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Posts Tagged ‘diabladas’

A unos cien kilómetros de Iquique se encuentra el poblado de La Tirana. Lo que antes fuera un caserío de barro y paja se expande con empeño por los terrenos salitrosos de la Pampa del Tamarugal usando cualquier material disponible. El sol reverbera sobre las cabezas trescientos sesenta y cinco días al año y uno más en los bisiestos, el agua es escasa, tanto como la sombra de los sarmentosos tamarugos. La mayor parte del tiempo el movimiento es escaso y se reduce a los pasajeros en tránsito hacia el oasis de Pica y Matilla, pero una semana al año, justo en mitad del  invierno, La Tirana estalla en una gran fiesta de luz, color y sonido. Ha llegado la hora de festejar a La Carmelita, La Mamita, La Reina: La Virgen del Carmen de La Tirana.

Decenas de bailes se han trasladado hasta allí por años a rendirle homenaje y aún aquellos años que movida por los pánicos oficiales se prohibe el ingreso a la zona, los más leales llegan de todas maneras. A veces arrastrándose sobre sus pechos desnudos, otras destrozando las rodillas sobre los guijarros, siempre, orando, cantando, bailando.  Por sobre sus cabezas, un estruendo de tambores, cajas, matracas y bronces resuena en los oídos ensordeciéndolos y apagando cualquier otro sonido.

En la plaza, delante de la Iglesia, y por las callejuelas que llegan a ella, aparecen los bailes. Algunos  creados por allá por la primera mitad del siglo pasado. Todos lucen sus mejores trajes en rasos, sedas y terciopelos multicolores, capas bordadas en lentejuelas,  cristales e hilos de oro y de plata. La mayor parte lleva sombrero, algunos, grandes máscaras de diablos, cóndores, armadillos y osos. La fauna andina se ha vestido de gala y se ha volcado a la calle para bailarle a La Carmelita. Hilos de sudor cubren sus mejillas morenas, el polvo opaca sus botas y zapatos. Hoy es dieciséis de Julio,  sus rostros muestran el agotamiento de una larga semana de esfuerzo, pero también sonrisas y orgullo, el orgullo de haber cumplido una vez más con La Mamita.

La Fiesta de La Virgen del Carmen de La Tirana partió como una actividad  de los salitreros en el primer cuarto del siglo XX, se apoderó de Iquique -el puerto más próximo- y ahora extiende sus raíces hasta la segunda, tercera y cuarta región. De todos lados llegan los promeseros y a partir del día siguiente comenzarán a subir sus bártulos en los mismos buses que los han traído hasta aquí. Plegarán los trajes, guardarán los arreos, recogerán los víveres sobrantes, las cocinillas, los termos. Probablemente, se echarán al coleto  los últimos sorbos de pisco o se refrescarán  el gaznate polvoriento con los restos de la bebida  de soda. Mañana el encanto estará roto y  cientos de cenicientas volverán a la vida real.

No hay palabras para describir La Tirana, apenas algunas imágenes,  pálido testimonio de la realidad.

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