Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘colo colo’

Mari  estaba aburrida esa tarde. Hay que entenderla, no es fácil para  una niña soportar una madre fanática del orden, un padre fanático del Colo Colo y un hermano troglodita fanático del  hip hop. En esas ocasiones,  lo único que puede hacer Mari es fingir que saca a pasear a Bobby, su labrador, y arrancarse de casa por lo menos un par de horas.

Bobby, que por desgracia es también fanático por oler las cosas menos olorosas del mundo, estaba en uno de sus peores días.  A Mari le costó un mundo sacarlo de toda clase de lugares asquerosos. Estuvo largo rato aguardándolo fuera de un callejón lleno de basura, hasta que no le quedó más remedio que entrar a buscarlo.

Bobby ladraba como si le pagaran por ello;  estaba parado en tres patas al lado  de uno de los tarros de basura y apuntaba con su nariz  detrás de él. A Mari le dio un poco de asco, seguro que se trataba de un ratón, pero como Bobby insistía con sus ladridos,  le entró curiosidad y fue a ver qué era lo que los originaba.

 

Así fue como el extraterrestre de plástico entró en la vida de Mari. Era tan mono que así, todo embarrado como estaba, daban ganas de  tenerlo. La niña lo tomó del tentáculo que tenía en la cabezota anaranjada, con mucho cuidado para no mancharse, y se lo llevó a casa. El extraterrestre hacía unos ruidos y muecas de lo más divertidas.

Tres veces debió lavarlo para que su aspecto fuera satisfactorio. Mari estuvo tentada de meterlo a la lavadora, pero a veces esos plásticos tan delicados  se estropean en la máquina, así que lo sometió a variadas sesiones de escobillado y enjabonado hasta que el refulgente color anaranjado brilló en todo su esplendor.  El  tentáculo necesitó de bastante gel para quedar en la posición que le pareció más atractiva, aunque siempre tenía una tendencia a caerse a la derecha. Mari solucionó el problema con un gran lazo de cinta azul, sobrante de los regalos navideños. Después lo perfumó, lo olió y volvió a perfumarlo dos veces más. Costaba un mundo quitarle el aroma a callejón o a plástico de juguete. El uniforme rotoso fue arrojado a la basura, pero, por suerte,  uno de los vestidos de la muñeca grande le quedaba perfecto. Se veía mucho mejor como una mujer extraterrestre, en realidad.

Cuando finalmente estuvo satisfecha, tomó su nuevo juguete, lo acomodó entre los cojines de la cama y  se sintió totalmente feliz.  Se echó junto a él y encendió  la tele. 

Dos adolescentes se sacudieron frenéticamente en la pantalla al ritmo de un estruendoso tema tropical mientras ella reflexionaba sobre su nueva adquisición. ¿Cómo lo llamaría? ¿E.T.? No, claro,  ya estaba trillado, además, ahora era una extraterrestre niña. ¿Algo creativo y simpático,  como Yoli? Hmm, no, mejor no. ¿Puchi? No, definitivamente fuchi. Claro, cómo no se le había ocurrido: Klik, se llamaría Klik.

-¡Mari, anda a comprar  pan para el té!

¡Oh no, pillada in fraganti! Era demasiado tarde para arrancarse a la casa de  Tere,  ¿qué podía hacer?

-¡No te  hagas la sorda, Mari, baja!

Resignada, la niña salió de su dormitorio envuelta en  la misma nube de pesimismo que la atacaba cada vez que recibía algún encargo de su mamá.

 

En cuanto la niña abandonó la habitación, el Capitán Z*Quq saltó de su lugar entre los cojines y corrió a espiar por la ventana. Obviamente, no veía nada. Qué altas eran las ventanas de los azules, cómo no se les ocurría hacerlas bien.  Saltó sobre  la cama y se inclinó a observar  el exterior. En ese mismo instante Mari salía de la casa arrastrando la bolsa del pan por  las losas de la entrada. Un vehículo cruzó con estruendo la calzada. El Capitán se estremeció.

-¡Bang, bang!

¡Ratatatatatatá!

-¡Acabaré contigo, Mingo Slak!

Sólo después de estas palabras el Capitán comprendió que los sonidos provenían de la extraña cajita oscura que la niña Azul había dejado funcionando. Haciendo gala de audacia, salió de debajo de la cama donde se había arrojado y espió  cuidadosamente la programación. ¡Dos Azules se atacaban con armas, pies y puños, qué horror! El  barullo de la pelea lo tenía casi sordo. ¿Qué sería eso, una ventana de observación? En realidad se parecía a las pantallas de información que unían a los habitantes de Zdn, pero las imágenes trasmitidas eran  completamente  diferentes, una sucesión de  cosas espantosas.

Muerto de hambre, el Capitán  revisó el velador de Mari. Encontró dos chicles, una vela con aroma a limón, una pastilla de menta y un loly chupado,  todo pegoteado de pelusas, cosas que devoró en una fracción de micmilstar, de puro hambre que tenía.  ¡Qué alivio! Ahora sí que podía pensar y prepararse para la tarea que se le había encomendado.

Anotó los siguientes puntos en su bitácora:

 

Mag zik:

Punto goom: el Planeta Azul NO es el lugar más apropiado para la raza zédica*.

Punto sud: debo arrancarme a como dé lugar, recuperar el vehículo de superficie, regresar a la nave y  encender los fogs para regresar a Zdn a la brevedad.

Punto dreiw: comida, necesito mucha comida antes de que el tentáculo se me termine por venir abajo de pura inanición. La habitación de la niña no está nada de mal, pero tendré que hacer una pasada rápida por algún punto más atractivo de la casa.

Punto wolf: por el momento, necesito dormir.

 

  Lo mejor parecía ser  regresar a los mismos cojines donde  lo  había instalado la extraña criatura infantil azul  (que, dicho sea de paso, era definitivamente rosa y castaño)

Z*Quq se acomodó entre los cojines, qué descanso, qué bien se estaba allí.

Snorr, snorr

Un micmilstar después roncaba sonoramente.

Read Full Post »