Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘culpeo’

 

víctima

El pequeño pudú gime; sus cortas patitas están manchadas de sangre. El pequeño pudú, la lechuza de ojos asombrados, el zorrito de cola chamuscada y otros animales que esperan turno en sus jaulas acaban de ser rescatados de un incendio forestal.

Cada año, en verano, nuestros bosques estallan en llamas .  basta con un grupo de chicos que quiso hacer camping, una familia que salió de picnic cerca del río, peor, basta con un inconsciente que se entretiene jugando con fósforos. Hay gente cuyo placer, aunque a nosotros nos parezca mentira,  es causar daño.

Una chispa basta. el viento sopla sobre ella y la llamita va creciendo hasta que una columna de humo se eleva sobre el bosque. después ´solo hace falta que actúe la indolencia: que el fuego tarde en ser advertido, que la Conaf lo considere demasiado pequeño para actuar de inmediato, que no hayan helicópteros disponibles para arrojar agua sobre las llamas. En cosa de horas, el fuego crece y arrasa con todo a su paso, a veces, incluso las casas de los campesinos. los árboles crujen al ser consumidos, las ramas caen, el viento sigue soplando y arrastrando su fatídica carga roja por los aires. Para las noticias, se trata de cuántas hectáreas han sido arrasadas, para los animales que habitan el bosque, se trata de la vida y la muerte.

Otro verano, otros fuegos. ¿Hasta cuándo?

Read Full Post »

Coat_of_arms_of_Chile_svg

El Huemul sacudió sus orejas, se plantó firme y orgulloso sobre sus patas y fijó la vista en el horizonte. Sin duda alguna, hacía una estupenda figura recortado contra el imponente cerco gris de Los Andes.

-Cada día me veo mejor – se dijo -, es una pena que no haya nadie que pueda advertirlo.

Esperanzado, oteó el cielo translúcido para ver si al menos los cóndores que planeaban aburridos sobre los contrafuertes cordilleranos se habían dado cuenta de su presencia.

Pero los cóndores habrían estado mucho más interesados si Huemul fuera ya una pieza de carroña. Así, vivito, coleando y presto para dar una de sus afamadas carreras el Huemul les servía de bien poco. Decepcionado por la ausencia de público, Huemul bajó de la colina y ramoneó la hierba dulce y fresca sin gran entusiasmo.

En ese preciso  momento, un Zorro chilla asomó su hocico curioso por entre unos arbustos; el Huemul, esperanzado, preguntó:

-¿Vienes a verme, Culpeo? Precisamente estaba por adoptar una postura más estatuaria…

-¿A verte? ¡Claro que no, Huemul, yo soy un Zorro respetuoso de la privacidad ajena, pero, dime ¿no habrás visto pasar un Cururo por aquí? Justo acabo de perderlo de vista.

¿Cururo? ¡Qué se había creído el Culpeo, bien podía darse por satisfecho de haber sido visto él mismo! ¡Cururos, dónde se ha visto un Huemul interesado en las evoluciones de un ratón!

Sumamente ofendido, el Huemul continuó bajando hacia el valle;  a cada paso, la hierba se veía más jugosa y su bello color verde pintaba gloriosamente la tierra. Con la barriga llena, Huemul sintió que su ánimo mejoraba.

– Ejem – tosió alguien a sus pies- ¿No habrás visto al pesado del Culpeo de casualidad?

Y claro, allí estaba el Cururo, bien agazapado debajo de unas piedras. Indignado, el Huemul intentó ignorarlo, pero el Cururo se adelantó un poco y, mientras observaba nervioso de un lado a otro,  continuó:

-Es que no nos deja almorzar tranquilos, últimamente el barrio se ha llenado de ellos, así como vamos, la plus valía del sector se va a ir al diablo. ¡Ya ningún cururo quiere vivir por aquí!

Ya Huemul había dejado de escucharlo y continuaba bajando hacia el poniente. Lo último que escuchó fue el sonido de las ramas y el “tump” producido por las cuatro patas del Culpeo golpeando violentamente el suelo. Bueno, de seguro ese cururo ya no le daría la lata a nadie.

Fue casi al llegar a los primeros árboles que Huemul descubrió al primer observador de su vida. ¡Esta vez, estaba claro, el observador estaba pendiente de él, no perdía de vista el menor de sus movimientos y se le veía claramente deslumbrado por su apostura!

Haciéndose el desentendido, el Huemul se fue acercando lentamente a su admirador. Ya de cerca pudo ver que se trataba de un personaje bastante extraño. ¡Dos patas, a quién se le había ocurrido algo tan feo! Cierto que además tenía un par de manos, bastante raras, por cierto, terminadas en un largo palo con punta…no, no, un momento, el palo no formaba parte de las manos, aunque se notaba que el observador lo manejaba con soltura.

Demostrando mucha práctica en el uso del palo aguzado, el observador se irguió lentamente. ¡Listo, ahora lo tenía justo en el blanco! El observador se levantó de un salto y con un solo movimiento de su brazo echó a volar el palo aguzado por el aire. ¡Swish! El palo aguzado tardó sólo segundos en dar con su objetivo.

Huemul todavía boqueaba cuando el cazador llegó hasta él. Sin ninguna consideración, recuperó la lanza. Un chorro de sangre roja y humeante resbaló por el lomo del Huemul. ¡Magnífico animal! Daría carne para varios días. ¡Qué apostura, lástima que el clan  llevaba varios días sin comer, le habría gustado que lo vieran de pie antes de cazarlo! Ese animal de seguro llegaría lejos, era cosa de imaginárselo de pie sobre sus patas traseras, apoyado en, bueno, en cualquier cosa. Hasta habría merecido usar una corona.

Y así pensando, el hombre se cargó el huemul al hombro y emprendió el regreso a casa.

Read Full Post »