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Posts Tagged ‘mamut’

El Hombre primitivo  estaba muy lejos de entender la grandeza oculta del caracol.  La primera vez que recogió uno lo observó con curiosidad. ¿Qué era esa cosita que se movía tan lentamente? Al tenerlo en sus manos quedó asombrado. ¡Qué bello era en su perfecto espiral!

Por supuesto, aquel Hombre no fue capaz de articular esas palabras, pero inmediatamente lo imaginó como parte de su dieta y lo incorporó a ella. Crudos le parecieron un asco, pero ya  cocinados sobre las ascuas de la fogata estaban mucho mejor y eran mucho menos difíciles de cazar que un mamut o un uro e incluso que un conejo.

Posteriormente, cuando superó el temor al agua, el Hombre descubrió que los Caracoles también  vivían en el mar y que sabían, si eso era posible, aún mejor que los otros. Sus caparazones eran algo diferentes, más imaginativas, más hermosas, si cabía.  El Hombre siguió comiendo Caracoles, aprendió incluso a soplar en sus caparazones como si fueran cornos y nunca más se detuvo. Le encantaban estos pequeños gasterópodos.

Los arqueólogos  han encontrado  pruebas de ello en  lugares habitados desde la Edad del Bronce y ya los romanos  dejaron pruebas escritas de su predilección por ellos. Un hombre llamado Fulvius Hirpinus  creó la primera  instalación  para su cría en Tarquinia allá por el  año 50 AC y las granjas en que los romanos los  cultivaron fueron llamadas cochlearum. El mismo Plinio el Viejo, el historiador, los recomendó como efectiva cura contra  males estomacales y  pulmonares…pero siempre que fueran consumidos en número impar. Lógica humana, ligeramente primitiva.

El Caracol, en tanto,  ha recorrido la tierra sin dejar nunca de cargar su casa.  De personalidad sumamente reservada, escogió nunca comunicarse en forma perceptible por el Hombre y por ese motivo El Creador dejó bajo su responsabilidad algunos grandes secretos que la humanidad  haría cualquier cosa por conseguir.

–         Tú tendrás –le advirtió- los secretos de la proporción áurea. Cada vez que construyas una nueva cámara de tu concha, está será más grande que la anterior en una proporción constante. El Hombre tardará  millones de vidas en desentrañar este secreto y aún así no llegará más allá de su aplicación  práctica básica…

Y luego le musitó  al oído todo aquello que verdaderamente se podría alcanzar con dicho conocimiento.

Asombrado, el Caracol  observó su caparazón en el espejo del charco más cercano. ¡Hasta él se sorprendía de haber sido escogido para cargar con esa perfecta representación de phi  sobre su pequeño y esmirriado cuerpecillo!

Mirándose un poco más, se encontró tan perfectamente hermoso que no pudo resistir la tentación de trasmitir su secreto a los demás. El problema era que no tenía cómo hacerlo: se había privado voluntariamente de toda comunicación posible con el Hombre.

Y entonces,  milagrosamente, recordó su baba. ¡Claro, allí tenía el medio y  sería imposible que los Hombres dejaran de ver los mensajes! De esa manera, el Hombre y el Caracol serían amigos para siempre.

Trabajosamente,  trepó una roca y una larga, fina estela brillante fue marcando su camino.  El  Caracol  escribió en ella, codificado, el secreto universal que El Creador le confidenciara, palabra por palabra.

El primer Hombre que pasó por allí vio su huella y supo inmediatamente lo que le pareció  más importante de dicho mensaje:

-Hm, por aquí  hay Caracoles…y yo tengo hambre.

Rebuscó bajo las matas y recogió todos los que pudo para comérselos a la primera oportunidad.

Afortunadamente, uno de los escribas había reptado hasta  unas matas más lejanas de manera que, espantado por la desleatad y estupidez del Hombre,  convino con los demás de su especie la perfecta venganza: Por el resto de la vida de la tierra, los caracoles contarían los secretos del creador en todas las superficies reptables…y el hombre sería incapaz de usarlos en su provecho.

Por supuesto, El Creador estuvo algo molesto por  el incumplimiento de los Caracoles a su promesa de no  contar su secreto al Hombre, pero cuando comprobó personalmente que  el aludido era aún más ciego a la verdad de lo que había pensado, se rio largamente a costa suya. ¡Cómo era posible que su máxima creación fuera tan poco  lista, seguramente, había cometido algún error en el proceso!

El Caracol, en tanto, sigue adelante con su venganza. Ahora que el Hombre lo cría en forma industrial para aprovechar sus cualidades está aún más  furioso que antes y en las mismas barbas de su tirano, escribe:

-Hombre, torpe glotón de pacotilla, deja de comerte la Naturaleza entera y aprende que …

Y luego pinta de un tirón el mensaje secreto del Creador. Total, no hay ningún riesgo de que  ellos lo entiendan.

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