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Posts Tagged ‘cormoranes’

1464048919_3964ce9702Una vez más, somos testigos de un crimen contra la naturaleza de nuestro país. Ya  vimos los cadáveres de cientos de cisnes de cuello negro,  nos cubrimos de oprobio  frente a miles de aletas de tiburón secándose al sol. Después fueron los lobos marinos en Iquique, el SAG intentó convencernos de que su muerte fue natural.

Ahora  las imágenes provienen de la caleta Villarrica, Dichato. Centenares de fardelas y cormoranes muertos. Los lugareños acusan que hace pocos meses tuvieron,  primero, una mortandad de sardinas, luego, una de pingüinos de Humboldt.

¿Qué esperan SAG y SERNAP para proceder? ¿Por qué las industrias  pesqueras o mineras pueden seguir destruyendo nuestra fauna impunemente sin que nada hagamos por evitarlo?

Poco podemos hacer los ciudadanos, pero para eso  Chile gasta en los servicios, incluidos la Conama, que tienen como deber cautelar nuestras  riquezas naturales.  Servicios que tienen directores y funcionarios que  perciben sueldos para  hacer su trabajo. Yo demando: ¿Qué están haciendo para terminar con esta vergüenza nacional,  qué están haciendo para cumplir con su deber?

Con amor y admiración tejo historias sobre los animales y a veces me pregunto con espanto si a nuestros  nietos sólo les dejaremos eso: historias.

Me pregunto si podrán ver mañana la zambullida de un cormorán, la mirada ingenua de un pudú, la figura majestuosa de un puma.

A ustedes, testigos como yo de estos crímenes, les pido que al menos, levantemos una protesta. Escribamos a los  medios, exijamos acción del gobierno. Esto, no puede seguir así.

Un abrazo

Alida  

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116521611_00f2d8507cDesde los primeros tiempos de su existencia, los hipocampos  mostraron una veta romántica que no los abandonaría jamás.

Al comienzo, ese romanticismo se traducía en una serie interminable de amoríos. Los  machos de la especie eran unos  rompecorazones e iban por  los mares de Dios enamorando  a sus pequeñas congéneres  como si el mundo se fuera a acabar al día siguiente. Las chicas sufrían en silencio  su vocación de Casanovas y criaban a sus pequeñuelos sin una queja…pero solas.  Valientemente, ellas salían adelante, pero las crías resultaban cada día más rebeldes y no pocas veces, tomaban el mal camino causándoles muchos sufrimientos a sus madres.

Pero un día cualquiera, en el comienzo de los tiempos,  un hipocampo más romántico que lo usual, se enamoró locamente de una bella hembrita de colita coquetona.  Tanta era su pasión, que  la persiguió por los siete mares rogándole que le concediera su colita; ella, que había visto los sufrimientos  de su madre, estaba decidida a seguir soltera y se le escurría entre las algas, rechazaba los deliciosos copépodos que el apasionado galán le regalaba y  finalmente, cansada de tanta persecusión, le escribió una  fría carta:

“Cansada de  esconderme, estimado señor hipocampo, le informo que he decidido permanecer soltera para evitarme los dolores de un corazón destrozado por otro amante fugaz. No insista.”

Apenas leídas estas gélidas letras, nuestro héroe rompió en llanto.  ¡Justo a él, que amaba sin límites, le tocaba en suerte esta  caballita de mar tan  orgullosa y tan  decidida a evitarse sufrimientos!

Pasaban  los días y la bella  de esta historia recibía toda clase de tristes recados: “Está tan delgado,  parece que quisiera morirse de hambre”, decía un amigo, “Ay, pero si parece alma en pena”, comentaba otro.

-Ya se le pasará –decía la causante de tanto dolor- , apenas conozca a otra, se olvidará de mí.

Pero  el tiempo pasaba y la tan esperada hipocampo que habría de reemplazarla en el corazón del dolido caballito de mar, no apareció. Peor aún,  nuestro hipocampo,   loco de amor, decidió entregarse en brazos de la muerte y, escribiendo una bella carta de adiós  en un pétalo de anémona marina, se despidió de su amada y partió al encuentro de unos  pescadores chinos, enemigos mortales de los hipocampos que tienen en peligro su población  con su grosera insistencia de envasarlos como medicamento exótico.

Por fortuna, el mensajero, sabedor de sus intenciones, galopó por las aguas y entregó rápidamente el mensaje. La bella hipocampo, desesperada y con su corazón conmovido por la tenacidad de su amante,  partió a salvarlo.

-¡Detente –le gritó cuando ya estaba a punto de ser atrapado-, si tú estás dispuesto a morir por mi amor,  yo no puedo menos que vivir para el tuyo!

Dichoso, y sin pensarlo mucho, él le juró amor eterno, y  fidelidad absoluta y  como no le pareció suficiente, se comprometió a compartir los dolores de la paternidad haciéndose cargo de la incubación de sus futuros  hijos.

Al día siguiente, en romántica ceremonia, prometieron ante Neptuno que se amarían  hasta el último día de sus vidas.

Y, como ya les dije, los hipocampos  tenían  vocación romántica. Apenas su historia se conoció,  todos querían imitarlos.  Los romances de un día  comenzaron a ser de mal tono y en poco tiempo la monogamia era la única  regla aceptable para ellos.  Además, ahora que los machos se encargaban de la incubación de las crías, consideraron que una esposa era más que suficiente para ellos.

Tan bellas historias de amor se dieron  entre los hipocampos que el Creador y la Naturaleza solían ponerlos como ejemplo en sus  mensajes y manuales, y ellos,  orgullosos, añadieron una nueva condición a sus  amores: cada vez que un hipocampo perdiera su pareja, el otro moriría de amor.

Por eso, cuando estés nadando y te topes con uno, no cometas el error de  capturarlo o llevarás dos muertes en tu conciencia, una,  la del hipocampo que te llevaste y otra, la del que se murió de amor.

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2974275589_5f7cfa9a40Hace mucho, mucho tiempo, los cormoranes sufrían viendo saltar las lisas en el mar.  ¡Qué deliciosas se veían, qué frescas y sabrosas debían ser!

Lamentablemente, estaban destinados a no probarlas, porque les era imposible bucear en el mar.  Cada vez que intentaban sumergirse,  la fuerza del agua los sacaba a flote de nuevo. Es que los cormoranes son muy buenos nadadores y flotan como corchos cuando están sobre las olas. ¿Alguna vez han sabido de un cormorán  que haya muerto ahogado?   Jamás, se morirían de vergüenza   si tal cosa llegase a suceder.

Pero he aquí que su  talento natatorio les impedía comer esos peces  que  parecían burlarse de ellos  cada vez que saltaban  mostrando  su vientre blanco y brillante.

Llenos de amargura, los cormoranes se iban flotando hasta la orilla y picoteaban pulgas de mar hasta que no les cabía una más en la barriga.

Algunas veces intentaron bajar en picada al estilo  de las gaviotas, pero no había caso, apenas tocaban la superficie del mar, salían a flote  con  las man…perdón, el pico vacío y  una tremenda desilusión.

Cuando ya tenían el ánimo por los suelos,  Moran, el padre de la patria cormoránica,  decidió que  no se detendría hasta lograr que los cormoranes pescasen tan bien y mejor que las otras aves marinas.

Moran experimentó  todo. Imitando a los hombres,  usó  brazaletes de plomo…y los descartó porque casi se convierte en el primer cormorán del mundo en morir ahogado.

Después probó  con una red hecha de huiros…pero los peces resbalaban en ella, se le escurrían y para más remate se  reían hasta que les daba hipo.

Sin darse por vencido, consiguió lienza, anzuelo y carnada y perdió tardes enteras  sentado en las rocas alimentando a los peces con bocaditos de cangrejo escogido. Moran ignoraba que el cangrejo era demasiado blando para ser una buena carnada.

Hasta que una tarde, sintiéndose fracasado, decidió que ya no quería vivir.  Bajó volando a la playa y se puso a comer guijarros hasta que sintió la guatita pesada.

-Ahora sí que me ahogaré –pensó.

Y  tomando vuelo, se remontó en el cielo y picó elegantemente en dirección al agua.  A  medida que se acercaba al agua,  Moran estaba aterrado, había cobrado  más velocidad  que nunca antes.

Por pura casualidad, paseaba por allí un cardumen de sardinas  despistadas y Moran  entró al agua violentamente en medio de ellas. Justo antes de decidir que  nunca se había sumergido tan bien, Moran divisó una sardina gorda que  pasaba ante sus ojos tentadora como  ninguna.

De inmediato la atrapó y salió volando  antes de que  cambiara su suerte. Poco rato después, mientras devoraba su almuerzo, Moran cayó en cuenta de que finalmente había solucionado el problema de los cormoranes para siempre.

Por eso, desde ese día,  para poder hundirse mejor, todos los cormoranes tragan algunos guijarros, y gracias a eso  nunca más les faltó el pescado.

La familia Cormoránica lo nombró Héroe Nacional y le hubiera  elevado una estatua si supieran como hacerla con sus patas palmeadas. Las más felices eran las pulgas marinas, tanto cormorán  persiguiéndolas las tenía hasta la coronilla.

Nota: en el norte de Chile, al cormorán se le conoce como pato guanay.

Huiro es el nombre que se le da a una  variedad de algas pardas.

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No lo olvides, mañana, el nuevo zoocuento para que te enteres de

Por qué los cormoranes comen guijarros

¡Nos vemos!

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