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Posts Tagged ‘el niño elperro y el platillo volador’

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El Huemul sacudió sus orejas, se plantó firme y orgulloso sobre sus patas y fijó la vista en el horizonte. Sin duda alguna, hacía una estupenda figura recortado contra el imponente cerco gris de Los Andes.

-Cada día me veo mejor – se dijo -, es una pena que no haya nadie que pueda advertirlo.

Esperanzado, oteó el cielo translúcido para ver si al menos los cóndores que planeaban aburridos sobre los contrafuertes cordilleranos se habían dado cuenta de su presencia.

Pero los cóndores habrían estado mucho más interesados si Huemul fuera ya una pieza de carroña. Así, vivito, coleando y presto para dar una de sus afamadas carreras el Huemul les servía de bien poco. Decepcionado por la ausencia de público, Huemul bajó de la colina y ramoneó la hierba dulce y fresca sin gran entusiasmo.

En ese preciso  momento, un Zorro chilla asomó su hocico curioso por entre unos arbustos; el Huemul, esperanzado, preguntó:

-¿Vienes a verme, Culpeo? Precisamente estaba por adoptar una postura más estatuaria…

-¿A verte? ¡Claro que no, Huemul, yo soy un Zorro respetuoso de la privacidad ajena, pero, dime ¿no habrás visto pasar un Cururo por aquí? Justo acabo de perderlo de vista.

¿Cururo? ¡Qué se había creído el Culpeo, bien podía darse por satisfecho de haber sido visto él mismo! ¡Cururos, dónde se ha visto un Huemul interesado en las evoluciones de un ratón!

Sumamente ofendido, el Huemul continuó bajando hacia el valle;  a cada paso, la hierba se veía más jugosa y su bello color verde pintaba gloriosamente la tierra. Con la barriga llena, Huemul sintió que su ánimo mejoraba.

– Ejem – tosió alguien a sus pies- ¿No habrás visto al pesado del Culpeo de casualidad?

Y claro, allí estaba el Cururo, bien agazapado debajo de unas piedras. Indignado, el Huemul intentó ignorarlo, pero el Cururo se adelantó un poco y, mientras observaba nervioso de un lado a otro,  continuó:

-Es que no nos deja almorzar tranquilos, últimamente el barrio se ha llenado de ellos, así como vamos, la plus valía del sector se va a ir al diablo. ¡Ya ningún cururo quiere vivir por aquí!

Ya Huemul había dejado de escucharlo y continuaba bajando hacia el poniente. Lo último que escuchó fue el sonido de las ramas y el “tump” producido por las cuatro patas del Culpeo golpeando violentamente el suelo. Bueno, de seguro ese cururo ya no le daría la lata a nadie.

Fue casi al llegar a los primeros árboles que Huemul descubrió al primer observador de su vida. ¡Esta vez, estaba claro, el observador estaba pendiente de él, no perdía de vista el menor de sus movimientos y se le veía claramente deslumbrado por su apostura!

Haciéndose el desentendido, el Huemul se fue acercando lentamente a su admirador. Ya de cerca pudo ver que se trataba de un personaje bastante extraño. ¡Dos patas, a quién se le había ocurrido algo tan feo! Cierto que además tenía un par de manos, bastante raras, por cierto, terminadas en un largo palo con punta…no, no, un momento, el palo no formaba parte de las manos, aunque se notaba que el observador lo manejaba con soltura.

Demostrando mucha práctica en el uso del palo aguzado, el observador se irguió lentamente. ¡Listo, ahora lo tenía justo en el blanco! El observador se levantó de un salto y con un solo movimiento de su brazo echó a volar el palo aguzado por el aire. ¡Swish! El palo aguzado tardó sólo segundos en dar con su objetivo.

Huemul todavía boqueaba cuando el cazador llegó hasta él. Sin ninguna consideración, recuperó la lanza. Un chorro de sangre roja y humeante resbaló por el lomo del Huemul. ¡Magnífico animal! Daría carne para varios días. ¡Qué apostura, lástima que el clan  llevaba varios días sin comer, le habría gustado que lo vieran de pie antes de cazarlo! Ese animal de seguro llegaría lejos, era cosa de imaginárselo de pie sobre sus patas traseras, apoyado en, bueno, en cualquier cosa. Hasta habría merecido usar una corona.

Y así pensando, el hombre se cargó el huemul al hombro y emprendió el regreso a casa.

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    Muy preso habría estado su marido, pero Zorzalina ni por eso le perdonó el aseo del nido. Dos horas le tomó a los López recuperarse del susto y ponerlo de punta en blanco. Zorzalina  tenía la cocina perfumada a pasteles de hormigas  rojas y  una fritatta de pulgones zangoloteaba alegremente en la sartén. Zorzalo colgó la escoba en su lugar y decidió que lo mejor  sería darse un buen baño antes de la siesta. Salió al jardín, se metió en la pileta y se lavó la cabeza con agua fresca, después se sacudió enérgicamente.

Justo en ese momento, Palomingo Palomérez apareció en su acostumbrado raid vespertino  y se instaló a mirarlo con ayuda de un catalejo.

¡Esto es el colmo –  Zorzalo puso el  piar en el cielo-, ya no les basta con habernos tenido sitiados y hambrientos,  ni siquiera nos dejan  nuestra privacidad!

Y  dejando a  su mujer   con el pico abierto de asombro, voló hasta el acacio y enfrentó a  Palomérez.

-¡Qué se ha creído usted, Palomingo, es muy feo lo que hace! Ya no puede uno tomar una ducha sin  aparecer en su aparato de espionaje!

Palomingo, avergonzado, metió la cabeza en el cogote.

-Nnno, nnno es lololo que uuusted imamagina, dodon Zorzalo.

-¿Cómo que no? Yo lo estoy viendo claramente y como si fuera poco llevo una semana encerrado en mi nido para evitar sus bombardeos. ¡Mi mejor amigo fue herido en estas terribles escaramuzas!

-Bueno, sí, en realidad, don Zorzalo, yo creo que al capitán Tiuquemante se le anduvo pasando la mano. Nosotros lo único que queríamos era almorzar todos los días, y como usted lo prohibió, nos enojamos un poco, pero…

Zorzalo lo interrumpió bruscamente:

-¿Cómo que yo lo prohibí?

-Bueno, eso nos dijo el capitán Tiuquemante.

-¿Tiuquemante, y usted le creyó? Qué intrigante. Jamás, y eso que bien molesto me tenía que nunca me pidieron permiso, que dejaban todo sucio y armaban peleas en MI jardín, jamás hubiera dicho algo así. El  barrio entero come aquí.

-¿Quiere decir que todo era mentira?

-Por supuesto que era mentira, cómo podría yo negar a mis vecinos y amigos la comida que les pertenece. ¿Usted cree que el comedor  fue instalado sólo para mí? ¡Si hay para todos, alcanza de más! A mí lo único que me molestaba era su desconsideración, los malos modales. ¿Me va a creer que hasta me rayaron el nido?

-Esos son los chiquillos Gorriontínez -explicó Palomingo- sus modales apestan.

-Claro, pero los de ustedes no son mejores. Andan a empujones y picotazos, todo lo tiran al suelo y ensucian el agua de la fuente.

-Bueno, perdone, don Zorzalo, le prometo que no se va a repetir.

-¿Y qué hay de lo del catalejo?

-Eso, puedo jurarle, no era para espiarlo a usted, mucho menos a doña Zorzalina, que tiene todo mi respeto.

-¿Y cómo lo explica entonces?

-Ejem, hmmm, hmmm, en realidad, cómo le digo -por una vez, Palomingo no tenía palabras-, es que yo, para qué se lo voy a negar, yo estoy, más bien tengo un  interés en la señorita, su vecina.

-¿Mi vecina, usted quiere decir la paloma azul?

-Sí.

Zorzalo hubiera querido morirse de la risa, pero  seguramente Palomingo no se lo habría perdonado jamás, de manera que  lo pensó mejor  y luego dijo:

-Ah, bueno, en ese caso tiene usted mi permiso para venir a la hora que quiera, Palomingo. Aunque le diré que esta señorita, ejem,  paloma azul, es algo engreída. En todos estos años no hemos logrado escucharle un cucú. Eso se lo digo para que no se haga ilusiones.

-No se preocupe, don Zorzalo, que por paciencia yo no me quedo. Y muchas gracias.

Se despidieron como buenos amigos. Palomingo alzó el vuelo feliz de la vida pensando en que mañana mismo le traía a su adorada un ramillete de violetas. Zorzalo se aguantó la risa hasta que se metió en la fuente y ahí, entre chapoteos y sacudidas, se rió largo y tendido no sin un poco de pena por la ingenuidad del pobre Palomingo.

¿De qué le servían los ojos a Palomingo? Sin duda, iba a necesitar mucho más que un catalejo para mirar a la paloma azul.

Epílogo y parrillada en el ocaso

El domingo siguiente, encontrándose ya de regreso Golondrisa Petrucciani, que había acompañado a su primo James Swallow hasta el Pájaropuerto de  Ave de Janeiro, el vecindario entero celebró la ocasión  pescando lombrices para una parrillada en el jardín de Zorzalo López, recién regado y encharcado.

-No puedo creerlo -decía Leotordo- pican como locas.

-¿No le decía yo, mi querido Leotordo?  -Zorzalo, mientras echaba una más en su canasta.

Golondrisa,  en la primera ocasión que lo pilló solo, le ofreció la posibilidad de comercializar el asunto.

-Contratamos un par de gorriones para hacer el trabajo pesado y en dos meses nos hacemos ricos, mio caro Zorzalo. Usted lo único que tiene que hacere es firmarme la exclusivitá de la comercializacione.

 ¡Esta Golondrisa no tiene remedio! Pensó Zorzalo. Pero no quiso ser desagradable, tan sólo agarró su canasto lleno de lombrices y lo llevó al medio del jardín, donde las damas estaban ya preparando  el fuego para la parrillada. ¡Qué banquete se iban a dar!

Pocos metros más allá, con  dos grandes lombrices en el pico, Palomingo Palomérez cortejaba incansable a la paloma azul. Es cierto, la niña era un poco difícil, pero ¿qué importaba? Él tenía paciencia y amor para los dos.

FIN

 

 

Guía de estrellas  invitadas

Chincol: en el rol de Juanito Chincólez.

(Zonotrichia capensis ) Rufous-collared sparrow. vive en huertos, parques y jardines, plumas de la cabeza eréctiles.

Colibrí: como Martín Escolibrí.

(Sephanoides galeritus) Green-backed firecrown.  Vive en bosques y parques.

Cóndor: En el papel de S. E. El Presidente Lautaro Condorñir.

(Vultur gryphus) Andean condor. La más grande de las aves de rapiña. Vive en las cordilleras, bajando a la costa.

Cotorra argentina: Todas ellas como las señoritas Cotorrínez.

inmigrante de reciente data, habita en parques y plazas de las comunas  cordilleranas de Santiago.

Diuca: Representando a don Plácido Diucamingo.

(Diuca diuca) Common diuca finch, coloración gris pizarra, mancha blanca en garganta y abdomen. Vive en toda clase de ambientes.

Golondrina: protagonizando el papel de Golondrisa Petrucciani y en el rol estelar de James Swallow, agente 00Bird.

(Tachycineta meyeni) Chilean swallow. Se distingue por su cola negruzca ligeramente ahorquillada. Vive en casi todos los hábitats, también ciudades.

Gorrión: en los roles  de Volantín Gorriontínez y su numerosa familia.

(Passer domesticus) House sparrow. Se le encuentra en casi todos los hábitats.

Lechuza (Chil: Chuncho): en el rol del Dr. Chunchón.

(Tyto alba) Barn owl. Vive en el campo y en las ciudades.

Loica: representando a doña Mari Loica Huenumán.

  (sturnella loyca): Long-tailed meadowlark. Se identifica por su garganta y pecho rojo. Vive de preferencia en terrenos bajos y húmedos, en la cordillera hasta los 2500 mts.

Paloma: en el rol de Palomingo Palomérez, villano invitado, y su familia.

(columba livia) Rock dove. Paloma doméstica.

Tiuque: estelarizando el papel del capitán Tiuquemante, villano principal.

(Milvago chimango) Chimango caracara. Se alimentan de pequeños mamíferos, aves, culebras, etc. Anidan  en árboles o grietas. Vive en casi todos los ambientes.

 Tordo: como el gentil caballero Leotordo Trillo y su esposa.

(curaeus curaeus) Austral blackbird. Vive en laderas arbustivas, borde de bosques y campos cultivados.

Tórtola: en el rol de las conocidas hermanitas Tortolatti.

(Zenaida auriculata) Eared dove. La más común de las aves de caza. Abundante en todos los ambientes.

Zorzal: como nuestro héroe, Zorzalo López. Su esposa como Zorzalina.

(Catharus fuscences) Austral thrush.  Vive  en huertos jardines y pastizales

Cameos  

Caiquén:Chloephaga picta) Ganso  de Magallanes.

Chercán: (Troglodytes aedon) House wren. De color café rojizo, vive en campos, quebradas y faldeos de los cerros y cerca de las habitaciones humanas.

Chirihue: (sicalis luteiventris) Misto-yellow Finch. Vive en campos y prados abiertos.

Queltehue:vanellus chilensis) Southern lapwing. Vive en praderas y campos húmedos.

Ruiseñor : (Luscinia megarhynchos) ave migratoria de canto melodioso que puede criarse en cautividad. Pertenece a la familia de los sílvidos y túrdidos. Habita en Europa y Asia.

Agradecemos la  especial participación de la señorita Paloma Azul.

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