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Posts Tagged ‘chevrotaine’

El ciervo ratón almizclero acuático (¡Uf!) vivía su vida en paz y armonía. Amaba las riberas de los ríos que riegan su territorio, se escondía previsor de los predadores que lo amenazan y se reproducía un poco como aquellos a quién se parece, los roedores,  por lo tanto, su población se mantenía estable. Sólo una cosa lo molestaba: la condenada insistencia de los hombres en llamarlo ciervo ratón. ¿Vamos, es que no lo habían visto? ¡Si era cosa de mirarlo, de ver sus lindas pezuñas, su escueto rabo, su bello lomo, su hociquillo vegetariano y rumiante! ¡Cualquiera podía darse cuenta de que era un ciervo! ¿Cómo decían, colmillos? Si, cierto que le asomaban esos feos colmillos de roedor, pero si no fuera por ellos habría sido muy difícil escarbar por raíces, uno tiene que arreglárselas en esta vida.

Era cosa sabida entre  los ciervos almizcleros acuáticos –a quien podríamos llamar por su versión en inglés, chevrotain, para simplificar las cosas- que había un primo de América, el pudú. En las  oscuras noches que los predadores rondaban sus refugios, se solía hablar de la buena elección domiciliaria del primo. Bastó una decisión audaz para que ahora tuviese una estupenda selva lluviosa casi para él sólo. Un poco fuera de circuito, cierto, pero sin leones, sin leopardos, sin hienas, sin víboras ni otros vecinos desagradables de aquellos que insisten en incluirlo a uno en el menú. ¡Qué buena habría sido la vida del chevrotain si hubiera escogido Sudamérica en vez del África Negra! Es casi seguro que podrían pasear tranquilamente a la orilla del río en vez de andar a salto de mata, escondiéndose hasta de su propia sombra, aprendiendo a nadar en todos los estilos conocidos y por conocer para arrancar de esos vecinos tan voraces que no le daban tregua. Una pena no poder comunicarse con el primo de América, contarle al pudú que el chevrotain, el ciervo más pequeño del mundo, vivía valientemente en el territorio más peligroso de África sin que le temblara una patita y mucho menos el bigote. Ni hablar de que le castañetearan los colmillos…¡habría sido terriblemente incómodo!

Así pasaron los tiempos mientras el chevrotain, superadas las dificultades de los tiempos primigenios, se afianzaba en los ríos del continente negro, conversando en las horas flojas de la canícula sobre lo lindo que sería conocer al primo de América. Sin duda, el pudú quedaría sorprendido al constatar  la bravura de un  cérvido más pequeño aún que él mismo.

Repitiéndose a sí mismo lo maravilloso que era,  había pasado el día que las páginas de  un viejo periódico resbalaron hasta la orilla del agua. El primer chevrotain en verlo corrió de inmediato a contarle a su familia que acababa de ver una foto en la prensa,  nada menos que del primo de América. Un rápido galope dejó a la manada devorando las palabras del artículo en cuestión:

…”el pudú que habita en la selva valdiviana…” –esas eran las buenas noticias, el primo no se había cambiado de casa-…” se encuentra ahora en peligro de extinción en su hábitat natural…-y esas eran las malas, pasaban por los mismos problemas- …”  es el ciervo más pequeño del mundo…”

Bastó con leer esas líneas para que  todos los chevrotains montaran en cólera. ¡Qué farsante, cómo se atrevía el pudú a apoderarse de un título duramente ganado por el chevrotain! Además, como si fuera poco, no tenía colmillos y ostentaba un par de cuernitos bellísimos…qué injusticia, cómo podía El Creador haber hecho al primo de América más parecido a un ciervo que el chevrotaine, era el último y peor de los agravios.

Una comisión especial revisó toda la información posible para llegar a la conclusión    de que el pudú era aproximadamente veinte centímetros  más chico y un par de kilos más liviano que el chevrotaine. Era, efectivamente, el ciervo más pequeño del mundo. Al chevrotain le costó mucho tiempo asomar otra vez el  hociquillo fuera de su refugio. Si hasta le parecía que se reían de él. ¡Seguramente todos habían leído el diario antes de que ellos lo  devoraran hasta la última letra para acabar con la evidencia, y eso que sabía bastante mal.

Últimamente se ha sabido de algunos chevrotains que hacen rigurosa dieta para pesar menos que sus primos americanos, pero todavía no ha habido ninguno que logre medir menos y no pasa un día sin que tan triste noticia les atormente su pequeño corazón de ciervos almizcleros de agua.

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