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Posts Tagged ‘historia’

¿Recuerdan a nuestro  desagradable, pero listillo amigo Stingy Jack, aquel que burló al diablo? Entre todas sus bufonadas, ocurrió que  Stingy Jack -cuya historia puedes encontrar aquí en este blog, Especial Halloween 2010- no pudo ir al cielo a causa de sus pecados, pero tampoco al infierno,  porque  engañó al maléfico y no le permitió quedarse con su alma.

Para salir del infierno, Jack vagó en la oscuridad, en las más profundas tinieblas, y como no veía nada  agarró un nabo, lo vació para fabricar un farol y metió en él un carbón encendido. Con esa luz Jack pudo iluminar su camino de pecador irredento.

Cuando los  inmigrantes irlandeses comenzaron a celebrar Halloween en losEstados Unidos de Norteamérica lo primero que descubrieron fue que las calabazas eran mucho mejores para ese propósito que los nabos. Eran más grandes, venían ya convenientemente ahuecadas y sin duda alguna tenían un look de miedo. Sólo necesitaban tallarle los rasgos adecuados: una mueca terrorífica, dos ojos como brasas y una narizota triangular. Desde entonces la calabaza ha reemplazado totalmente al nabo en el imaginario popular. y la verdad es que no tienen comparación. ¡Qué maravillas se pueden hacer con una deliciosa calabaza, sopaipillas, pastel, charquicán!  Mientras que el nabo es bastante más restringido en sus posibilidades gastronómicas de manera que podemos entender perfectamente que Stingy Jack lo destinase a ser convertido en una linterna.

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Desde los albores de su existencia el hombre  mantuvo una  fuerte relación con sus  muertos. De alguna manera, intuía que más allá de la muerte había otro sitio esperando por él y la mejor manera de mantener abiertas las puertas de ese mundo  era a través de sus ancestros, aquellos que ya habían partido a ocupar su espacio en el inframundo. Todas las culturas, todas las razas, donde quiera  se instalasen, de una u otra forma creían en algo  parecido.

En el mundo pagano europeo  se creía en un inframundo habitado por las almas de los muertos y en la mitología de uno de sus pueblos originarios, el celta,  reside el origen de la festividad de Halloween, que hoy  gana popularidad como la espuma. En  ese entonces se llamaba el Samhain y correspondía a la fiesta de la cosecha,  la noche del solsticio del verano europeo.

Entre los celtas,  la festividad se festejaba encendiendo grandes hogueras en el campo, se comía, se bebía, se bailaba y se recordaba a los muertos. Esa noche, la noche de todos los muertos, la  puerta que separa ambos mundos, el nuestro y el de los muertos, se abría para dejar pasar a los espíritus, que regresaban a sus hogares para compartir la  celebración con sus familiares.

Ocurría, sin embargo, que  no sólo los espíritus de los seres queridos regresaban del Más allá, cualquier alma podía hacerlo y dado que no todas traían las mejores intenciones, para espantar a los  malvados que podían ingresar furtivamente a sus hogares, se ponía en la ventana una vela protegida por un nabo. Con la misma protección debía salir  a la noche el que necesitaba estar fuera de la casa. Se apagaban todos los fuegos del hogar  y se encendían hogueras. La noche se llenaba de sombras y  resplandores  encarnados.

Los romanos,  visitantes no invitados, se llevaron la  fiesta de regreso tras la caída del Imperio  y como era su costumbre, las dedicaron a una diosa propia,  Pomona.

Con la llegada del cristianismo, la fiesta adquirió otras características, pero conservó las esenciales: muerte, cosecha, comida, fuego. Entonces el Sanhaim se convirtió en la  Fiesta de todos los santos: All hallow’s eve, en inglés. Poco a poco, el lenguaje popular la fue comprimiendo y jibarizando hasta quedar convertida en Halloween.

Los  inmigrantes irlandeses que huían de la gran hambruna la llevaron a Estados Unidos. Ahí, por obra y gracia de la naturaleza, el nabo se convirtió en una calabaza  y  dicha calabaza  se talló como la cara de Jack’O Lantern,  con la misión específica de espantar al diablo  y sus secuaces.  En el fondo de Jack O’Lantern estaba la cara de un pillo redomado, Stingy Jack, el hombre que había burlado al demonio.

La fiesta comenzó a popularizarse a partir de 1921 y  tomó fuerza desde los años setenta. Hoy es una de las más populares del mundo anglo y la fuerza de la comunicación mediática la ha  echado a viajar por Latinoamérica.

¡Quieres más sobre Halloween? Revisa nuestro Especial Halloween 2009 en los archivos de este blog.

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         …Mi prolongado viaje, querido Daniel,  apenas está comenzando. Desde mi larga gestación en las entrañas de la tierra  la sorprendente vida del planeta ha desfilado ante mis ocelos como  un colorido, vibrante carnaval en que se mezclan, como en un cóctel,  grandes saurios de afiladas garras, homo sapiens  que imprimen sus manos en las paredes de las cavernas, diluvios terroríficos, glaciaciones que congelan  los bosques, ríos de lava que desbordan los cráteres de los volcanes burbujeando como champaña, patriarcas que guian a sus pueblos,  caballeros andantes que acorralan dragones,  ballenas bufantes de los siete mares y narvales de colmillo enroscado, damiselas que piden socorro desde torreones de piedra, corsarios de parche en el ojo, músicos de larga cabellera,  escritores que inventan  mundos que no envejecen, rockeros de modales desenfadados y héroes que de tan desprendidos no se han enterado de que lo son.     Zzummm, zzummm. El planeta es una caja de sorpresas inagotables y en todas partes, allí donde se necesitaba que un hecho se imprimiese en la memoria de los hombres, allí estaba un escritor.

A mí las letras no se me dan muy bien, lo mío es el escenario. No soy ni tan frívola ni tan vanidosa como parezco. Finjo muy bien, tengo pasta de actriz,  y de las grandes. La  abuela solía decir que yo habría sido tan buena como la divina Sara o la trágica  Eleonora.  También he sido siempre una avispa curiosa. Yo hubiera querido estar con todos ellos…no te imaginas cómo me habría gustado  escuchar la tos cascada del hidalgo de La Mancha o sentir la caricia de las manos de Mona Lisa del Giocondo…(¡me muero de ganas de saber por qué sonreía con esa gracia atemporal!) ¡Daría mi engaste de oro por volver atrás  el tiempo y poder centellear en el jubón  de Leonardo, por embarcarme en la Santa María a descubrir  Indias que no son tales  o por  surcar el espacio en la Apolo XI para escuchar el silencio infinito de la noche universal!

           

En mi modesta opinión, lo mejor de todos esos hombres, aún de los peores, residió en la audacia, el desenfado y  la curiosidad que los empujó al otro lado del globo y la valentía que los sostuvo hasta que dieron el último suspiro. ¡Ojalá hubieras estado tú allí para documentar sus pasos, Daniel, lo habrías pasado de maravillas.

Al acompañarlos, yo puse un toque de belleza en sus periplos, ese no sé qué de elegancia que sólo una verdadera avispa de ámbar puede dar. Zzummm, zzummm. (Recuerden que hay muchos mosquitos que en vano han querido imitarme, qué frescura) 

Por el momento, me acarician las manos de esta dama encantadora que me cuida como hueso santo. Zzummm.  No está nada de mal, pero tampoco  pierdo las esperanzas de ser raptada por un extraterrestre que me lleve a conocer los anillos de Saturno. Hace mucho tiempo que me enteré de que las estrellas fugaces no están hechas de diamantes fundidos, de manera que me encantaría visitar esos anillos de hielos  más eternos que cualquiera que haya conocido la Antártida. Quizás me toque en suerte un ladrón internacional de joyas; por si acaso, siempre reluzco lo más posible para deslumbrarlos…pero esta es una ciudad demasiado tranquila.

Zzummm, zzummm. No importa, Daniel, la puerta del mañana siempre está abierta, ni siquiera mi prisión ha impedido que vuele de un lado a otro…quién sabe con qué cosas me encontraré a la vuelta de la próxima página.

            En todo caso, suceda lo que suceda. ..no sé cómo pedírtelo y por favor, no se lo digas a nadie, me da un poco de pudor, pero, cuando tú escribas, ¿crees tú que sería mucha frescura pedirte que yo sea uno de tus protagonistas?

Cariñosamente

Mignon

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Hoy, dice la abuela, vamos a dejar que Mignon nos de su opinión sobre lo que ha vivido. Algo me estuvo diciendo anoche.

Los niños no quieren creerle a la abuela, pero son demasiado educados para decírselo. ¿Cómo es eso de que la abuela habla con su broche de ámbar? Debe ser otro invento de la abuela, algo imposible…

 

 Nunca me cansaré de agradecer que la vida en la Tierra haya ido cambiando. Ya eran demasiadas las cosas que me tenían fatigada: los medios de transporte, tan primitivos, los caminos de tierra, la falta de luz eléctrica y agua potable, las dificultades para encender el fuego, la servidumbre, la esclavitud, etcétera, etcétera. Zzummm, zzummm.

¿Qué me gusta de ahora? Casi todo, menos la moda. Damas y caballeros cada día se visten peor. ¡Han perdido del todo el buen gusto que los caracterizó por milenios! Honradamente, mis favoritos fueron los griegos, esa gente tenía una clase…me encantaban esos peplos que daban tanta gracia al caminar de las mujeres. Ah, y también sus peinados. No  sé si les conté que estuve un tiempo en manos de una Vestal encantadora…

Los romanos, algo brutos para mi gusto; tenían un talento innato para todo; eran grandes arquitectos y mejores ingenieros, artistas, poetas,   ¡pero qué manía aquella de   andar conquistando y guerreando todo el tiempo!  Revolvieron tanto el gallinero europeo que cuando a los bárbaros les dio por convertirse en la primera horda de turistas que venían a tomar el sol ni siquiera fueron capaces de enfrentarlos. Otro imperio perdido.

La Edad Media ni la nombro, yo viví la Peste Negra, la Inquisición, la quema de brujas, el feudalismo y todo eso. No  volvería a hacerlo ni aunque me pagaran.

El Renacimiento, eso es otra cosa, gente encantadora la de esos años. Un poco alocada, por supuesto, pero esa era casi su mayor gracia, no hay nada más aburrido que la gente seria. Además, pintaban tan bien, eran tan buenos músicos, tan audaces navegantes. Repito: me encantan. Zzummm, zzummm.

            El Siglo de las Luces, lo confieso, no me pareció nada tan luminoso como lo ven los historiadores. Zzummm, zzummm. Yo estuve allí, contando cabezas al pie de la guillotina. ¡Y así hay algunos capaces de decir que las avispas somos malas porque picamos!      

La Revolución Industrial puso las cosas bastante más entretenidas. Hubo explotación, es cierto, en eso no se diferenciaban mucho del mundo de ayer y  hoy, pero me encantaba ver tanto hombre creativo. En un dos por tres inventaban la locomotora, el submarino o el globo aerostático. Las mujeres también se volvieron sumamente activas, les dio por encadenarse en lugares públicos, por querer votar, por mostrar el tobillo, por  hacer de todo. Mejoraron  increíblemente su papel en la sociedad. Ah, en todo caso, por mucho que pasen los años siguen siendo iguales en una cosa: ¡todas se mueren por mí!

            Yo continué, zzummm, zzummm,  haciendo mi rol de viajera eterna con la elegancia que todos admiran. Pasé por un par de  señoronas aburridas, me empeñaron, no tuvieron dinero para recuperarme, me pusieron otra vez a la venta y me llevaron a dónde el diablo perdió la peluca. Ni siquiera me quejé, lo estaba pasando mucho mejor que en aquellos  años que estuve en manos de Juan Lima (a esa la llamaría mi época negra, pocas veces me he aburrido a tal extremo)

 

En las postrimerías del siglo diecinueve continuaba viviendo como siempre lo había hecho, un poco por rutina, otro poco porque no me quedaba otra. Seguía  siendo la misma avispa inmadura que quedara atrapada en la resina de aquel árbol que la rabia me impedía olvidar, pero ocurrió algo muy extraño:  casi sin que me diera cuenta, llegué un día a la conclusión de que me encantaba la inmortalidad.

¡Me encanta, es cierto! No hay día que no abra mis ocelos para disfrutar una nueva historia emocionante. Lo  he visto todo: las pirámides, la caída del Imperio Romano, las conquistas, las colonizaciones, las guerras y los armisticios, el románico, el gótico, el barroco, la Sagrada Familia y los horribles rascacielos en que les gusta enjaularse a los hombres de hoy. A veces me río hasta que me saltan lágrimas de las ingenuidades de algunos hombres que se creen predestinados a la inmortalidad…¡si supieran de cuántos de ellos no se  tiene hoy día la menor idea de que existieron! No me cabe duda de que en mil años más algunos presuntuosos de hoy no serán ni siquiera un mal recuerdo.

 

Cuando eso pasó, cuando empecé a tomarle el gusto al asunto, tomé la decisión de dejar un testimonio de mi paso por la Tierra. Buscaré un “negro”, me dije, y me puse en campaña para conseguir este biógrafo que pudiera poner mis aventuras en palabras. ¡No sabía en lo que me estaba metiendo, porque si no habría desechado inmediatamente el proyecto! Casi un siglo me tomó dar con uno que tuviera, por lo menos,  la percepción necesaria para comunicarse conmigo. Y eso no sería nada; si vamos a este paso, contarle todo lo que he visto me tomará casi tanto tiempo como el             que me  tomó vivirlo…

Hay que tener paciencia con los cuentistas, yo no le digo ni por casualidad lo que pienso de su persona…se arriesga uno a que escriban lo que se les viene en gana, y, a mi edad (es un decir, claro, me veo tan estupenda como el día que estiré mis alas por primera vez), ya no estoy para eso.

En todo caso, nos estamos adelantando a los acontecimientos, porque ese día que pasé de la casa de empeños a las manos de don Adalberto Montoya yo estaba lejos de imaginarme las locas situaciones que su mujer y su nieta me harían vivir.Cuando la abuela deja  el resto de la historia para la noche siguiente se arma un pequeño alboroto. Todos quieren saber qué ocurrirá con la hija y la nieta de ese señor, cómo era que se llamaba,  un nombre tan raro: Adalberto. A cualquiera que llame a su hijo de esa manera debieran darle un buen escarmiento. 

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En una tibia caverna

en Lascaux o en Altamira

el hombre pasó sus noches

decorando con pintura

los muros de piedra roja

o de caliza amarilla.

Se sentó  junto a la fogata

y  mordisqueó   mal cocida

la carne que en la mañana

cazó a  riesgo de su vida.

De tanto  buscar  anduvo

Los  desiertos de Mesopotamia

Y en las costas del África Negra

Se entintó con sangre humana.

Aprendió de democracia

Por las ágoras de Atenas

Y  para  conquistar  el mundo

Formó en las fieras legiones

De Roma, ciudad eterna,

Cuna de la civilización  europea.

Vistiendo  una cruz  al pecho

Derramó en la  Tierra Santa

 La sangre  mora y cristiana

En nombre del que ordenara

Que la paz y el amor reinaran.

Cortó cabezas de reyes,

Con espada y guillotina

Pero siguió siendo siervo

En Rusia, en India  y en China.

Revolucionó la historia

Con el tren y los motores

Las vacunas,  la anestesia,

El avión y los computadores.

Sin embargo no ha aprendido

A pesar de tanto empeño

A vivir sin sufrimientos

Con la inocencia del niño.

Algún día este viajero

Respetará a sus vecinos,

Navegará por el cosmos

y cambiará su destino

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Sí, ya llega,  estamos muy cerca del desenlace de La Sociedad del Diamante Secreto. ¿Alguno de Uds. se imagina qué es lo que sucederá? Pronto lo sabrán.  Y además, muy pronto empezará una nueva historia por capítulos, Lino y Tai, Cazadores.

Lino y Tai son dos niños  perdidos en el mundo…paleolítico. Y no pienso contarles qué les va a  suceder. Ya lo verán por  sí mismos, sólo puedo  adelantarles quién será su  compañero de aventuras: un pequeño mastodonte.  A leer y disfrutar

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