Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘noche’

zombie

Existen dos historias en torno a los zombies y ambas tienen su origen en Haití. La primera,  engancha  los límites la  fantasía y la realidad y nos deja un sentimiento de horror ante la maldad humana. La  segunda, la historia literaria, es quizás más repulsiva, pero también más fácil de aceptar.

Coup de poudre se llama a los polvos que serían administrados a los que van a tener la desdicha de ser convertidos en zombies.  Hay siempre un motivo para ello: la venganza. En  Haití hay que tener mucho cuidado con herir los sentimientos de las personas porque eso puede significar que  el ofendido decida que tu vida acabó, porque vas a ser convertido en zombie.

Otro motivo puede ser el eterno afán de explotación que algunos individuos llevan en su ser más íntimo. Hay amas de casa que explotan a sus sirvientes, hay comerciantes que explotan a sus empleados, hay empresarios que explotan a sus trabajadores. Ninguno de ellos se siente mayormente culpable por hacerlo y bueno, la verdad, los campesinos que fabrican un zombie para que trabaje por ellos hasta morir realmente tampoco se sienten culpables. Estoy cansado, se dicen, necesito ayuda, no puedo pagar por ella. A ver, qué podría hacer para solucionar mi problema…por ejemplo, ¿y si me consigo un zombie?

Y en cuanto te ponen los ojos encima, estás perdido. Empezarán a rondarte, harán un estudio de las ocasiones en que estás solo y por último, comenzarán a administrarte los polvos malditos. El coup de foudre.  Entonces comenzarás a debilitarte, perderás el apetito, los colores, la salud. Tu familia hará todo lo posible, pero no hay caso. Un día, sin saber cómo llegaste a eso, serás un cadáver.

Es posible que tu futuro amo, el houngan, esté presente en tu funeral, hasta puede que se muestre dolido, que no pueda creer que alguien tan joven haya pasado a mejor vida. Hay gente descarada en esta vida.

 Tus parientes te llorarán, cargarán tu ataúd al cementerio y te dirán el último adiós con ojos húmedos. Lo único que ignoramos  de este proceso es lo que tú, el zombie, siente. Estás inmóvil, yerto, no respiras, tus ojos están cerrados, pero…¿puedes escuchar, tienes algún nivel de consciencia encerrado en tu mísero ataúd?

Espero que no. ¿Quién querría vivir los entretelones de su propia muerte?

El houngan no te recuperará de inmediato. Los parientes pueden querer visitarte y sería de muy mal gusto que lo sorprendieran escarbando tu tumba, pero cuando finalmente lo haga te llevará a su granja y te administrará los otros polvos, los que te revivirán, pero nunca tan vivo como para que tengas de regreso tu inteligencia y tu voluntad. Desde ese momento en adelante, eres un esclavo, un esclavo muerto. Qué más podría querer tu amo, mano de obra gratis. La mayor parte de los empleadores que conozco serían perfectamente capaces de tener un esclavo zombie, nada les duele más que pagar un sueldo decente.

Y, dime. ¿Acaso no es horrible la historia del origen del zombie, no sientes piedad por esos pobres seres esclavizados por la maldad humana?

EL Zombie literario y cinematográfico

Lo primero que hay que reconocer es que los zombies cinematográficos son REALMENTE horribles. Su carne está descompuesta, podrida hasta el punto de verse  violácea y negruzca, sus cabellos, desgreñados y sucios les cuelgan como serpientes de la cabeza, tienen heridas por aquí y por allá y la sangre coagulada los mancha. Caminan apenas, lentos e inseguros, como si hubieran perdido todo sentido de lo que hacen.

A pesar del  proceso de corrupción de su cuerpo y nadie sabe cómo, los zombies cinematográficos pueden ver, sus ojos parecen inmunes al deterioro de sus tejidos. Gracias a esto pueden encaminar sus pasos tras de los humanos vivos más cercanos, en especial, los protagonistas de la película o  el cuento. Despacio, muy despacio, lo suficiente para que el o los protagonistas tengan tiempo para salvarse, pero nunca tan despacio como para que se salven los personajes secundarios. Ya se sabe, nada peor que un papel de relleno en una película de miedo.

Y todo ese esfuerzo  a causa de una palabrita desagradable que nos expone crudamente la verdadera naturaleza de un zombie: NECRÓFAGO. Los zombies tienen la pésima costumbre de alimentarse de otros seres humanos, que a su vez, después de ser mordidos, pasarán a integrar la multitud de cadáveres hambrientos que se arraciman delante de las puertas y ventanas de la casa donde se refugió nuestro protagonista.

Ahora, de los zombies esclavos y su sistema alimenticio es poco lo que se conoce. ¿Serán también adictos a la carne humana o se conformarán con los poco atractivos restos de la comida de su amo?

No tengo gran interés en enterarme. Es más, por mí que los zombies se mantengan lo más lejos posible de mi persona. Se ven horribles, se comportan horriblemente y, a pesar de que nadie se ha molestado en explicitarlo, estoy seguro de un pequeño detalle: es un hecho que los zombies deben oler horrible.

Read Full Post »

halloween-luna-llena1

Hoy, que debiéramos tener una bella y cálida tarde primaveral, la ciudad se esconde en una atmósfera gris y opaca. Parece que la noche se estuviera dejando caer ya, lentamente, con pasos aterciopelados. la larga noche de Halloween está las puertas de nuestros hogares.  La noche de Hallowee 2013

Apenas en un par de horas los niños comenzarán a caminar las calles de nuestros barrios luciendo sus disfraces y las  caras manchadas de chocolate. Tocarán los timbres, golpearán las puertas y esperarán ansiosos que nosotros les abramos  para ir llenando sus bolsas de caramelos.

Anda, prepárense, saquen los dulces, estén pendientes de la campanilla porque se ha sabido de buena fuente que aquellos años terminados en número de mala suerte  no todos los que golpean la puerta son niños, también hay nomos, duendes, enanos, trasgos  y goblins que quieren pasar por niños golosos.

Y, si por casualidad se quedaran esperando, si por un pequeño error los dejaras irse con las manos vacías…no quisiera estar en tu pellejo.

Sea como sea, para ti o para ellos, este tiene que ser un Feliz Hallowee.

Read Full Post »

galpón

Lo primero que hice al llegar el jueves fue salir corriendo a ver a mis viejitas, pero la realidad me tenía preparada una de esas sorpresas que le encanta darnos cuando hemos metido la pata. ¡El local estaba cerrado en pleno día laboral!

Un letrero garrapateado a mano anunciaba que, por razones de fuerza mayor, permanecería así hasta fecha próxima.

-Las brujas andan de paseo en sus escobas –me gritó el dueño del local vecino-, aprovecha y enciérrate para que no te pase nada.

-Muy gracioso –le enrostré-, debiera ser respetuoso con sus vecinas, que siempre  son tan buenas personas con usted.

-Yo no soy el que anda diciendo que se transforman en gatas –respondió-, pero siempre lo había pensado.

-Porque son unos tontos y unos peladores, no se de dónde puede haber sacado esas tonteras.

-Anda a preguntarle a tu amigo, el hijo del librero –gruñó- de alguna parte tiene que haber sacado todo eso ¿no?

Estaba furiosa con él, estaba enojada con Seba, pero más que nada estaba absolutamente indignada conmigo. ¿Cómo había podido ser tan estúpida? Por  primera vez, no sabía qué hacer. Me fui caminando a lo largo de la Galería hasta que llegué a Antigüedades Leonora Latorre. Sebastián estaba solo, dedicado a ordenar y desempolvar las vitrinas plumero en mano. Ni siquiera lo saludé.

-¿Cómo pudiste hacerme eso? –Pregunté.

No hacía falta que fuera adivino para saber a qué me estaba refiriendo.

-Antonia, perdona, yo sólo estaba preocupado por lo que podía pasarte y le pedí ayuda a mi papá y tú sabes cómo es él, siempre anda molestando conque las viejitas son brujas y se puso a comentarlo con todo el mundo.

-No se cómo es tu papá, pero lo que hizo es muy feo. Yo sólo te conté  cómo lo había pasado y nunca pensé que te lo tomaras en serio. Es más, después de que te lo dije me di cuenta de que eran puras ideas locas mías, soy chica todavía, era la primera vez que pasaba la noche fuera de mi casa y me asusté, eso fue todo.

-Lo siento, sé que metí la pata, me di cuenta al tiro, porque entre todos esos tontos que comentaban y señalaban a las viejitas no faltó el que se hizo el amable y corrió a contarles lo que había pasado. Cerraron temprano, pusieron el letrero y no hablaron con nadie, dicen que van a vender el local y hasta surgieron algunos interesados.

¡Cómo, ya estaban haciendo trizas el mejor negocio de la Galería! Y lo peor de todo es que la culpa era mía y sólo mía, las viejitas me habían dado su amistad y yo la había hecho mil pedazos antes de arrojarla al viento. Una pena negra me invadió y  me di cuenta de que lo único que quería era llorar, pero no podía dejar que Seba me viera y trataba de aguantarme.

-Lo siento –volvió a decir.

Y entonces no pude aguantarme más y me lancé a llorar como si fuera una niñita de cinco años; la vergüenza que sentí fue tan grande que salí corriendo hasta la cafetería.

-Antonia, estás llorando ¿Qué te pasa? –me recibió mamá.

Y entonces le conté lo que no había querido contar la noche anterior. De cómo me había asustado con los acontecimientos de la noche de Halloween y a la vez de como la conversación con Seba me había ayudado a entender que no eran más que niñerías.

-Yo nunca me imaginé que él se lo diría a su papá y que él armaría ese tremendo escándalo –gimoteé.

Lo más sorprendente de todo fue que mamá estuvo totalmente de acuerdo conmigo.

-Bien poca cosa, el caballero. Aprovecharse de unos niños para  correr a las señoritas del local.

-¿Entonces tú me crees, mamá?

-Por supuesto, hija. Nadie podría creer esas cosas de unas damas tan cariñosas y amables como tus amigas. Lo que pasa aquí, disculpa que te lo diga, es que el papá de Seba hizo muy mal, se mostró como un copuchento y un machista. Hace tiempo que se sabía que él quería el local de las viejitas, que es mucho mejor que el suyo y está en una ubicación estupenda.

-¿Tú crees que Seba lo hizo adrede, mamá?

-No, hija, de ninguna manera, fue su padre quién se aprovechó de la amistad que ustedes se tienen, lo que es muy feo. Pero ahora tenemos que solucionar esto y me temo que vas a tener que ser responsable y enfrentar las cosas como una niña grande. En todo caso, no te voy a dejar sola. Yo te acompañaré, porque vamos a ir a ver al papá de Sebastián y después a todos esos chismosos de la Galería, empezando con el vecino de las viejitas, qué hombre más falso. Yo creí que era realmente su amigo.

Mamá es súper. Primero me acompañó a poner en su lugar al papá de Sebastián; muy diplomáticamente para no dañar nuestra amistad, y después me llevó local por local para que los locatarios escucharan de mis propios labios la verdad del asunto. Al último que vimos fue al vecino de mis amigas, quién terminó disculpándose en todos los tonos posibles y rogando que no le fuera a contar a ellas que había sido capaz de creer en esas tonterías.

-No se lo merece –le dije-, pero no les contaré para que no tengan la pena de saber que uno de sus amigos queridos es más falso que Judas.

Ya estábamos por cerrar la cafetería cuando llegó Sebastián.

-Supe todo –me dijo-, mi papá está enojado conmigo, pero en el fondo yo creo que se arrepintió de lo que hizo. Y yo quería pedirte otra vez que me perdones, fui un tonto, pero te prometo, Antonia, lo hice porque estaba preocupado por ti, de veras. Nunca me imaginé que mi papá fuera a hacer ese escándalo.

-¿Por qué no van a dar una vuelta y conversan  con calma? –Ofreció mamá- Yo los invito un helado.

Caminamos largo rato, llegamos hasta una plaza cercana y nos sentamos tomando un helado doble; ya saben, a mí me encantan el pistacho y los berries. Seba me contó que en dos semanas da el examen para el  Instituto Nacional y que está tranquilo, se siente bien preparado.

-De todas maneras voy a seguir repasando. Creo que tengo posibilidades de quedar, pero ahí tendré que seguir siendo el mejor del curso, o al menos uno de ellos, cuando termine necesitaré postular a una beca para ir a la Facultad de Medicina y no es fácil ganarlas. Mi  padre nunca podría pagarme la universidad.

Lo entiendo perfectamente, porque lo mismo me sucederá algún día a mí. Y yo quiero sí o sí llegar a la Universidad. Aunque ahora ya las cosas no son tan urgentes, no creo que vaya a ser necesario cumplir dieciocho para que mamá me deje salir sola alguna vez,  mamá ha ido cambiando y tiene más confianza en mí; se ha dado cuenta de que necesito tener amigos y la verdad ahora que conocí a Seba me gustaría también tener otras amigas, no sólo mis viejitas.

¡Mis viejitas, me había olvidado totalmente de ellas! Ahora que hice lo que debía en la Galería falta lo principal: ir con ellas, contarles y pedirles perdón por los malos ratos que les he causado. Y, como dice mamá, eso va a tener que ser hecho con la responsabilidad de una chica grande: solita y ¡ya!

Pero llegó el viernes, pasó el sábado y el local de mis amigas continuaba cerrado. El teléfono de la parcela no respondía mis llamadas y cada vez iba sintiendo más pesado el propósito que me había hecho. Debe ser porque todavía soy un poco chica, espero. No quiero fracasar en esto, no puedo fracasar en esto. Tendrá que ser el tiempo el  que se encargue de separarme de mis amigas, nunca, jamás, mi tontería. Una vez más marqué su número y el teléfono respondió como siempre.

Pipipipipipipipipi….

-Vas a tener que ir allá, Antonia –era mamá-, papá te puede llevar el domingo.

-Es que quiero ir sola, mamá.

-Pero si tú nunca has andado en bus sola, hija.

-Bien, ¿no crees que ya va siendo hora de hacerlo, mamá? Si no, nunca voy a poder irme al colegio sola,  y el día de mañana, cuando tenga que ir a la universidad, no me va a gustar para nada que tú me acompañes para que no me pierda. ¡Imagínate el tremendo ridículo que iba a hacer, sería el hazmerreír de todos!  Hay momentos en que uno debe hacer cosas por su cuenta y ese momento ha llegado para mí.

Me miró muy seria, como si me viera por primera vez.

-Sabes, Antonia, estoy muy orgullosa de ti.

-Gracias mamá. Eso es lo que quiero, y te agradezco que me lo hayas dicho.

Read Full Post »

Mantícora es probablemente el más monstruoso asesino serial de la historia y lo único bueno que podemos decir de ella es que habita en cuevas de la India, Irak, Irán, Afganistán y Turquía, es decir, bien lejos.

Su aparición es tan primigenia que se ignora quién la creó, o bien su irresponsable creador prefirió mantener el anonimato.

La primera vez que un hombre enfrentó a Mantícora fue paralizado por el terror.  Justo delante de él, en medio del sendero, había un enorme ser con el  cuerpo de un león, la cola de un escorpión y la cabeza de un hombre, de mechas horrorosas e hirsutas. De pronto, el monstruo abrió la boca, de labios anchos y delgados, y profirió un horrible chillido. Cuando lo hizo, el hombre pudo ver tres hileras consecutivas de dientes, filudos como los de un tiburón,

De pronto, el deseo de vivir bulló en él y el hombre pudo mover sus pies. Retrocedió lentamente, arrastrando los pies sobre la tierra. Delante de él, la horrorosa bestia seguía gruñendo y chillando. El hombre le dio la espalda y huyó como alma que lleva el diablo.

Mantícora rió, ni siquiera intentó correr tras su presa, no era más que un simple hombrecillo, un caminante de ningún lugar. El monstruo alzó la mortífera cola y lanzó las púas que crecían en ella.  Varias de las púas alcanzaron al hombre, que, acusando el golpe,  dejó de correr y trató de caminar lejos de Mantícora.

Pero sus músculos no le obedecían, sus piernas pesaban como si estuvieran hechas de piedra y el desdichado comprendió que el monstruo lo había envenenado.

Mantícora se acercó paso a paso, relamiéndose por adelantado; las mantícoras pueden comer  de todo, insectos, alimañas, toda clase de animales, pero la carne del hombre es su favorita y la busca con gula diabólica. Cuando estuvo cerca de él dio un salto aterrador y cayó sobre el hombre, derribándolo. Los dientes rasgaron el cuello del hombre casi separándolo de la cabeza, dándole muerte instantáneamente. El letal monstruo  continuó comiendo tranquilamente, a grandes tarascadas. Cuando terminó, del hombre no quedaba nada, ni siquiera los restos de su vestimenta, apenas las manchas de sangre que empapaban la arena e iban desapareciendo con rapidez. Es costumbre de las mantícoras no dejar atrás nada que recuerde la existencia de sus víctimas, así, nada hay de qué acusarla y nadie tampoco se atreverá a emprender una expedición de caza por las montañas sin saber qué debe buscar.

Era la primera vez que una mantícora bajaba a los valles, hasta ahora se habían alimentado de cabras, osos, y ovejas que encontraban en las estribaciones de las montañas, pero la población de mantícoras había ido creciendo y el hambre las había obligado a buscar alimento en otros lugares.

Ahora, con el estómago lleno, Mantícora se sentía fuerte e invencible y lo primero que pensó fue que necesitaba más comida, más carne. Y humana, la mejor carne.

Por más de un año asoló la región sola y nadie supo por qué razón tanta gente iba desapareciendo. Hasta que una mañana, dos pastores que guiaban su rebaño decidieron pasar la noche en la cercanías de una vertiente de agua. Mientras uno de ellos encendía fuego para calentarse, el otro partió a buscar agua; cuando volvía con ella, un aullido de terror le heló los huesos. El hombre regresó al campamento arrastrándose y fue testigo de una pavorosa escena; un horrible monstruo con cabeza humana y cuerpo de león había matado a su compañero y lo devoraba completamente.  Algunas ovejas agonizaban estremeciéndose y a  lo lejos escuchó  al resto del rebaño que  huía balando despavorido. Cuando mantícora terminó con el hombre, devoró las ovejas. Cuando terminó con todo, era como si nada hubiese sucedido y el monstruo se marchó satisfecho, sacudiendo la monstruosa cola donde ya asomaban las nuevas púas venenosas.

Las noticias del horrible crimen se esparcieron como la espuma en la orilla del mar y todos comprendieron que había que matar al monstruo lo antes posible. Pero ya no era una la mantícora hambrienta, sino muchas, y todas ellas habían bajado a los valles a cazar al hombre. Por esa razón, tomó largo tiempo empujarlas de regreso a sus cuevas de las montañas. Desterrar a las mantícoras fue trabajo de generaciones completas, que emprendieron la cacería perdiendo muchas veces la propia vida.

Hasta que, finalmente, la mantícora supo que la tierra del hombre ya no era su coto de caza privado. Centenares de hombres armados organizaron batidas que barrieron las montañas aniquilando a sus hembras y a sus crías. Cuando mantícora decidió devolverle la tranquilidad al hombre, su especie ya estaba al borde de la extinción.

 

Hace mucho, mucho tiempo que ninguna mantícora ha sido vista por el hombre, pero hoy, cuando la guerra asola una vez más las montañas del oriente, extrañas desapariciones se han estado produciendo. Primero fueron ovejas, luego camellos, un niño, otro, un pastor. Tarde o temprano, algún hombre verá de nuevo lo que nadie en su sano juicio quisiera ver.

Porque el más monstruoso asesino serial de la historia está de regreso, y se llama Mantícora.

Read Full Post »

La vida nunca ha sido fácil para nadie, pero mucho menos para un buscador de trufas, especialmente antes de que se hicieran famosas y sus precios se fueran a las nubes. ¿Se imaginan lo que significa buscar  un hongo que crece bajo la tierra, tratar de adivinar en qué lado puede haber una?

Con el tiempo, los buscadores de trufas descubrieron que los cerdos las encontraban mucho más fácilmente que los hombres, el único problema era que se las comían con la misma rapidez. Es que los cerdos, aunque alimentados con las sobras del hombre,  son de fino paladar,  y cuando pueden le dan en el gusto y qué gustazo se daban con las trufas.

Érase pues la historia de un buscador de trufas que estaba aburrido a más no poder de pelear el sustento con sus cerdos,  y que correteaba de aquí para allá a espantar a los golosos gorrinos apenas estos olían una trufa y comenzaban a desenterrarla. ¡Qué trabajo para un hombre recuperarlas para luego caminar hasta el mercado y vender la magra cosecha!

Y espantando cerdos estaba el día que  uno de ellos se topó con la trufa más grande que hubiera visto nunca. El campesino se agachó a sacarla y de tanto excavar su mano se enredó en unas raíces que lo hicieron lanzar un grito, y en esas raíces estaba atrapada la trufa.

Cuando terminó de cavar lo más inesperado del mundo apareció ante sus ojos. Allí estaba la trufa, descansando entre las manos de una mandrágora, la más perfecta que hubiera visto jamás.  Era una hembra, eso estaba claro, su cuerpo, delicadamente formado y la larga cabellera de raicillas que coronaban su cabeza lo dejaban bien claro. Sus piernas eran largas y bien torneadas y sus manos delicadas y de dedos finos y si bien observó muy bien su bello rostro, por desgracia no fue capaz de ver el gesto cruel y torvo con que la mandrágora le premió apenas le dio la espalda.

El campesino sabía lo peligroso que es sacar una mandrágora, el chillido que emiten al ser arrancadas de la tierra es tan agudo que el sólo oírlo puede matar al que lo hace.  ¿Y si era el cerdo el que tiraba de ella? Sería una lástima perder un buen cerdo, pero el negro manchado, un glotón empedernido que sólo le ocasionaba pérdidas, ese no importaba tanto. Hasta podía ponerle tapones en las orejas y si se daba lo peor, bueno, entonces vendía la mitad y el resto lo ponía en el horno o lo hacía pastel. ¡Tanto que le cuesta al hombre llevar un buen pastel de cerdo a la mesa!

Así como lo pensó, lo hizo. Ató el cerdo a la mandrágora con un cordel negro, tal cual manda la tradición,  y se marchó a su cabaña. Volvió por la tarde y apenas llegó encontró el cuerpo del cerdo tendido junto a la mandrágora, la trufa había desaparecido, seguramente en el hocico de otro cerdo, pero claro, eso ya no tenía importancia, ahora tenía la mandrágora. Y esa misma noche hubo cerdo asado para la cena.

No llevó la mandrágora a su casa, sino a una cueva al pie de la montaña, y allí comenzó a practicar los hechizos para los que había querido a la mandrágora. Y  ella cumplía. Poco a poco crecía la cosecha, aumentaban las ventas, mejoraba la vida. La bolsa  del campesino pesaba cada vez más y debió hacer un agujero en la cueva para ir ahorrando los excedentes.

Mas, sin que él se diera cuenta, la mandrágora se iba apoderando de su corazón. La acariciaba, le decía palabras amorosas, la vestía con sedas y terciopelos que jamás hubiera comprado para su mujer o sus hijas. Un día sintió el deseo irrefrenable de comprarle una joya y tomando todos sus ahorros corrió a la ciudad más cercana donde los cambió por un brazalete de perlas, que le puso al cuello como si fuera un collar. Al verla, se sintió feliz al pensar  que la mandrágora le pertenecía.

Sin embargo, era exactamente lo contrario, la mandrágora lo poseía a él y su propio cuerpo iba secándose,  como si la raíz embrujada le chupara la fuerza vital. Había abandonado totalmente el trabajo y su carácter era insufrible. Gritaba a su mujer, golpeaba a sus hijas, abandonó los cerdos a su destino y, de no sentirse tan débil,  se habría agarrado a golpes con nueve de cada diez  conocidos.

Finalmente llegó el  momento en que no pudo salir más de la cueva. Y se echó en un rincón del que sólo se levantaba acuciado por la sed y el hambre. Tragaba unos bocados, bebía unos sorbos y el asco lo embargaba. Corría hasta la boca de la cueva y cuando ya iba a salir se detenía como si una muralla invisible le cerrara el paso. Entonces, agotado, volvía a su rincón y se tumbaba adorándola desde la distancia.

Ahora la mandrágora ya ni siquiera se molestaba en esconder sus sentimientos, lo miraba con abierto desprecio, torcía sus bellos labios en un gesto de disgusto cuando él fijaba sus ojos en ella. A medida que se acercaba su muerte, le asomó a los labios una sonrisa de triunfo que  se iba haciendo cada vez más desvergonzada en tanto él perdía la capacidad de ponerse de pie. El día que no pudo arrastrarse hasta el agua, lanzó una carcajada muda que rebotó por los muros de la cueva como un tiro hasta dar directamente en su corazón. Mientras moría, le pareció escucharla reír.

La mandrágora sólo sacudió su cabellera de raicillas y saltó al suelo, lenta muy lentamente, se arrastró fuera de la cueva y en las lindes del bosque cavó un agujero en la tierra y a medida que se introducía en él una sensación de paz llenó su rostro. Al fin se había librado de ese perfecto estorbo.

Read Full Post »

Desde los albores de su existencia el hombre  mantuvo una  fuerte relación con sus  muertos. De alguna manera, intuía que más allá de la muerte había otro sitio esperando por él y la mejor manera de mantener abiertas las puertas de ese mundo  era a través de sus ancestros, aquellos que ya habían partido a ocupar su espacio en el inframundo. Todas las culturas, todas las razas, donde quiera  se instalasen, de una u otra forma creían en algo  parecido.

En el mundo pagano europeo  se creía en un inframundo habitado por las almas de los muertos y en la mitología de uno de sus pueblos originarios, el celta,  reside el origen de la festividad de Halloween, que hoy  gana popularidad como la espuma. En  ese entonces se llamaba el Samhain y correspondía a la fiesta de la cosecha,  la noche del solsticio del verano europeo.

Entre los celtas,  la festividad se festejaba encendiendo grandes hogueras en el campo, se comía, se bebía, se bailaba y se recordaba a los muertos. Esa noche, la noche de todos los muertos, la  puerta que separa ambos mundos, el nuestro y el de los muertos, se abría para dejar pasar a los espíritus, que regresaban a sus hogares para compartir la  celebración con sus familiares.

Ocurría, sin embargo, que  no sólo los espíritus de los seres queridos regresaban del Más allá, cualquier alma podía hacerlo y dado que no todas traían las mejores intenciones, para espantar a los  malvados que podían ingresar furtivamente a sus hogares, se ponía en la ventana una vela protegida por un nabo. Con la misma protección debía salir  a la noche el que necesitaba estar fuera de la casa. Se apagaban todos los fuegos del hogar  y se encendían hogueras. La noche se llenaba de sombras y  resplandores  encarnados.

Los romanos,  visitantes no invitados, se llevaron la  fiesta de regreso tras la caída del Imperio  y como era su costumbre, las dedicaron a una diosa propia,  Pomona.

Con la llegada del cristianismo, la fiesta adquirió otras características, pero conservó las esenciales: muerte, cosecha, comida, fuego. Entonces el Sanhaim se convirtió en la  Fiesta de todos los santos: All hallow’s eve, en inglés. Poco a poco, el lenguaje popular la fue comprimiendo y jibarizando hasta quedar convertida en Halloween.

Los  inmigrantes irlandeses que huían de la gran hambruna la llevaron a Estados Unidos. Ahí, por obra y gracia de la naturaleza, el nabo se convirtió en una calabaza  y  dicha calabaza  se talló como la cara de Jack’O Lantern,  con la misión específica de espantar al diablo  y sus secuaces.  En el fondo de Jack O’Lantern estaba la cara de un pillo redomado, Stingy Jack, el hombre que había burlado al demonio.

La fiesta comenzó a popularizarse a partir de 1921 y  tomó fuerza desde los años setenta. Hoy es una de las más populares del mundo anglo y la fuerza de la comunicación mediática la ha  echado a viajar por Latinoamérica.

¡Quieres más sobre Halloween? Revisa nuestro Especial Halloween 2009 en los archivos de este blog.

Read Full Post »

Stingy Jack era el hombre más detestado y temido del pueblo. Este codicioso avaro siempre  sacaba algo de los demás y  cuando finalmente la muerte se lo llevó al lugar donde todos creían que debió estar desde siempre, su figura se convirtió en el personaje central de la noche de los muertos.  Por eso se ponía la ve la encendida en la ventana, para que Jack no llegase a las casas a reclamar su parte en los bienes ajenos. Si no la recibía, Jack maldecía la casa y sus habitantes. Andando el tiempo, Stingy Jack adoptó una personalidad más simpática y se convirtió en Jack  O’Lantern, una calabaza tallada con su cara ilumina los portales en las noches de halloween.

Read Full Post »

Older Posts »