenumán.

  (sturnella loyca): Long-tailed meadowlark. Se identifica por su garganta y pecho rojo. Vive de preferencia en terrenos bajos y húmedos, en la cordillera hasta los 2500 mts.

Paloma: en el rol de Palomingo Palomérez, villano invitado, y su familia.

(columba livia) Rock dove. Paloma doméstica.

Tiuque: estelarizando el papel del capitán Tiuquemante, villano principal.

(Milvago chimango) Chimango caracara. Se alimentan de pequeños mamíferos, aves, culebras, etc. Anidan  en árboles o grietas. Vive en casi todos los ambientes.

 Tordo: como el gentil caballero Leotordo Trillo y su esposa.

(curaeus curaeus) Austral blackbird. Vive en laderas arbustivas, borde de bosques y campos cultivados.

Tórtola: en el rol de las conocidas hermanitas Tortolatti.

(Zenaida auriculata) Eared dove. La más común de las aves de caza. Abundante en todos los ambientes.

Zorzal: como nuestro héroe, Zorzalo López. Su esposa como Zorzalina.

(Catharus fuscences) Austral thrush.  Vive  en huertos jardines y pastizales

Cameos  

Caiquén:Chloephaga picta) Ganso  de Magallanes.

Chercán: (Troglodytes aedon) House wren. De color café rojizo, vive en campos, quebradas y faldeos de los cerros y cerca de las habitaciones humanas.

Chirihue: (sicalis luteiventris) Misto-yellow Finch. Vive en campos y prados abiertos.

Queltehue:vanellus chilensis) Southern lapwing. Vive en praderas y campos húmedos.

Ruiseñor : (Luscinia megarhynchos) ave migratoria de canto melodioso que puede criarse en cautividad. Pertenece a la familia de los sílvidos y túrdidos. Habita en Europa y Asia.

Agradecemos la  especial participación de la señorita Paloma Azul.

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Durante dos días con sus noches se buscó infructuosamente a Golondrisa Petrucciani, las Tortolatti decían haberla visto volando en dirección al norte, bastante descompuesta.

Las Cotorrínez  fueron un poco más explícitas:

-Choraba que partía el alma, ché, choraba.

Pero en todo caso, no dieron ninguna indicación de cómo dar con ella.

Cómo era de esperar, Zorzalina le echó toda la culpa a su marido. Qué desconsideración, justo ahora que Golondrisa le iba a presentar a su primo James Swallow. Seguramente  no iba a querer ni aparecerse  después de las barbaridades que se habían dicho de él.

Zorzalo se mantuvo en sus trece.

-Todavía, que yo sepa, nada se ha visto, nada se ha sabido de ese agente secreto de pacotilla.

Justo en ese momento, como si hubieran esperado que terminara de hablar, una tremenda explosión sacudió los árboles.

-¡Fuego, fuego, nos atacan!

Corrían todos  de un lado para otro, enloquecidos, empujándose,  desplumándose, entre chirridos de pavor. ¡La Brigada Tiuque efectuaba un ataque sorpresa!

Cuando  la calma regresó al jardín un silencio de muerte cubría la verde alfombra de césped. Desde sus escondites, en el más absoluto de los silencios, los vecinos observaron a su alrededor.

Nada, ni luces de la Brigada Tiuque. Ni siquiera se veían los Palomérez y mucho menos los Gorriontínez, que en realidad andaban medio corridos y habían tomado la costumbre de alimentarse en otro barrio. En realidad, el caos que reinaba por doquier lo habían provocado ellos con sus propias alas y patas.

Repentinamente, un suave aleteo planeó sobre el jardín. Los pajarillos, aterrados, cerraron los ojos. Martín Escolibrí, escondido entre las ramas del damasco, se cubrió la cabeza con sus alitas verde esmeralda.

-¡Zorzalo, Juanito, Leotordo, Mari Loica!

Era la voz de Golondrisa Petrucciani. Primero por el rabillo del ojo, luego con dos, todas las aves  miraron el jardín y descubrieron que plantada en medio del césped estaba la golondrina desaparecida. A su lado, elegantemente vestido de etiqueta, un macho golondrina de estatura superior a la normal y sonrisa despectiva se sacudía el polvo de la solapa  con un pañuelo que tenía los colores de la bandera de la reina de Alondraterra.

-¡El agente 00Bird!

-Mi nombre es Swallow, James Swallow. -respondió éste con displicencia.

-Petrucciani, por parte de mi tía, su madre. -Acotó Golondrisa.

En menos que pía un chincol ya estaba el jardín cubierto de aves curiosas. Los más jóvenes, descaradamente, rogaban por un autógrafo de su ídolo. Zorzalina, Elisa Chincólez, Mari Loica y las Tortolatti estaban en trance. Leotordo y Martín  Escolibrí   se habían puesto a la cola de los autógrafos como si fueran adolescentes. Y Zorzalo, como era de esperar, no sabía qué hacer.

Finalmente logró sacar la voz:

-¿Escucharon la explosión? – Preguntó.

-Well, mi  hacer exploutarr arrsenal de  Brrrigadda Tiucomantou. -Explicó el agente 00Bird.

Y, a continuación,  los puso al tanto de los resultados obtenidos, los “métoudous”, según dijo, no se podían conocer; eran “top secret, for Her Majesty’s eyes only”. En realidad fue bastante descriptivo, pero su cerrado acento alondraterrés impidió que se le comprendiera el setenta por ciento del discurso.

Lo definitivo era que la Brigada Tiuque, desarmada, había perdido gran parte de su agresividad y había emprendido la fuga. El agente Swallow no había visto ni luces de los Palomérez y los Gorriontínez, pero sabía que poco a poco se habían ido descolgando del conflicto.

-¡Pero si Palomingo nos espía todos los días desde el acacio número 8! -Exclamó Zorzalo.

-Do not panic, dear mister Loupez – respondió 00Bird-, ese Paloumingou tener sus proupias razounes parra mirrar desde el acaciou.

Pero por más que nuestros amigos insistieron en conocer toda la verdad, el agente 00Bird se negó a decírselas.

-Ser asuntous prrivadous que nou me incumbiendou. – Creyó entender Leotordo.

Los demás quedaron en la luna;  el agente James Swallow  (Petrucciani  por parte de madre)  hablaba un castellano de los mil demonios.

En el jardín reinaba la felicidad, apenas interrumpida por las apariciones de la vecina del número 5, que vino tres veces a rellenar la Bodega, consumida por los innumerables visitantes. El agente 00Bird demostró tener tan buen  apetito como su prima Golondrisa y,  como alabara tanto los tintos de Santa Tordoliana, Leotordo prometió ipso facto que le enviaría una caja de la vieja reserva de su primo Eustordo, que tenía guardada para una ocasión especial.

Muy galante, el agente 00Bird echó su capa de terciopelo sobre un charco para que Zorzalina no mojara sus pequeñas patitas. A Zorzalo la cara se le puso roja de celos y a Zorzalina le dio un ataque de emoción.

– “Sólo se vuela dos veces”  es mi favorita, pero ví en cuatro oportunidades “Los huevos son para siempre” -Le dijo, halagadora.

James Swallow tuvo la gentileza de regalarle un afiche autografiado de su último film, “Licencia para empollar”,  provocando la envidia de Elisa, Mari Loica y las Cotorrínez.

– ¿Ché, no creés que seríamos perfectas como chicas-Bird, seríamos? -Exclamaron éstas a coro y en ritmo de tango, como era su costumbre.

00Bird, todo un gentleman, les concedió la razón y les  regaló  invitaciones para su próximo estreno.

Inmediatamente, y como por arte de magia, se armó una fiesta para celebrar la paz recuperada. Nadie supo cómo, entre tanto pájaro que se sumó a la fiesta, se colaron los Gorriontínez y los Palomérez, aunque a Palomingo no se le divisaba por ninguna parte.

-Nunca dejaremos de agradecerles por librarnos de ese monstruo de Tiuquemante. – Dijo descaradamente  Volantín  Gorriontínez, echándose al bolsillo el hecho de que había colaborado con la Brigada casi hasta el final.

Pero como después le pidió permiso para sumarse al festejo, Zorzalo no tuvo corazón para decirle las cuatro verdades que se merecía.

-Es hora de  vivir en paz. – Le explicó a sus amigos.

Y una vez más ellos le encontraron toda la razón.

-Don Zorzalo es un gran estadista -dijo Leotordo-,  es una suerte contar con él.

Poco rato después, cuando el agente James Swallow (Petrucciani por parte de madre, aprovechó de recordar Golondrisa) anunció su partida, Zorzalo aprovechó la ocasión para  disculparse  por  sus exabruptos.

-Ou, estas cousas pasandou siemprre -dijo el héroe- pajarous pounerse nerviousous en estas ocasiounes.

Los vecinos  le entendieron casi nada, pero sonreía con tal  encanto que  los pocos que no lo conocían  se declararon ipso facto sus eternos admiradores.

El agente 00Bird alzó el vuelo con elegancia  inigualable. Leotordo no pudo dejar de notar  la cola bifurcada de su frac, confeccionado por los mejores sastres de Alondraterra,  y se prometió  para sus adentros que se mandaría a hacer uno igual.  ¡Qué corte, seguramente cosido por  las mejores arañas de  Bird Street!

Todos estaban exhaustos, demasiadas emociones para una sola mañana. Además, la humana del número 5 se había cansado, al parecer, de seguir rellenando la Bodega así que los pájaros tomaron la decisión acostumbrada: Comida hecha, amistad deshecha. Todo el mundo se fue para su nido.

Los más felices eran Zorzalina, su marido y los niños, que habían recuperado su nido de cuatro habitaciones. Zorzalo, que estaba agotado, quería irse a dormir siesta, pero su mujer tenía otras intenciones. Le puso la escoba de hierba en el ala y  organizó inmediatamente el equipo de limpia.

-Este nido está lleno de polvo y plumas viejas, Zorzalo, lo quiero reluciente.

A los niños, que  ya se iban arrrancando por la puerta trasera,  los mandó a   limpiar la hiedra de cabo a rabo.

-Y pórtense muy bien, porque está a punto de darme un ataque de tantos malos ratos que he pasado.

Zorzalo suspiró y se puso a trabajar feliz de la vida. Al fin las cosas  volvían a la normalidad.

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Los ataques de la Brigada Tiuque continuaron hasta que la moral de nuestros héroes estaba tan por los suelos que la pisaban continuamente, tropezando y cayendo una y otra vez.

Bajas también estaban las reservas de la despensa de  Zorzalo López. Zorzalina, desesperada, ya no sabía qué cocinar.  Cada mañana le daba un ataque en cuanto miraba  el depósito de víveres.

-¡Qué vamos a hacer! -Se quejaba.

Zorzalo  López   trataba de soportar sus apreturas con optimismo, pero cuando  todos los pájaros se reunían para buscar una solución al problema, lo único que  escuchaba  eran lamentaciones:

-Hoy día se me acabó el alpiste. -Se condolía Elisa Chincólez.

-Lo que es a mí ya casi no me queda raps, pero hoy tengo unas miguitas que me servirán para amasar un poco de  pan.- Mari Loica,  famosa por sus masas campesinas.

Leotordo, con ánimo tan negro como su vestidura, intervenía pesaroso.

-¡Qué primavera más lamentable, hasta las lombrices escasean!

Un día las quejas subieron tanto de tono que  Zorzalo, con mirada sombría, resolvió tristemente.

-Tendremos que emigrar fuera de temporada.

Sus palabras  provocaron un silencio tan espeso que Leotordo trató inútilmente  de cortarlo con su bastón de inválido. Nadie sabía qué decir. Era una resolución tan grave, eran tantos los peligros a los que se exponían.

-Esperemos a ver qué logra el agente  00Bird.- Argumentó tímidamente Zorzalina.

Mejor se hubiera quedado callada. Zorzalo  se agarró de sus palabras y no dejó espantapájaros con cabeza. Durante largo rato ridiculizó a James Swallow. Que era un actorcillo  en decadencia, que para lo único que tenía licencia era para piar, que, si no se habían dado cuenta,  Palomingo seguía espiándolos desde  el acacio todas las mañanas -aunque se viera cada día más deprimido- y, por último,  que Golondrisa  tenía que tomar, por una vez,  las cosas en serio. En esta ocasión  no se estaba hablando de un negocio cualquiera, era la vida de todos la que estaba en juego.

Golondrisa estaba tan amargada que se fue al último rincón de la hiedra a llorar. Cuando, un par de horas más tarde Mari Loica se acordó de ella no pudo encontrarla por ninguna parte: Golondrisa Petrucciani había desaparecido

-Tiene que estar por ahí, búsquenla bien. -Dijo Zorzalo secamente.

-¿No se habrá enojado por lo que dijo usted, mi estimado Zorzalo? -preguntó Leotordo

Juanito Chincólez se mantuvo en silencio. A él  no le gustaban nada esos arranques de mal humor de Zorzalo. Si las cosas seguían empeorando ya tenía pensado echarse a volar.

Zorzalo no quería dar su brazo a torcer, insistió con aquello de que Golondrisa no se tomaba nada en serio. Que de todos sus primos no se hacía uno. Y por último, esto no era ninguna película, estaban viviendo un conflicto de verdad.

-Claro -dijo Mari Loica-, pero mientras no lo resolvamos, quién nos devuelve a  nuestra amiga.

Lo más triste de todo es que, para sus adentros, todos le encontraron la razón.

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