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Posts Tagged ‘caracoles’

Durante toda la noche  la familia Caravajacol  trabajó  dejando sus  huellas plateadas; al día siguiente,  todos los nidos y murallas del  barrio estaban cubiertas de llamados a la resistencia pacífica:

Pájaros del mundo, uníos.

La patria alada te llama, únete.

Nido, árbol y libertad.

¡Resistiremos!

Los pájaros, unidos, jamás serán vencidos.

Semillas, justicia y libertad.

Fuera  la Brigada Tiuque.

Abajo el Capitán Tiuquemante.

Y  por último,  el joven Salustio Caravajacol,  miembro muy comprometido de la Parroquia San Petirrojo,  escribió orgullosamente:

Bienaventurados los pájaros, porque de ellos es el reino de los cielos.

El hecho de que pájaros y caracoles, tradicionales enemigos,  trabajaran unidos,  levantó inmediatamente la moral  alada. Uno tras otro, los habitantes de los árboles del sector  se fueron uniendo a la resistencia pacífica y esa misma tarde realizaron una reunión secreta  entre los lirios  del jardín de Zorzalo López.

Zorzalo miró tristemente el caótico  estado en que quedara el jardín después de que los Palomérez, los Gorriontínez y la Brigada Tiuque  se dejaran caer esa mañana, por segunda vez, arrasando con todo el alimento.

-No se les escapó nada -contó-, llegaron a primera hora y, mientras los tiuques vigilaban, se comieron todo e inutilizaron lo que no se podían llevar.

-¡Qué bajeza -Leotordo, indignado-, cómo si alguna vez se les hubiera negado un grano de alpiste! Lo que quieren es provocar una hambruna.

-Lo importante, ahora, es saber qué vamos a hacer. -Dijo Golondrisa, porque si no estamos todos unidos, mejor me exilio.

-Esa es la solución fácil, pero egoísta -dijo Zorzalo-,  vamos a continuar con la campaña pacifista. Vengan, se los explicaré en secreto, cada uno tendrá que hacerse cargo de una parte de la operación y ya verán como todo resultará.

-Ah, pero antes que nada -intervino Juanito Chincólez-, nombremos una secretaria que se haga cargo de la correspondencia. Es necesario enviar una carta a los caracoles para agradecer su apoyo y  felicitarlos por el estupendo trabajo que realizaron.

Zorzalina se ofreció  para el puesto.

-Quiero ayudar -dijo-,  pero con esos ataques que nunca sé cuando me van a llegar, tengo que pensar en un trabajo que me ponga menos nerviosa.

-Éste está perfecto para tí, Zorzalina querida. -Agradeció Zorzalo, enternecido.

Los amigos  se sentaron en las ramas más ocultas de la madreselva, pusieron su mejor cara de  conspiradores y lentamente,  casi en un susurro, expusieron su plan. Zorzalina tomó nota de cada palabra y después escondió el acta  debajo de una piedra. Debían ser muy cuidadosos si querían derrotar a tan poderosos enemigos.

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Estimado lector:

Este libro es el resultado de una operación secreta de inteligencia que se originó a partir de la instalación de un comedor para pájaros en un lugar del mundo que llamaremos Terrandina. Los nombres de los protagonistas han sido cambiados para proteger a los inocentes, sin embargo, como medida de seguridad ante posibles complicaciones internacionales, se  entrega a continuación  una breve lista de información  que podrán utilizar si deciden repetir la experiencia.

Sea cuidadoso, nos enfrentamos a seres de extraordinaria inteligencia que harán cualquier cosa por revertir los índices de despoblamiento a los que han sido expuesto por sus enemigos naturales: los hombres.

El autor

Desventuras ocasionadas por un plato de semillas  surtidas

Sumamente molesto,  Zorzalo López se pasea debajo del limonero con sus alas  cruzadas a la espalda y la cabeza baja. Sus chirridos se pueden escuchar en todo el jardín. Doña Zorzalina, que considera de buen criterio desaparecer del mapa cuando su marido está con ese geniecito, se mete en la maraña de la hiedra y agarrando la pequeña escoba de pasto seco desempolva cuidadosamente el  nido familiar. Una vez más, los polluelos dejaron regados sus juguetes y buena parte del alpiste que a  Zorzalo le tomó tanto tiempo recoger.

            -No hay derecho,  -alega  Zorzalo a uno de sus amigos- he vivido en este jardín desde mi primer aleteo,  ni siquiera había emplumado cuando me asomé al balcón por primera vez, mi padre fue el primer colono del sector,  y mire usted, tener que soportar la desconsideración de estos recién llegados,  advenedizos con mucha pluma y poca educación…

 El joven Leotordo Trillo mueve la cabeza para expresar su simpatía y acompaña a su amigo en sus paseos. Leotordo tiene alma de dandy, viste de negro riguroso y se comporta  siempre como si estuviese en camino -de ida o regreso- de  una fiesta de gala. Leotordo  es tan renegrido que sus plumas se ven azules e imita tan bien el tranco de su amigo que casi parece la sombra de  Zorzalo. A veces Leotordo  ve un chanchito que asoma  debajo de una piedra y  se lo zampa en un santiamén.  Zorzalo no se alcanza a dar ni cuenta.

Es cierto que  Zorzalo tiene buenas razones para estar tan indignado.  Es que los Palomérez le han causado ya tantas, incontables molestias. Jamás, por ejemplo, se les pasó por la cabeza pedirle permiso para alimentarse en su territorio. Nunca, ni en el mejor de los casos, esperaron a ser invitados. Simplemente, un día cualquiera, los Palomérez y los Gorriontínez se dieron cuenta de que la vecina de la calle  Queltehues N° 5 ponía diariamente un plato lleno de migas selectas y semillas surtidas en el jardín de los López y entonces se dejaron caer como vulgares paracaidistas, se llenaron la panza, armaron un barullo de padre y señor mío, tiraron sobras por donde pillaron y luego se echaron a volar sin tomarse siquiera la molestia de dar las gracias al dueño de nido.

Ambas familias son de temer. Los Gorriontínez son más numerosos que un banco de sardinas, tragan como si se fuera a acabar el mundo y tienen  todas las características del antisocial típico. Es  cosa sabida que los grotescos rayados que afean los nidos del barrio  los hicieron los muchachitos Gorriontínez con sus propias alas (y algo de ayuda de esos desagradables envases en spray). Y en cuanto a los Palomérez, si bien nunca tan numerosos, constituyen la familia más belicosa de toda la comuna. No les basta con venir a comer, sino que se la pasan peleando todo el día, dan vuelta  el plato, se lavan las patitas sucias en la fuente y  engullen los mejores bocados.

-¡Ya no los soporto! -reclama don Zorzalo.

Y Leotordo, tan caballero siempre, se agarra las alas color azabache y menea la cabeza comprensivo mientras ejecuta con su vecino el paseíto bajo el limonero que de tanto repetirse ya ha dejado una delgada huella de patitas.

Zorzalo estima mucho al joven Leotordo, después de todo, él fue de los primeros en tener la gentileza de solicitar su permiso para  comer en el jardín. “Tan caballero este Leotordo, piensa don Zorzalo, con pájaros  como él,  da gusto compartir  la bodega”.

Leotordo, Golondrisa Petrucciani, doña Mari Loica Huenumán y la familia Chincólez  siempre han sido muy correctos. En cuanto corrió el rumor de que la vecina del número cinco había instalado un almacén para aves justo en el jardín de don Zorzalo, se atusaron las plumas, se lavaron la cara en la manguera del número dieciséis y fueron pasando, uno tras otro por  el balcón del dueño de nido.

-Cómo le va, don Zorzalo, tanto tiempo que no lo veíamos. Saludaban los Chincólez.

Y  le pasaban un escarabajito verde, cosecha del ’99, que doña Elisa   había guardado para una ocasión especial.

-Pero qué delicadeza, -Zorzalo, todo cocoroco- ¿se quedarían a picotear con nosotros?

-¿No será molestia? –  Juanito Chincólez, haciéndose de rogar.

-Faltaba más, don Juanito, si hay para todos,  la bodega se renueva a diario, a  menudo, dos o tres veces al día.

-¡No le puedo creer!

Y  entre cáñamo y alpiste comentaban con el pico lleno la suerte de don Zorzalo;  quién no  quisiera vivir al lado de un humano desprendido, rara especie.

-¿No estará loca? – se preguntaba doña Elisa refiriéndose a la humana del N° 5.

-No seas pájara de mal agüero, mujer.- Su marido, algo molesto.

En eso estaban cuando Leotordo y su señora esposa aparecieron volando, con una lombriz fresquita colgada del pico.

-Cómo le va, don Zorzalo, doña Zorzalina, les traíamos un engañito.

-Pasen, pasen, que las migas están tiernas, recién llegadas de la cocina.  Qué lombriz más bonita, muchas gracias,  mañana mismo  la meto al horno. – Feliz doña Zorzalina porque ya tenía resuelto el almuerzo del sábado.

Así fueron llegando los conocidos del barrio.  Golondrisa Petrucciani, con un paquete de hormigas acarameladas que volvió locos a los niños, Mari Loica con una docena de empanaditas de pulgón que estaban de chuparse las plumas.  Después de almuerzo se sentaron a descansar en las ramas del limonero y  Golondrisa, que se cree diva de la lírica desde su viaje a Italia,  les cantó algunas de sus arias favoritas.

-La viola e mobileeee, qual piuma al ventooooo…

Algo terrible, Golondrisa Petrucciani no tiene el menor sentido de la armonía, pero todos eran muy bien educados y la escucharon sufriendo en silencio. Cuando al fin terminó aplaudieron de felicidad porque se había acabado el suplicio y  Golondrisa  quedó feliz porque creyó que sus aplausos  eran sinceros. Estaba a punto de seguir con otra cuando  Mari Loica Huenumán, inspirada por  la desesperación, propuso que don Juanito Chincólez entonase su conocido tema “Han visto a mi tío Agustín”, que fuera  tan popular hace unos años. Todos quedaron felices, don Juanito porque relucía sus viejos oropeles y los demás porque se había callado Golondrisa.

La tarde se iba tan grata como el almuerzo. Todos con la pancita a reventar  y el plato todavía lleno de comida seleccionada. Doña Zorzalina aprovechó de guardar algo en la despensa e invitó a sus amigas a que hicieran lo mismo.

Pero repentinamente, ante la sorpresa de todos, aparecieron volando los  Palomérez y los Gorriontínez, que sin decir agua va se dejaron caer encima de la comida, metieron las patas en el plato, tiraron semillas por todos lados y se apropiaron del jardín de don Zorzalo, ensuciándolo todo y armando tremendo barullo con la seria intención de no dejar un grano de alpiste de recuerdo.

En medio de todo,  Palomingo Palomérez iba de un lado a otro asestándole picotazos por la cola al resto de la familia, porque es bien sabido que es un palomista terrible, al que no le gusta que nadie coma antes que él. Claro que de poco le servía su agresividad, puesto que mientras él armaba camorra a sus familiares, los Gorriontínez comían apresurados para ganarle el quién vive.  Muy pronto dejaron el plato vacío y después se echaron a volar muertos de la risa.

El consuelo de don Zorzalo, poca cosa, por cierto, era ver que en cada una de sus pasadas Palomingo  asestaba gran picotazo a una paloma de hierro oxidado que dormitaba su vejez  al pie del quitasol. ¡Tan tonto era Palomérez que no atinaba a darse cuenta de que se estaba metiendo con una paloma de utilería!

Cuando todo terminó, los dueños de casa y sus amigos quedaron estupefactos. Parecía que Aguilatila, rey de los aguilunos, había pasado por allí. El plato estaba volcado, la fuente inmunda, las cáscaras de las semillas volaban por el piso y en la muralla trasera del nido de los López algún grosero chico Gorriontínez había escrito una barbaridad que mejor ni les cuento. A  Zorzalina le dio un ataque y se tuvo que ir a recostar en su camita de hojas de menta.   Zorzalo estaba terriblemente deprimido.

Entonces fue cuando Golondrisa Petrucciani mostró su lado práctico de europea. En menos de cinco minutos organizó el trabajo, asignó responsabilidades y mientras cada uno hacía su parte, fabricó con sus propias alas una escoba de hierba con la que dejó flamante el jardín.   Zorzalo estaba tan agradecido que ahí mismo decidió que compartirían el almuerzo diariamente y por último, sugirió que un día que el vecino le cortase el césped del jardín los iba a invitar a una parrillada de lombrices.

-Pican como locas cuando el pasto está corto y recién regado, – contó- nos podemos dar un banquetazo.

Doña Zorzalina, que lo escuchaba desde su camita casi tuvo otro ataque, cómo se le ocurría a Zorzalo andar contando lo  de las lombrices a medio mundo. Ya vería ese irresponsable cuando se fueran las visitas y ella se levantara. ¡Si no hubiera sido por el tremendo dolor de cabeza que tenía!

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