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Posts Tagged ‘interplanetaria nave’

 Nadie que perciba un atisbo de reacción al dolor en  lo que parece un feo juguete de plástico se va a quedar tranquilo,  menos Pancho. Pacientemente, el niño  esperó que Mari se descuidara para poner sus manos sobre el Capitán.

Mari parecía  darse cuenta de sus intenciones. Cada vez que su hermano se  escurría dentro de su dormitorio llegaba a él en menos de  un segundo, lo justo para pillarlo con las manos en la masa, es decir, sobre  Klik.  Preocupada por su insistencia, optó por guardarla  bajo llave en el clóset y para quedarse tranquila, andaba con la llave en el bolsillo de sus jeans.

El capitán estuvo esa semana aburrido como ostra en el clóset. Aprovechó de darle el bajo a la colección de diarios de vida de Mari, previamente untados en una deliciosa crema bloqueadora solar.

Pancho, que tiene memoria de corto plazo,  podría haber olvidado el asunto sin dificultad. Pero el sábado por la mañana  su padre tuvo la mala idea de descubrir  los restos del suplemento deportivo en un estado tan ilegible que después de buscar inútilmente a Bobby para demostrarle  lo que pensaba de él,  sufrió un ataque de actividad.  Echó mano entonces, de  la podadora de césped y las herramientas para arreglar la luz del jardín, que llevaba seis meses sin encender. Finalmente,  atrapó  a   su hijo en el preciso momento que  ejecutaba una acción evasiva, vale decir, haciéndose  humo en compañía de su patineta. A Pancho no le gustan para nada las mañanas hiperactivas de los sábados.

-¡Momento, jovencito!

Pancho le tiene terror a estas palabras, sabe muy bien lo que viene detrás.

-Hace dos semanas que le ordené que llevara diarios y botellas al supermercado. Y adivine que es lo que acabo de ver en el patio…

Porque  el padre de Pancho tiene la manía del reciclaje. Diarios, botellas, envases de leche, metales. Cada cosa  en receptáculos separados. Todo ello estaría muy bien  de no mediar el hecho de que Pancho es el encargado de completar el proceso y acarrear todo a los envases de reciclaje del supermercado. Papá queda feliz sabiendo que ha cumplido con su deber, pero Pancho todavía no tiene muy claras sus responsabilidades como habitante del planeta. Es que él se ha quedado en la primera fase del proceso de  tratamiento de los desperdicios, o sea, en la de la producción.

Pancho se metió  de cabeza entre diarios y botellas con el entusiasmo que era de suponer. Llenaba su carrito de diarios, partía al supermercado y se tardaba una hora en regresar. Volvía  a llenar el carrito, esta vez con botellas, y allá vamos, media hora.

El niño estaba aburridísimo y  sopesaba ya la posibilidad de solicitarle a su mamá algo para el dolor de cabeza entre gimoteos y  suspiros de hijo sacrificado por el padre,  cuando,  al levantar una pila de periódicos, apareció algo que lo hizo cambiar totalmente de actitud.

Se trataba, por supuesto, del triciclo de Matías.

Lleno de curiosidad, Pancho terminó su tarea en menos  de lo que tarda Bobby en comer su almuerzo.  Fue,  incluso, lo bastante inconsciente como para decirle a su padre que todo estaba listo sin aplicarle anestesia antes. Por fortuna, la vida ha preparado a Papá  para toda clase de golpes bajos, de manera que se repuso de la sorpresa, le  premió con dinero para el cine  y lo liberó de todo trabajo posterior. Estaba tan emocionado que no pudo evitar comentar a su esposa lo mucho que había cambiado Pancho.

-Yo estaba seguro de que iba a inventar otra vez aquello del dolor de cabeza- remató.

Y  la buena señora, que se especializa en creer las mentiras de su nene, se sintió de lo más ofendida.

-Pancho es un niño delicado, siempre ha sufrido con el sol de mediodía. Lo que ocurre es que tú  le exiges demasiado.

-No creo, porque pudo hacer todo sin problemas -repuso él.

Y se quedó con la absoluta convicción de que a los niños no había que mimarlos tanto, y no me van a decir que no tenía razón.

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