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Posts Tagged ‘burla’

Stingy Jack era famoso en su aldea por ser el hombre más pillo y tacaño de todos los tiempos. Jack era capaz de sacar agua de una piedra y a la vez, incapaz de dar ni una mirada  a los demás.

A tanto llegó su fama que de todo el condado llegaban a conocerlo y  no faltaban los audaces que trataban de vencer su avaricia y hacer mella en su bolsa. Ninguno de los que trataron de engañarlo fue capaz de hacerlo y, por el contrario, todos ellos se marcharon con los bolsillos vaciados por él.

Su fama había crecido tanto que llegó a oídos del Diablo.  Al principio, este se sintió satisfecho, allí tenía un buen discípulo, pero pronto  le molestó  su fama y una noche de muertos decidió que había llegado el momento de visitarlo. Era hora de cobrarse su alma perversa y adornar con ese fruto de lujo su galería de la fama.

Disfrazado de campesino, el diablo llegó hasta la posada donde Jack bebía a costillas de los muchos ingenuos que creían ciegamente que alguna noche le verían abrir la bolsa.  El diablo se sentó a beber con su alumno y conversaron mientras la hora de la medianoche  se acercaba.

Cuando faltaba poco para el momento crucial,  el diablo se reveló ante su compañero. Le habló con simpatía;  nada que le gustase tanto como un tunante avaro y aprovechador. Jack se mostró halagado y su expresión no cambió cuando el Diablo le propuso que partieran al infierno  al sonar la última campanada.

Jack  aduló largamente a Lucifer, nadie podía imaginar, acotó,  lo orgulloso que se sentía de que su maestro en persona hubiera venido por él. Mientras el Diablo  se relajaba satisfecho, Jack no dejaba de amenizar  la conversación con numerosos jarros de buena cerveza.

Cuando  el Diablo ya estaba un poco mareado y le recordó que era hora de partir, Jack  puso un rostro triste. Qué pena, no podían irse aún, no tenía dinero para pagar  la cerveza y  esos  tontos campesinos  carecían de modales, no cabía duda que serían capaces de ofender a su señoría.

Tanto lo lamentó Jack y viendo que la hora  corría, tuvo el tunante la erxcvelente idea de que el Diablo se convirtiera en una moneda de plata. Con la moneda, Jack podría pagar el consumo y luego era cosa de que su señoría volviera a su forma habitual, qué divertido sería cuando el tabernero descubriese que la moneda había desaparecido.

El  Diablo estaba encantado, accedió a su solicitud: se convertiría en una moneda de plata para que  Jack pudiera pagar y entrar con él al Infierno. En un abrir y cerrar de ojos, así lo hizo.

Apenas vio la moneda, Jack la metió en su bolsillo derecho y el diablo, aterrorizado, se encontró allí en compañía de un crucifijo de plata: estaba perdido.  No  podía salir, no podía recobrar su forma, era prisionero de Stingy Jack.

Tras una larga negociación, el Diablo accedió a todas sus peticiones. Jack conservaría la vida y su alma por un año más y a cambio tendría incontables riquezas por ese tiempo. El Diablo se marchó furioso y jurando vengarse a la primera ocasión.

Un año después,  el día anterior a la noche de todos los muertos, Jack llegó a ver al párroco y le pidió que le hiciera un favor: necesitaba que le bendijese una daga de plata. El párroco quiso saber el motivo pero Jack le dio largas y  no le contó nada.

A la noche siguiente y a la misma taberna, el Diablo  regresó por su alumno.  Jack lo estaba esperando. Lo recibió con grandes muestras de aprecio, le preguntó por su salud, le aseguró que estaba arrepentido y que su año de vida extra le había sido muy insatisfactorio. Es más. Jack quería viajar esa misma noche a la tierra de los muertos, incluso tenía, y le mostró, una moneda de plata reluciente para pagar a Caronte, el barquero que lleva los muertos al infierno. La moneda tintineó en la mesa.

Salieron juntos otra vez y caminaron por el sendero bajo la luna.  De pronto, Jack miró hacia arriba. Estaban parados bajo un enorme manzano.

Qué deliciosas manzanas, le dijo al Diablo.  Esa debiera ser la última comida en la tierra de cualquier pillo que se estimara. Y ponderó tanto la dulzura y el sabor de la fruta que convenció al demonio de subir por un par de ellas, una para cada uno. ¿Subir él? Imposible, la vejez le tenía los huesos anquilosados.

El Diablo trepó al manzano y apenas iba por  las ramas buscando la manzana  solicitada Jack sacó del bolsillo la daga de plata y talló una cruz en el tronco, cuando el Diablo vino de regreso no pudo pasar, estaba atrapado otra vez.

Esta vez, Jack no sólo reclamó diez años de vida extra, también exigió  que el Diablo  jurara que no cobraría nunca su alma. Satanás se marchó con la cola entre las piernas.

Diez años después, como había prometido, Jack, que ya estaba tan viejo que no tenía ánimos de luchar,  murió para alegría de vecinos y viajeros, que ya temían que fuera inmortal.  Poco tiempo después estaba ante las puertas del paraíso, pero no sabía que su fama también había llegado por allí: San pedro se negó a dejarlo entrar y tras  invitarlo a visitar el infierno le cerró la puerta en las narices.

Jack rehizo su camino, pero ahora tampoco el Diablo quería saber de él. Apenas llegado a la puerta lo echó con viento fresco y clausuró para siempre el infierno a Stingy Jack.

Desde entonces, el malvado avaro  vaga por la tierra de nadie  y apenas ve otro espíritu perdido por allí, corre a ver si puede estafarlo.  El leopardo no pierde las manchas

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