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Posts Tagged ‘muerte’

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Ha muerto Gabriel García Márquez, el niño de Aracataca que hizo volar su imaginación más allá de lo que él mismo creyó posible. Tiene detractores Gabriel García Márquez, gente menor que lo denuesta por sus ideas y que seguramente no ha sabido disfrutar de su obra. Personalmente, como cristiana, creo en otra vida, no solo para mí sino también para aquellos que como él, de seguro son agnósticos. Así pues, en mi opinión Gabriel García ya está, sino en el Paraíso, al menos en el Parnaso, lugar dedicado a los grandes, como él. Y sin duda alguna, ya tiene más que asegurada la vida eterna como escritor, por su prosa elegante, bella, poética, fulgurante, encendida. Una prosa tras la cual se percibe el calor y el color de la sangre.

Los envidiosos ya pueden comenzar a roerse las uñas. García Márquez ha muerto, ya es casi imposible que puedan superarlo.

 

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Knut ha muerto

Knut era una bolita de pelos húmedos y manchados de sangre; tenía los ojillos bien apretados como suele suceder con todos los recién nacidos, que se niegan a ver dónde han caído finalmente.

-No es mío -dijo su madre-, no se parece en lo más mínimo a mí, ignoro de dónde pueda haber salido. no lo quiero y no soy la primera, se de buena fuente que la Mujer rechaza a menudo a sus crías y no veo por qué tendrían que obligarme a mi, sólo por ser una osa polar, viviendo como vivo en estas horribles circunstancias: una jaula, un estanque, Hombres espiándome todos los días. Llévenselo, no es perfecto, no lo quiero.

Y así ocurrió que Knut, nacido en cautiverio en el zoológico de Berlín, fue criado por el Hombre. Resultó ser un oso polar de buen carácter, alegre y revoltoso, al que le gustaba mucho jugar con sus cuidadores. Todas estas cualidades, como es lógico, fueron desapareciendo a medida que llegaba a la adultez. Para entonces, como cualquier otro oso polar cautivo, se instaló solo en una jaula cómoda y nadaba con placer en su propio estanque.

Knut sentía algo extraño en su persona, pero nunca supo qué era exactamente.  Un hambre extraña le roía las entrañas.  Le hubiera gustado correr por la estepa helada, aunque nadie le hubiera dicho nunca qué era éso. Soñaba con perseguir focas, cuyo  fuerte y delicioso olor le llegaba claramente desde su estanque, no muy lejos del suyo. Knut se avergonzaba un poco de esos anómalos sentimientos. ¡Qué iban a pensar de él si supieran lo que pasaba por su cabeza!

Por su olor, sabía que la Osa Madre vivía en las cercanías, pero no se le pasaba por la mente que hubiera sido abandonado por ella. de haberlo sabido, tampoco le habría importado: la Madre Osa debe abandonar al cachorro defectuoso para salvar la vida del nacido sano. Todos los osos polares saben eso y ninguno se atrevería a quebrantar la ley.

Pero claro, los Hombres estaban allí y gracias a ellos, Knut había sobrevivido. Por esa razón, Knut sentía un singular  simpatía por algunos Hombres, los que conocía,lo que no impedía que el aroma de los desconocidos estimulara su apetito voraz de oso polar.  Knut llevaba tranquilo su vida de estrella  sin saber que lo era. Lástima que su vida estaba destinada a ser breve y que el amor de madre osa nunca lo había acurrucado. Hasta el último de sus días, Knut sentiría la falta de ese abrazo  de alguna manera inconsciente e instintiva.

Knut fue hallado muerto en su estanque personal, de alguna manera, su prisión se había convertido en su tumba. Sólo podremos recordarlo como ese bello cachorro de oso  con aspecto de juguete perfecto, difícilmente exhibirán fotos de su cadáver. Buen viaje, Knut, por los hielos eternos del más allá…quizás llegues un día a ser abrazado por esa madre que sólo seguía los dictados de la naturaleza. gracias por regalarnos tu belleza por el  breve lapso de cuatro años.

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Hemos  sufrido un retraso debido a las últimas correcciones, pero sí, este sábado  viene el primer capítulo de PÓRTICO, una novela juvenil de ciencia ficción.

Ragnar relata y junto a Fariah, su mejor amigo, protagonizan la historia. Ambos viven en un mundo agonizante, donde escasas  ciudades cubiertas por domos protectores, guardan los últimos resabios de vida. Monstruosos nefarios caníbales asolan a los sobrevivientes de fatales guerras inter imperios, el sol está muriendo y los mares  son masas enrojecidas y estériles. Sin embargo, Fariah, un expósito que  gracias a su cerebro se ha convertido en un  brillante alumno de la Akademia que forma a la elite, cree que puede haber una solución a la muerte anunciada viajando al pasado. Fariah cree  poder hacerlo por si mismo usando un pórtico interdimensional, no quiere la ayuda de la Regencia, el gobierno que controla al milímetro la vida del pueblo.

¿Lo logrará? ¿Conocerán los amigos el pasado de Tyerra o llegarán a cualquier parte, quizás al lugar menos esperado? ¿Cuál es el destino que aguarda a Tyerra?

Léelo desde mañana  y conocerás todas las respuestas.  

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Juan Lima se levantó antes de que cantara el gallo, encendió los braseros y avivó las brasas en el horno de barro, sacó lustre a todos los  pares de botas de su amo, escobilló cuidadosamente sus casacas de terciopelo y fue de un lado a otro de la cocina apurando a las criadas para que tuvieran el desayuno a la hora.  A las siete,  como cada mañana, trajo las toallas tibias y  el cántaro de agua fresca,  dispuso la vestimenta limpia sobre la silla  y  recordó a su amo que era hora de levantarse. Apenas había empezado el día y ya estaba  fatigado. Aún  debía esperar  que su amo estuviese listo antes de que pudiera comer algo; Juan Lima aprovechó un momento de descuido  y mordisqueó un mendrugo que había levantado en la cocina. Qué deliciosos se veían los platillos del desayuno de su señor. Algún día, Juan Lima estaba seguro, cualquier día de estos él sería un hombre libre y construiría su propia casa para guarecerse del sol y la lluvia. Cualquier día de éstos, él estaba seguro de eso. Especialmente  después de haberse pinchado el talón en el último paseo a la playa de su amo. 

 

Juan Lima es oscuro como el chocolate que tanto le gusta beber a doña Diamela, su ama. Es un hombre afortunado, usa las camisas viejas del amo, pero no sabe lo que son los zapatos, lo que a fin de cuentas,  también le es favorable. Juan Lima tiene los pies curtidos de tanto ir por el mundo sobre sus pies desnudos.  Zzummm, zzummm, para él, yo no soy ni siquiera hermosa. Me ve sólo como un montoncito de dinero.

Ya que su amo ha prometido  liberarlo en cinco años más, Juan Lima le sirve con especial dedicación. Él ya está preparado para ese día, nunca había estado tan  feliz y  tan  tranquilo como lo ha estado desde  que tiene escondido en un agujero del piso a ese maravilloso objeto que pagará el techo y la huerta del hogar que siempre quiso tener. Zzummm, zzummm, como un objeto, así me ve Juan Lima, pero yo no puedo si no encontrarle razón.

 

Cuando el hacendado parte a recorrer su tierra, Juan Lima se queda bajo el alero hasta que la polvareda que han dejado los caballos desaparece totalmente. Este será para él uno de esos días fáciles; cuando el amo sale,  la patrona se olvida de él y le proporciona alguno de los mejores días de su existencia. Como el esclavo  sabe que cuenta al menos con  la mañana, acaba  rápidamente sus deberes y corre al estero a sentarse a la sombra de los sauces.

Con las delicadas agujas de la hierba bajo la espalda, el esclavo observa las nubes. Algunas, piensa, semejan cóndores, otras, rebaños de ovejas. Un ramalazo de viento hace que  las ovejas  corran despavoridas, detrasito, los cóndores se retuercen, se rasgan, se amoldan y se convierten, repentinamente, en  un  feroz lobo que las acorrala hacia aquel rincón de la cordillera donde podrá capturarlas, devorarlas una a una hasta que de tan hinchado el lobo se convertirá en  terrorífico dragón de larga cola, con gran hocico lleno de afilados dientes.

Tanto esfuerzo, tanto viento, descomponen  y rearman la escena dejando las nubes convertidas en el mismo rebaño de ovejas que pace plácidamente bajo el sol estival. Sobre la hierba,  arrullado por  los pájaros, acunado por los tallos gráciles del azulillo, Juan Lima duerme profundamente.

 

Las campanas de la hacienda tocando a rebato  arrancan al esclavo del país de los sueños. ¡Algo ha ocurrido! Veloz como un rayo,  Juan Lima se pone de pie y corre por los campos en dirección a la casa patronal. Ya desde los corrales se pueden escuchar los ayes de dolor, los gritos de desesperación de las mujeres, los aullidos de los perros que olfatean el áspero olor de  la sangre y la muerte.

-¡Los bandidos, deben ser los bandidos! – grita Juan Lima sintiendo que el corazón se le va a escapar por la boca. -¡Los bandidos!-  Vuela más que corre hasta que la casa aparece delante de sus ojos.

 

La escena es dantesca: hombres y mujeres  dan vueltas enloquecidos entre los jinetes cubiertos de sangre, los caballos piafan sus pavores y se encabritan echando al aire nubes de tierra caliente, los niños lloran formando un apretado montón de carne palpitante, las quejas de los heridos desgarran el alma.

Y doña Diamela, Juan Lima no quiere ni mirarla; la señora, de rodillas en el suelo,  se arranca los cabellos loca de dolor,  lágrimas ardientes le borran de las mejillas la fina capa de polvos de arroz esparciéndola sobre su escote de tafetas. En su regazo, desmadejado e inerte, con los ojos vacíos y la boca abierta en un mudo grito de adiós, descansa  para siempre el  esposo que despidiera tan alegremente pocas horas atrás.

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