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Posts Tagged ‘ciencia ficción’

portico1Queridos amigos, ignoro si alguno de ustedes escribe, pero me parece una probabilidad bastante cercana. Si escriben, saben que uno se encariña con sus libros. Durante largo tiempo dan vuelta en nuestra cabeza y luego, cuando decidimos darles forma, los vamos volcando en el computador, corrigiendo una y otra vez, trasladando párrafos de aquí para allá. En fin, durante un tiempo, el libro es parte de nuestra vida, incluso hay oraciones, a veces párrafos completos, que se nos graban en la memoria.

Por eso, cuando el archivo se convierte en libro, uno siente el orgullo de la madre que mira a su hijo y se ufana de verlo tan crecido, de lo mucho que ha avanzado ese pedacito de carne al que le cambió los pañales. Eso me pasa hoy, me siento feliz, dichosa, de que Pórtico haya llegado al papel. Por razones de salud he estado algo ausente de mi blog. tenía obligaciones más urgentes, pero qué grato es regresar para decirles que conozcan a mi nuevo hijo. Aquí está, es “Pórtico”.

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Hemos  sufrido un retraso debido a las últimas correcciones, pero sí, este sábado  viene el primer capítulo de PÓRTICO, una novela juvenil de ciencia ficción.

Ragnar relata y junto a Fariah, su mejor amigo, protagonizan la historia. Ambos viven en un mundo agonizante, donde escasas  ciudades cubiertas por domos protectores, guardan los últimos resabios de vida. Monstruosos nefarios caníbales asolan a los sobrevivientes de fatales guerras inter imperios, el sol está muriendo y los mares  son masas enrojecidas y estériles. Sin embargo, Fariah, un expósito que  gracias a su cerebro se ha convertido en un  brillante alumno de la Akademia que forma a la elite, cree que puede haber una solución a la muerte anunciada viajando al pasado. Fariah cree  poder hacerlo por si mismo usando un pórtico interdimensional, no quiere la ayuda de la Regencia, el gobierno que controla al milímetro la vida del pueblo.

¿Lo logrará? ¿Conocerán los amigos el pasado de Tyerra o llegarán a cualquier parte, quizás al lugar menos esperado? ¿Cuál es el destino que aguarda a Tyerra?

Léelo desde mañana  y conocerás todas las respuestas.  

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Hola amigos,  esta semana comenzamos un nuevo libro y esta vez vamos por el sendero de la ciencia ficción. conoceremos  de primera fuente las aventuras del heroico Capitán Z*Quq, primer zédico  que toca suelo en nuestro planeta.  los invito a pasar un rato divertido en su compañía, porque si algo tiene el Capitán es muy mala suerte.

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Mag goom:

Estoy viviendo el momento que he esperado  con ansiedad y no puedo evitar sentirme algo incómodo. Debe ser el casco, me aprieta un poco y el respiradero para el tentáculo superior me queda justo, por un pelito no resultó estrecho.

Lo peor de esperar el despegue es la posición: uno está tieso, sin poder moverse, atado con correas al asiento y con la vista fija en la ventanilla de proa.   A  causa de  la inmovilidad  sólo tengo acceso a un estrecho rectángulo de firmamento color ciclamen, por el que apenas se ve cruzar  volando un nefertil desubicado, que  casi con seguridad resultará con las plumas de sus tres colas chamuscadas en cuanto se enciendan los fogs de la nave. Los nefertiles son uno de los pocos animales que han sobrevivido en las condiciones actuales del planeta, pero su resistencia  física es muy superior a su inteligencia.

A pesar de mi nerviosismo, cumplo al pie de la letra con las instrucciones para el despegue: reviso los niveles de tesofelium helado, todos bien; bajo los flops, funcionan; activo la palanca que  cierra herméticamente las escotillas, perfecto.

Conecto el intercomunicador y entrecierro seis de mis doce ojos. Estoy un poco tenso; intento soñar que estoy de vacaciones en una de las maravillosas islas del Mar de Cumburkal y casi puedo oler el aroma de los amundengus floridos. De pronto, la voz del  mariscal Z* Yaiq me trae de un porrazo a la realidad:

– Base Zdn a  Nefertil I. ¡Listo para el despegue, Capitán Z*Quq,  en dos miltars comenzamos cuenta regresiva!

-¡A la orden mariscal Z*Yaiq!

Nunca hubiera imaginado que dos miltars pudieran hacerse eternos. Toda mi vida desfila ante mis ojos en esos dos miserables miltars. Recuerdo  a mi padre, emocionado, intentando disimular una lágrima cuando se me nombró Explorador Oficial para la Supervivencia de la Raza Zédica*.  A   mi madre,  con su sombrero de plumas de canfini spola, del que está tan orgullosa. A  mi querido profesor Z* Laml, exultante  porque uno de sus muchachos ha llegado tan lejos.  Y  a mi adorada X*K-Limi enjugándose su naricita anaranjada con un pañuelito de poflin mientras me  promete solemnemente que  aguardará mi regreso  por largo que sea el viaje.

– Ztin, gnon, tok, tess, zik, mink, wolf, dreiw, sud, goom…. ¡zelu!

La cuenta es tan breve como larga la espera. Los fogs se encienden, una gran nube de llamas verdes y negras forma una corona a los pies de la nave. El fuego asciende tan veloz que su resplandor se imprime en la ventanilla de proa. Los motores rugen con tanta  violencia que ni siquiera el intercomunicador Xxcc logra su cometido. Por  tres miltars,  soy el zédico* más aislado del planeta. La nave vibra hasta que parece que fuera a romperse en mil pedazos.

Repentinamente, noto que  la vibración ha cambiado. ¡He despegado, la nave está más liviana, diferente, asciendo rápidamente y el firmamento  vuelve a ostentar su color ciclamen, estoy volando, he dejado mi planeta natal!

Desde este mismo miltar, todos y cada uno de mis actos y palabras quedarán registrados en la Bitácora de Vuelo. Elevo mis  ojos superiores y sorprendo la cámara que sigue con atención mis movimientos. Mis ojos laterales derechos captan el registro de emociones y pensamientos,  que se imprime con celeridad sobre una cinta virgen de color negro. No puedo evitar un ligero sentimiento de pánico: ¡Desde hoy,  yo, Z*Quq soy parte de la historia!

 

Mi viaje -X*K-Limi y yo lo sabemos-  no puede ser muy largo. Y tampoco puedo fallar. Ahora que la nave ha llegado a la  décima segunda atmósfera de Zdn, la evidencia salta ante mis ojos. Nuestra estrella, nuestra querida y vieja Estrella Madre, ha entrado en la primera fase  para convertirse en supernova.

El proceso fue lento, gracias a eso pudimos acostumbrarnos a vivir bajo la superficie, a usar trajes protectores, a racionar la comida y la bebida y a sintetizarla de diferentes productos. Zdn ha vivido los últimos seiscientos quárkums en estas duras condiciones, pero  no podemos seguir esperando, porque si lo hacemos, ya no habrá raza zédica*.

            Por eso estoy aquí. Por todos y cada uno de los  habitantes de Zdn, por  la historia de un planeta que con razón me enorgullece, porque ha sabido vivir en paz con el resto del Universo; por mi amada X*K-Limi, con quien  algún mag deseo casarme  y tener  hijos que lleven con dignidad el nombre de mi padre, de mi abuelo y de  incontables generaciones de Quqs que supieron ser leales y esforzados; por mis maestros, por mis oficiales y por nuestro respetado gobernante, el Mariscal Z*Yaiq.

            Mi destino es el Planeta Azul, tercer planeta de la más desconocida de las galaxias y único capaz de entregarnos las condiciones necesarias para la supervivencia. Dentro de  dos mags, mi nave alcanzará  la entrada del túnel  interestelar  Smm y cuando me introduzca allí sólo tendré que  caer  durante otros tres mags  hasta que finalmente aparezcan ante mí  los volcanes muertos del satélite del Planeta Azul. Desde allí en adelante, todo es especulación, nuestros sabios suponen la existencia de vida primitiva, de una atmósfera apropiada y de condiciones favorables para el desarrollo de la raza zédica*, pero nada de eso ha sido comprobado. Yo, Z*Quq,  seré el primer zédico* en pisar la superficie del Planeta Azul y después plantaré allí nuestra bandera  reclamándolo para mi pueblo. Posteriormente,  desembarcaré mi vehículo para toda superficie y  exploraré  el lugar hasta que encuentre el sitio apropiado para levantar nuestra primera colonia. Después me comunicaré con  la base de Zdn y se iniciará el desembarco de nuestro pueblo. No creo que tardemos mucho más de un quárqum para  tener los campamentos suficientes para instalar a nuestras familias. Establecernos allí  nos tomará otros dos quárqums. No podemos demorar más, porque  después de eso, en apenas treinta mags,  se acelerará el proceso de nuestra Estrella Madre, y toda la superficie de Zdn será arrasada. 

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– Despierta, niño, despierta.

Nacho abrió los ojos.  Estaba  en una  habitación grande, muy bonita y arreglada.   Lugar un poco oscuro, pero elegante. Las cortinas eran gruesas y lujosas y  casi no hacía calor. Había un piano, unas sillas de lo más ridículas y un sillón de tapiz floreado  con los brazos cubiertos con pañitos tejidos. Era como una casa de película. Y eso no era nada,   lo más increíble era la gente. Un montón de cabezas inclinadas sobre él, lo que no era raro, porque Nacho, vaya uno a saber por qué,  estaba tirado en el piso.    El   círculo  de gente le rodeaba  con cara de  preocupados. Gente  extraña, vestida  y peinada de formas más extrañas aún.  Las señoras con faldas negras y blusas blancas llenas de vuelos y los hombres de corbata  y pantalón a rayas. Caballeros serios que  usaban unos    bigotones de lo más ridículos. 

Un momento, la habitación le parecía conocida… claro, si ésa era la puerta… la puerta de la habitación abandonada donde él había entrado recién.    Se veía muy diferente ahora.  La habitación se había  llenado de muebles, hasta había un jarrón con flores sobre la  mesa.  ¿De dónde había salido todo esto?

De pronto, a Nacho  le dio un susto terrible. Sudaba frío. Le  aterraban todas esas señoras  con   vestidos largos, mangas y cuellos  de encaje, criadas con moño y delantal hasta las rodillas, si es que las tenían  debajo de  esos  largos pollerones. 

Los extraños, además, estaban tan intrigados como él y no tenían ni la más mínima consideración por su presencia,  hablaban de Nacho como si se hubiera muerto:

 
Escúchese Grabación N°2

-¿Quién es este niño?

-¿Qué hace  tirado en medio del salón?

-¿Estará  perdido, entró a robar,  alguien lo conoce?

(Las preguntas quedaban sin respuestas y lo que es peor, aparecían otras)

-¿Por qué  no habla?

-¿Será necesario que llamemos  al médico?

-Yo que usted, miss Rachel,  llamaría  a la policía de la ciudad más cercana o  al sacerdote  de  Malpaso.  Esto no puede ser normal, mírele la ropa, qué clase de zapatos son ésos.

 

La mujer llamada miss Rachel   era la más elegante de todas y estaba  inclinada sobre Nacho. Era una señora bastante bonita,  era rubia, crespa y tenía los ojos azules como bolitas de vidrio.

– No poder hacer nada con niño en este estadou –dijo la señora-, misiá Panchita, llevelou a  coucina y dar  algo de comer, please.  Don Pedrou ayudar you.

Don Pedro salió de la nada y  tomó a Nacho en sus brazos como si fuera una pluma.   Le llevó por la casa  detrás de misiá Panchita hasta que llegaron a la cocina, lugar también oscuro, tibio y perfumado. El olor era delicioso  y sobre la mesa   estaba la fuente de emisión, como dice su padre:  una gran fuente de galletas.

 Misiá Panchita  puso unas en un plato y sacó un  tazón  de lata,  un paquete de algo café y  el azucarero. Puso tres cucharadas  de polvo en el   tazón,  luego tres de azúcar y después le volcó agua caliente de la tetera, que estaba puesta sobre el fuego de la cocina.  Para qué decirlo, pero claro,  la cocina era extrañísima, salía fuego de adentro y producía un calor de los mil demonios.

 

Pronto,  el lugar ya no le parecía tibio sino terriblemente caluroso.  Nacho lo comprendió todo cuando misiá Panchita echó unos trozos de carbón en  donde debió estar el horno.

-Tómate el ulpo calientito,  m’hijito – dijo misiá Panchita.

Nacho tenía tanto hambre que hubiera podido comerse  media docena de hamburguesas, pero tomarse el ulpo no era nada fácil. No  era malo, en realidad;  era dulce,  una papilla espesa y caliente que  quizás le hubiera encantado cuando aún no le aparecían los dientes. También comió galletas, que estaban de primera, pero no tenía ningún interés en la papilla y la apartó a un lado.

-¡A ver niñito,  primero el ulpo, después las galletas!

Misiá Panchita estaba frente a él con las manos en las caderas y  cara seria. Se veía realmente  poderosa y ningún niño se  avergonzaría  de decir que le hizo  caso al tiro, Nacho no tenía por qué ser diferente, no fuera cosa que se enojara con él. Después de todo, el ulpo no era tan malo y  cuando lo hubo acabado, se sintió mucho mejor.    

Seguramente la señora Panchita no estaba al tanto de que Nacho no solía ser tan obediente, porque su actitud le pareció de lo más natural. Puso otras galletas en el plato y  con un vozarrón digno de relator deportivo, llamó:

-¡Fernandooo!

Fernando debió estar con el  grupo que espiaba por la ventana porque apareció  al segundo.

-Diga, mamita.

Se trataba de un niño delgado y moreno, vestido con pantalones cortos y camisa blanca.

-Llévate al niño a jugar un rato y a ver si te cuenta de dónde viene, su madre lo debe andar buscando –ordenó su madre.

Don Pedro rompió su silencio:

-Este niño, misiá Panchita, debe haber andado con los gitanos que pasaron el otro día, yo no lo he visto por aquí antes.

Sus palabras detuvieron la acción momentáneamente. Fernando se puso a comer galletas,  misiá Panchita se puso a  amasar el pan y la gente que espiaba por la ventana se aburrió y se marchó. 

-¿Usté cree, Don Pedro?

-Claro, pues, no ve que se fueron  de un día para otro.

Misiá Panchita volvió sus ojos hacia Nacho.

-¿Cómo te llamas, niño?

– Ignacio –respondió  nuestro héroe con un hilo de voz.

-¡Ignacio, igual que mi niño! ¿Sabes que mi hijo menor está enfermito?

– No,  señora.

La señora pareció querer decirle algo, pero luego lo olvidó totalmente y continuó:

– Tiene razón, don Pedro, como siempre. Este pobre niño está un poco lelo, mejor le armamos un lugar donde dormir, le voy a poner un  catre en la pieza de Fernandito.

– Yo que usté, misiá Panchita, lo mandaba a la escuela con la señorita  Eduvige.

-¡Qué buena idea, don Pedro! Mañana mismito, pero por ahora, anda, llévalo  para que conozca la oficina,  Fernando.

Nacho y Fernando se miraron. Eran casi de la misma estatura y aunque Fernando estaba  quemado por el sol de la pampa, se podría decir que eran muy parecidos. Quizás tenían la misma edad.

-¿Vamos? – Preguntó el niño.

Y Nacho ni siquiera alcanzó a contestar, porque cuando Fernando salió corriendo no le quedó otra que hacer lo mismo. 

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