Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘hijo’

bebé

 

Dedicado a HIJO, pequeño sacrificado a los dos días de vida por un grupo de imbéciles asesinos. Ojalá hubieras sido hijo mío y de cada una de las madres que hoy día lloraron por ti.

HIJO

me llamó

y me tendió sus brazos cálidos, olía a rosas.

Las llamas mordían mi carne, la venda

que cubría mis labios callaba mi llanto.

Con sus manos de piel de durazno

calmó mi dolor.

HIJO,

repitió.

Que importa que no te hayan bautizado,

que nadie te llamara por tu nombre,

que intentaran ofenderte diciéndote Adefesio.

Tendí mis manitas,

aguardé sus besos ,

nadie sabrá de mí, pensé,

nadie sentirá mi miedo,

mi dolor, mi abandono.

HIJO,

volvió a decirme.

No temas,

aquí estoy yo, para ti, yo soy tu madre.

¿Ves? Ya no duele.

Ven aquí, acurrúcate en mis brazos.

Me cubrió con pétalos blancos, me besó la frente.

Ahora me explicó, eres mío para siempre.

Y mi alma inocente se acomodó en los brazos de María.

Anuncios

Read Full Post »

A María, Jesús siempre le había parecido algo despistado. Era indudable que eso de ser hijo de Dios lo había afectado más de la cuenta.  María lo entendía perfectamente,  vívidos estaban, en su memoria, los terribles sentimientos de inseguridad, de pavor a lo desconocido, que la habían asaltado durante su  encuentro con el Ángel. ¿Cómo iba a enfrentar algo tan inconmensurable, tan difícil? ¿Sería capaz una simple mujer, como ella, de sacar adelante el proyecto divino? ¿No se habría equivocado Dios? Ella misma conocía varias mujeres con mucha más personalidad, de mayor belleza, inclus, de mejor cuna, que habrían  cumplido mucho mejor con ese papel. María había intentado hacerle entender sus razones al Ángel, pero él había descartado de plano todas sus dudas.

Y después, María recordaba claramente la sensación de plenitud y calma que Dios, por intermedio de su emisario, había hecho descender sobre  ella.  De pronto ya nada la preocupaba, ya se encargaría Dios Padre de José cuando llegara el momento de que supiera la verdad.  Y eso ocurriría en pocos meses, María sólo tenía que esperar, en calma, en silencio, orando. ¿Qué más podía hacer?  Ella era apenas una mujer, no habría argumentos válidos que pudiera esgrimir. Y si Dios Padre se equivocaba, bueno, aceptaría la muerte en su nombre. Y luego, tal como el Ángel se lo asegurara, todo había salido según el plan divino.

Con Jesús, por supuesto, las cosas eran muy distintas. María no tenía claro que su hijo hubiese recibido directamente la decisión de su Padre, aunque estaba claro que no era un  niño cualquiera. Recordó, algo avergonzada, la soltura con que su hijo había enfrentado a los rabinos en el templo, la dureza con que la había rechazado diciéndole que tenía que ocuparse de los designios de su Padre. ¿Cómo se había enterado?nunca había visto nada especial, ninguna situación diferente.  Imposible saberlo. Jesús era un niño  normal: ayudaba a José, su padre adoptivo,  en el taller de carpintería, cuando pequeño jugaba con otros niños, la ayudaba trayendo el agua, acarreando el grano. ¿Cómo había podido aprender todas esas cosas tan difíciles, cuándo, en qué momento?

Jesús cepillaba  unas tablas sobre el banco de carpintero, José le había dejado una gran cantidad de trabajo para hacer. Y allí estaba, con la mirada perdida en la lejanía. María podía ver que sus labios se movían apenas, como de costumbre, oraba. Los ojos de María se humedecieron. Pronto, ya su hijo se lo había advertido, debería  pasar un largo período de meditación. ¿Quién sabe qué le esperaba por delante, qué peligros iba a correr en el desierto, asediado por los chacales y las víboras, expuesto a los ladrones, que si no tenías nada que te pudieran arrebatar era casi seguro que acarrearían con él para obligarlo a integrar la banda!

María notó que su barbilla temblaba, que sus manos estaban engarfiadas. Mi hijo, pensó, mi hijo, no quiero que le suceda nada, yo quiero que sea feliz, que viva largos años, que me llene de nietos. ¿Qué futuro le aguarda a mi  Jesús?

Y entonces, como si la estuviera escuchando, Jesús detuvo  su tarea. El cepillo descansó sobre el banco y sus ojos inteligentes se volvieron hacia ella. Jesús sonrió. Su rostro noble  se llenó de luz y María sintió que una  oleada de paz llenaba su alma. Sus músculos se distendieron, sintió el aire más liviano, el tórrido sol refrescó y una suave brisa atravesó la casa haciendo sonar las cañas del techo.  Contenta, María devolvió la sonrisa  mientras pensaba que su hijo, su Jesús, era igual que su Padre, capaz de llenar de paz y amor el corazón de su madre con sólo desearlo.

Jesús se secó el sudor de la frente y retomó su tarea mientras pensaba:

-Pobre mamá, va a ser tan difícil para ella. Es lo único malo de todo.

Read Full Post »