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Posts Tagged ‘ñandu’

2778316030_4a6c9ba594Apenas instalados en las llanuras de África, los avestruces exhibieron claras  señales de dimorfirsmo sexual:  los avestruces machos, de lujoso plumaje negro ribeteado de blanco en las colas,  se  mostraron también como excelentes padres. Pasaban  todo el día pendientes de los huevos y apenas    los polluelos salían de ellos, los machos corrían de aquí para allá, preocupados de que ninguno se extraviase y de vigilar  la zona para impedir que los chiquitines se convirtieran en la cena de algún predador de gran tamaño.

Las hembras, cuyo plumaje era gris y carecía de las  elegantes plumas de la cola, eran muy diferentes. Era fácil pensar que habían tenido suficiente con la postura de los huevos; eran madres  indolentes, más preocupadas por su embellecimiento personal y la conquista de machos guapos que por el bienestar de sus pequeñuelos. Sin  embargo, insistían en  mantener una imagen de madres solícitas y no dejaban que los padres  participaran de la crianza.

A causa de este descuido, era muy común que las crías sufrieran caídas o  se expusieran a situaciones peligrosas y  ahí si que las avestruces hembras ponían el grito en el cielo para  lograr que los  desesperados padres solucionaran el problema.

Así, saltando de crisis en desastre, los padres no tenían un momento de tranquilidad.  Ya casi no se alimentaban, apenas si tenían tiempo para  descansar  antes de que el grito desesperado de una madre  interrumpiera su sueño  pidiendo que alguien, por favor, rescatara a su  chiquitín. Tanta era la presión, que  sufrían  ataques de pánico y ahogos que no sabían cómo superar.

Tratando de dar un corte a la situación, los avestruces machos  enviaron una solicitud a las Oficinas Centrales de la Naturaleza, que, en resumen, decía lo siguiente:

“…solicitamos a La Naturaleza que resuelva  acerca del comportamiento indolente de las madres avestruces,  aplique las sanciones correspondientes y exija firmemente que se  comporten como madres responsables.”

La  respuesta no tardó en llegar, pero fue tan decepcionante que, cuando fue leída, algunos avestruces derramaron lágrimas mientras otros sufrían  principios de desmayo:

“Considerando los principios básicos de no intervención y las leyes irrevocables de la evolución,  La Naturaleza ha decidido  que el conflicto entre los avestruces debe ser resuelto  de mutuo acuerdo entre las partes y les propone, para ello, participar en el  curso –taller  “Evolución, una nueva mirada…”

Los avestruces machos dejaron de leer y se  miraron desconsolados. ¿Qué podían hacer? Todo favorecía a las madres avestruces y los grandes perjudicados resultaban ser los  polluelos

Asistieron al curso y fueron estudiando con ahínco  los nuevos principios de la evolución, que se preparaban  para ser descubiertos por un tal Darwin dentro de varios millones de años. A las avestruces madres ni  se les vio por allí, pero ellos aprobaron con distinciones.

Poco tiempo después,  al primer grito de socorro  por un polluelo perdido, las  madres avestruces  fueron sorprendidas al ver que los machos que venían en su rescate estaban acompañados por un oficial de La Naturaleza.

-¿Qué hace este oficial aquí? – Preguntaron.

-Ha venido a ser testigo de vuestro comportamiento irresponsable con nuestros hijos – expresaron con firmeza los avestruces padres.

-¡Sois unos acusetes! – gritaron las hembras.

Y los machos respondieron a coro:

– ¡Sólo somos  admiradores de las teorías de la evolución, que quieren pasar de la palabra a la acción!

Y el oficial, desenrollando un gran  rollo de papel, leyó:

-Se faculta a los avestruces padres a ser los encargados de la crianza de los polluelos y se despoja de la tutela a las madres por su desidia e irresponsabilidad con las nuevas generaciones de la especie…

Y siguió leyendo tanto rato que las avestruces  hembras se aburrieron y se fueron a peinar mirándose  en las aguas del estanque más próximo.  La tardanza dio tiempo para que pensaran en que se habían librado de una buena tarea  y, felicísimas, se fueron a  conquistar nuevos galanes.

Sólo para molestar, interpusieron un recurso que pedía se les restituyera la custodia de los polluelos en caso de que los padres  omitieran una sola causal de la resolución de La Naturaleza.

Los padres estaban felices. Cada uno de ellos se  hizo cargo de una gran parvada y  adquirieron la costumbre de pasearse  con ella por la llanura. Todavía se les puede ver haciéndolo.

Pero, por si acaso, siempre están revisando todos los rincones para ver si un polluelo se ha quedado atrás y cuando alguno desaparece por un breve lapso de tiempo, sufren sus conocidos ataque de pánico, y para solucionarlo, esconden la cabeza en el agujero más cercano y respiran allí hasta que se recuperan del sofocón.

 

Nota: efectivamente, los avestruces machos se encargan del cuidado de los polluelos y suelen estar a cargo de una gran cantidad de ellos.

El dimorfismo sexual son las diferentes características que entre machos y hembras muestran las especies,por ejemplo, tamaño, color, canto, etc..

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3092434483_050ab7643e_oTodo el que realmente conozca de ñandúes, sabe que hace mucho tiempo los ñandúes eran famosos por sus bellas plumas rizadas.

Es más, como eran tan pretenciosos elegían anualmente   a Miss y Míster Ñandú de Pluma Rizada; competencia tan reñida que  cinco de cada diez ñandúes postulaba para ganarla  y los cinco restantes se dedicaban al arte de  la peluquería sobre las plumas de los primeros.

Tanto era el alboroto que todos los medios de prensa de Ñandulandia  vivían  preocupados del estado de las plumas de los demás. Bastaba que alguien se mojara un poco con la lluvia para que su imagen apareciese en portada,  a cuatro columnas y con un vergonzoso comentario al pie de foto:

TIMOTEO ÑANDÚ SORPRENDIDO AYER CON LAS PLUMAS CAÍDAS EN PLENO CENTRO

Que esto le sucediera a un ñandú significaba caer en el más absoluto descrédito.  Las consecuencias de esto eran tan serias que nadie podía vivir tranquilo. Las damas ñandúes no levantaban la cabeza del agujero más próximo  hasta no haber recibido la visita de su estilista y los caballeros estaban considerando seriamente la necesidad de empezar a usar impermeable y sombrero las veinticuatro horas del día. Todo el mundo quería vivir lo más solo posible con tal de no ser visto antes de pasar por  las manos de su  estilista.

El más preocupado era Juanito Ñandú. El pobre había nacido con las plumas ligeramente lisas y la mitad de su presupuesto mensual se le iba en mousse para rizos. La otra mitad, se la embolsaba Pierre Gnandou, el peluquero de las estrellas, que todo lo hablaba en un  perfecto francés. Aunque en realidad se llamaba Pedrito Ñandú y había nacido en  algún lugar de la Patagonia.

El día que se declaró en quiebra, los ojos de Juanito se clavaron en las matas de paja brava. ¡Casi era como verse al espejo!  Desesperado, se agachó en una laguna salobre, tomó algo de barro y trató de arreglarse los rizos.  Lamentablemente, no tenía espejo y el remedio resultó peor que la enfermedad.

En ese preciso momento pasó por allí una linda ñanducita con su plumaje acaracolado. Juanito no sabía qué hacer. De pronto, tuvo una idea: tomó un caparazón de quirquincho, le amarró como pudo unas briznas de paja y se puso a cantar y tocar como si le pagaran por ello. La ñanducita se detuvo, lo miró curiosa, lo encontró atractivo y le preguntó:

-¿Qué es eso que haces, Juanito?

-¿Qué Juanito? Mi nombre es Johnny Nandoo y soy un intérprete de música…ejem, ¡Punk!

Una semana después, todas las ñandúes del altiplano estaban a sus pies gritando yeah, yeah, yeah. Juanito, perdón, Johnny Nandoo, no podía salir a la calle sin ser acosado por sus admiradoras.

Tanto fue su éxito que desde ese día todos los ñandúes prefieren las plumas tiesas. Al año siguiente no quedaba un sólo ñandú trabajando como peluquero, pero los grupos punkies  son una verdadera plaga.

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