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Posts Tagged ‘hipopótamo’

207861606_81a5ca83edEn el principio de los tiempos, todo Murciélago que se respetase dormía  confortablemente en una camita de ramas y hojas verdes. Diariamente, mamá Murciélago  recogía  todo lo necesario y,  apenas asomaba el sol, se acomodaban a dormir hasta que el gruñido de la barriga vacía los invitase nuevamente a unirse a reino de la oscuridad en busca de alimento.

Porque, claro, ellos siempre fueron de hábitos nocturnos, a tal punto que para orientarse en  sus incursiones noctámbulas prefirieron usar sus oídos y, de paso, se vieron obligados a cultivar un chillido ultrasónico para terminar con las quejas de los  animales que dormían de noche,  que ya no aguantaban un día más insomnes a causa de lo muy revoltosos que eran sus vecinos.

Todo iba viento en popa hasta que , un día, un Murciélago más avispado que el resto tuvo edad suficiente para  abandonar  el nido de mamá, y al llegar la hora de ir a dormir descubrió, sorprendido, que  debía hacer su cama personalmente.

El primer día, desesperado, decidió que pasaría el día en vela. Terrible decisión: la luz solar  hería sus ojos y lo enceguecía de tal manera que  se cayó del árbol. De no haberlo detenido violentamente una rama pinchuda, habría muerto al tocar tierra.

Debería haberse sentido satisfecho, de no  mediar el hecho de que estaba pinchado y arañado por todas partes.   Incluso se había hecho un siete en un ala, de la cual costó mucho que sanara. Además, forzado  a pasar el día en vela, descubrió una verdad  espantosa. Los  Búhos, Lechuzas y otras rapaces nocturnos se aprovechaban de los pobres Murciélagos dormidos, cazándolos en grandes cantidades. Aterrorizado, comprendió cuál era la razón de que tantos amigos desapareciesesn de la mañana a la noche y decidió contarlo a la Asamblea del Pueblo Murciélago apenas pudiera.

No hubo tiempo para ello. Su  madre llegó volando apenas  se encendió la primera estrella, escandalizada porque había sabido que su hijo pasaba el día despierto.

-¡Cómo es eso de que no quieres hacer la cama! –lo regañó.

-¡Odio hacer la cama! –se quejó Murciélago.- ¿Por qué no me la haces tú, mamá?

-¡Qué descaro, ya estás demasiado crecido para aprovecharte de mamá! –respondió ella indignada-  Pero eres mi hijo, y te ayudaré. Cuando amanezca, en vez de recoger ramas y hojas, vuela hasta  los trigales y trae paja seca. Tendrás un lecho tan confortable como el de un rey.

Cuando llegó el alba, corría un vientecillo, Murciélago no lograba mantener armada su cama de paja y nuevamente tomó la decisión de permanecer despierto.

Por la noche, su madre ya había sido enterada de las excentricidades de su hijo y traía la solución  bien pescada entre sus dientes. Se trataba de unos bellos cuadraditos blancos de orillas bordadas.

-Los robé del tendedero del Hombre –anunció-, no se te ocurra mostrarlos.

Murciélago llevaba dos días sin dormir, picoteó una fruta,  atrapó un par de insectos, acomodó  sus pañuelos en una rama y se quedó profundamente dormido. Roncó toda lanoche y  cuando empezaba a amanecer, fue despertado por los Murciélagos Ancianos.

–   Hemos tenido consideración por tu madre, esa buena Murciélago –comenzó el más anciano-, pero la situación es intolerable. Todos los Murciélagos comentan tu rebeldía y esta noche has roncado tan fuerte, que ponías sobre aviso a  los insectos y por tu culpa, esta es la primera vez que tantos Murciélagos se irán a dormir con la barriga vacía.

–         Por lo tanto –dijo el segundo Anciano – estás expulsado del bosque, nunca más queremos saber de ti.

   -Pero, ¿qué puedo hacer, adónde iré? –preguntó Murciélago.

-Eso es cosa tuya –respondió el tercer anciano-, pero en lo más profundo del bosque hay una caverna deshabitada, quizás allí puedas acomodarte.

Triste y desconsolado, Murciélago partió de inmediato a buscar la caverna hasta que finalmente dio con ella. El techo de la caverna estaba lleno de raíces de los árboles, algunas bastante gruesas. Era, además, húmeda y muy oscura. Murciélago descubrió que eso era muy grato para sus ojos; revoloteó  por su nuevo domicilio  hasta conocer todos sus rincones y luego buscó donde acostarse.

Pero no encontró un sólo lugar donde acomodarse. Finalmente, agotado, se colgó de una raíz, pero tan agotado estaba que se dio media vuelta sobre sus  garras y quedó colgando  cabeza abajo. Después, no tuvo fuerzas para  pararse y se durmió en tan incómoda posición.

Cuando despertó, la caverna estaba más oscura aún, si eso era posible. Buscando la razón, Murciélago salió de ella y supo que ya había caído la noche;  las tinieblas del bosque hacían aún más tenebroso su nuevo domicilio.

Y no fue su único descubrimiento. Murciélago se sentía más descansado y  tranquilo que nunca antes. ¡Esto debían saberlo los demás Murciélagos!

Voló por el bosque hasta que encontró a sus congéneres. Estaban  muy tristes porque los Ancianos habían desaparecido durante el día y no tenían quién los guiara.

-Se los deben haber comida las aves rapaces –dijo Murciélago.

Y, con pelos y señales, contó a su familia lo que había visto mientras pasaba el día despierto.

Los Murciélagos estaban desesperados. ¿Qué harían para conservar su vida ahora que sabían que  los devoraban mientras dormían?

Una vez más, Murciélago tenía la respuesta.

-Nunca, en toda mi vida,  dormí tan bien como en la caverna –contó-, es segura, no hay luz que nos moleste mientras dormimos y ningún animal se meterá allí para cazarnos.

Por supuesto que cuando llegaron allí no todos estaban tan entusiasmados.

-¿Dónde tenderemos nuestras camas? –preguntaban las madres.

-¡Ya no son necesarias! –explicó Murciélago-,  es mucho más cómodo dormir colgados de cabeza y lo mejor de todo es que nunca más hay que hacer la cama.

Con eso, convenció a todos los machos, que rápidamente se acomodaron a pasar la noche colgando de raíces y salientes. Las hembras reclamaron un poco, pero no tardaron en comprender que dormir allí salvaría las vidas de sus crías. En una semana, todos se habían  acostumbrado a su nueva vida.

Y lo mejor fue que, al no volver a ser vistos de día por el bosque, los Murciélagos se hicieron famosos como seres de la noche y, como aterrorizaban a todos,  nunca más supieron lo que era dormir con miedo.   

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2778316030_4a6c9ba594Apenas instalados en las llanuras de África, los avestruces exhibieron claras  señales de dimorfirsmo sexual:  los avestruces machos, de lujoso plumaje negro ribeteado de blanco en las colas,  se  mostraron también como excelentes padres. Pasaban  todo el día pendientes de los huevos y apenas    los polluelos salían de ellos, los machos corrían de aquí para allá, preocupados de que ninguno se extraviase y de vigilar  la zona para impedir que los chiquitines se convirtieran en la cena de algún predador de gran tamaño.

Las hembras, cuyo plumaje era gris y carecía de las  elegantes plumas de la cola, eran muy diferentes. Era fácil pensar que habían tenido suficiente con la postura de los huevos; eran madres  indolentes, más preocupadas por su embellecimiento personal y la conquista de machos guapos que por el bienestar de sus pequeñuelos. Sin  embargo, insistían en  mantener una imagen de madres solícitas y no dejaban que los padres  participaran de la crianza.

A causa de este descuido, era muy común que las crías sufrieran caídas o  se expusieran a situaciones peligrosas y  ahí si que las avestruces hembras ponían el grito en el cielo para  lograr que los  desesperados padres solucionaran el problema.

Así, saltando de crisis en desastre, los padres no tenían un momento de tranquilidad.  Ya casi no se alimentaban, apenas si tenían tiempo para  descansar  antes de que el grito desesperado de una madre  interrumpiera su sueño  pidiendo que alguien, por favor, rescatara a su  chiquitín. Tanta era la presión, que  sufrían  ataques de pánico y ahogos que no sabían cómo superar.

Tratando de dar un corte a la situación, los avestruces machos  enviaron una solicitud a las Oficinas Centrales de la Naturaleza, que, en resumen, decía lo siguiente:

“…solicitamos a La Naturaleza que resuelva  acerca del comportamiento indolente de las madres avestruces,  aplique las sanciones correspondientes y exija firmemente que se  comporten como madres responsables.”

La  respuesta no tardó en llegar, pero fue tan decepcionante que, cuando fue leída, algunos avestruces derramaron lágrimas mientras otros sufrían  principios de desmayo:

“Considerando los principios básicos de no intervención y las leyes irrevocables de la evolución,  La Naturaleza ha decidido  que el conflicto entre los avestruces debe ser resuelto  de mutuo acuerdo entre las partes y les propone, para ello, participar en el  curso –taller  “Evolución, una nueva mirada…”

Los avestruces machos dejaron de leer y se  miraron desconsolados. ¿Qué podían hacer? Todo favorecía a las madres avestruces y los grandes perjudicados resultaban ser los  polluelos

Asistieron al curso y fueron estudiando con ahínco  los nuevos principios de la evolución, que se preparaban  para ser descubiertos por un tal Darwin dentro de varios millones de años. A las avestruces madres ni  se les vio por allí, pero ellos aprobaron con distinciones.

Poco tiempo después,  al primer grito de socorro  por un polluelo perdido, las  madres avestruces  fueron sorprendidas al ver que los machos que venían en su rescate estaban acompañados por un oficial de La Naturaleza.

-¿Qué hace este oficial aquí? – Preguntaron.

-Ha venido a ser testigo de vuestro comportamiento irresponsable con nuestros hijos – expresaron con firmeza los avestruces padres.

-¡Sois unos acusetes! – gritaron las hembras.

Y los machos respondieron a coro:

– ¡Sólo somos  admiradores de las teorías de la evolución, que quieren pasar de la palabra a la acción!

Y el oficial, desenrollando un gran  rollo de papel, leyó:

-Se faculta a los avestruces padres a ser los encargados de la crianza de los polluelos y se despoja de la tutela a las madres por su desidia e irresponsabilidad con las nuevas generaciones de la especie…

Y siguió leyendo tanto rato que las avestruces  hembras se aburrieron y se fueron a peinar mirándose  en las aguas del estanque más próximo.  La tardanza dio tiempo para que pensaran en que se habían librado de una buena tarea  y, felicísimas, se fueron a  conquistar nuevos galanes.

Sólo para molestar, interpusieron un recurso que pedía se les restituyera la custodia de los polluelos en caso de que los padres  omitieran una sola causal de la resolución de La Naturaleza.

Los padres estaban felices. Cada uno de ellos se  hizo cargo de una gran parvada y  adquirieron la costumbre de pasearse  con ella por la llanura. Todavía se les puede ver haciéndolo.

Pero, por si acaso, siempre están revisando todos los rincones para ver si un polluelo se ha quedado atrás y cuando alguno desaparece por un breve lapso de tiempo, sufren sus conocidos ataque de pánico, y para solucionarlo, esconden la cabeza en el agujero más cercano y respiran allí hasta que se recuperan del sofocón.

 

Nota: efectivamente, los avestruces machos se encargan del cuidado de los polluelos y suelen estar a cargo de una gran cantidad de ellos.

El dimorfismo sexual son las diferentes características que entre machos y hembras muestran las especies,por ejemplo, tamaño, color, canto, etc..

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