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Posts Tagged ‘aventuras’

 

Los ataques de la Brigada Tiuque continuaron hasta que la moral de nuestros héroes estaba tan por los suelos que la pisaban continuamente, tropezando y cayendo una y otra vez.

Bajas también estaban las reservas de la despensa de  Zorzalo López. Zorzalina, desesperada, ya no sabía qué cocinar.  Cada mañana le daba un ataque en cuanto miraba  el depósito de víveres.

-¡Qué vamos a hacer! -Se quejaba.

Zorzalo  López   trataba de soportar sus apreturas con optimismo, pero cuando  todos los pájaros se reunían para buscar una solución al problema, lo único que  escuchaba  eran lamentaciones:

-Hoy día se me acabó el alpiste. -Se condolía Elisa Chincólez.

-Lo que es a mí ya casi no me queda raps, pero hoy tengo unas miguitas que me servirán para amasar un poco de  pan.- Mari Loica,  famosa por sus masas campesinas.

Leotordo, con ánimo tan negro como su vestidura, intervenía pesaroso.

-¡Qué primavera más lamentable, hasta las lombrices escasean!

Un día las quejas subieron tanto de tono que  Zorzalo, con mirada sombría, resolvió tristemente.

-Tendremos que emigrar fuera de temporada.

Sus palabras  provocaron un silencio tan espeso que Leotordo trató inútilmente  de cortarlo con su bastón de inválido. Nadie sabía qué decir. Era una resolución tan grave, eran tantos los peligros a los que se exponían.

-Esperemos a ver qué logra el agente  00Bird.- Argumentó tímidamente Zorzalina.

Mejor se hubiera quedado callada. Zorzalo  se agarró de sus palabras y no dejó espantapájaros con cabeza. Durante largo rato ridiculizó a James Swallow. Que era un actorcillo  en decadencia, que para lo único que tenía licencia era para piar, que, si no se habían dado cuenta,  Palomingo seguía espiándolos desde  el acacio todas las mañanas -aunque se viera cada día más deprimido- y, por último,  que Golondrisa  tenía que tomar, por una vez,  las cosas en serio. En esta ocasión  no se estaba hablando de un negocio cualquiera, era la vida de todos la que estaba en juego.

Golondrisa estaba tan amargada que se fue al último rincón de la hiedra a llorar. Cuando, un par de horas más tarde Mari Loica se acordó de ella no pudo encontrarla por ninguna parte: Golondrisa Petrucciani había desaparecido

-Tiene que estar por ahí, búsquenla bien. -Dijo Zorzalo secamente.

-¿No se habrá enojado por lo que dijo usted, mi estimado Zorzalo? -preguntó Leotordo

Juanito Chincólez se mantuvo en silencio. A él  no le gustaban nada esos arranques de mal humor de Zorzalo. Si las cosas seguían empeorando ya tenía pensado echarse a volar.

Zorzalo no quería dar su brazo a torcer, insistió con aquello de que Golondrisa no se tomaba nada en serio. Que de todos sus primos no se hacía uno. Y por último, esto no era ninguna película, estaban viviendo un conflicto de verdad.

-Claro -dijo Mari Loica-, pero mientras no lo resolvamos, quién nos devuelve a  nuestra amiga.

Lo más triste de todo es que, para sus adentros, todos le encontraron la razón.

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2661966785_1fe2f987fa-¿Qué vas a contar hoy, abuela?

-Yo quiero saber qué le ocurrió al hidalgo

-¿Le cortan la cabeza a alguien? -Es la voz de la pequeñuela.  Los niños ríen estrepitosamente.

-¿Por qué no? -interviene la abuela que ha visto temblar el labio inferior de su nieta- Vamos a ver si hoy le cortan la cabeza a algún personaje.

Un no general cruza la audiencia: nadie quiere que la cabeza del hidalgo sea cortada. Cuando la abuela logra que los ánimos se calmen reanuda inmediatamente su relato:

¡Qué noche negra he pasado, Dios mío. No quisiera yo tener que contarles de  los disturbios ocurridos, pues acontece  que las rencillas entre Diego Colón y el alcalde Francisco Roldán han pasado de castaño a oscuro, de manera que el adelantado Bartolomé, el hermano de menos seso,  lo ha hecho detener y condenado a muerte. Así pues, no  han podido llegar los Colones a la mesa de juego, dicen que casi no salen a la calle para no recibir las  miradas de odio de la población; se rumora que tarde o temprano deberá embarcar don Cristóbal para España,  a rendir cuentas ante  su Majestad.

Como si ello fuera poco, el capitán del Doña Inés apenas ha alcanzado a presentarnos a otros jugadores  y ya estaba el más malencarado de ellos   tratando de acaparar toda la mesa para sí. Ha  dejado   sin blanca a mi amo, el muy calavera. Algunos de sus ardides bien los conocía yo de antiguo, que no hay quien no haga esas trampas en las tabernas de Cádiz, ¿mas qué podía yo hacer, rodeados como estábamos  de  sus compinches y toda clase de aventureros de mala calaña? Si el hidalgo  no ha perdido la camisa es porque ha dejado antes  la capa en manos de este tal Alvarado,  marinero de poca monta y menos escrúpulos,  que no ha parado hasta arrebatarme de sus manos. ¡No ha debido mostrarme tanto, pobre de mí! Ya sabía yo que mi belleza le pondría en apuros. ¿Quién podría resistirla?

¡Qué dolor, qué pena!  Muy cretino habrá sido Campomanes, pero lo de hidalgo, eso no se lo quitaba nadie, no como éste, que parece salido de una porqueriza.

¡Bien lo decía yo, zzumm, zzumm, que el hidalgo Campomanes era un mentecato de primera! Ha dejado fácilmente su oro en las faltriqueras del tramposo y en cuanto se ha visto desplumado   se ha jugado  la  capa y mi persona. ¡Y ha perdido!

José Alvarado se llama mi flamante poseedor, el canalla  que se luce con mi elegancia sobre el pecho y los terciopelos de Campomanes sobre los hombros.

¡Miente este Alvarado con una soltura que ya me quisiera yo para abandonar mi prisión! Le ha jurado por su santa madre al de Campomanes que le daría esta noche la revancha en la mesa de la taberna,  pero ha resultado ser huérfano y apenas salimos de allí se reía a gritos de mi antiguo amo por haberle creído.

Nos hemos venido raudos hasta el puerto, donde ha embarcado de inmediato en esta batea maloliente, llena hasta el tope de los individuos más terroríficos que haya visto yo en mi vida, piratas,  tenedlo por cierto,  zzumm, zzumm, y conste que he visto muchos,  nunca  peores.

 

Vamos, según parece, camino de las nuevas colonias en la isla de Cuba. Alvarado, quien nunca ha trabajado un día a nadie,  no ha visto mejor modo de hacerse rico que sentarse a la puerta de su casa  con una botella de vino mientras los pobres indios se desloman abriendo  la tierra en su nombre a punta de latigazos.

Zzumm, zzummm, qué mala suerte la mía, de las joyas polvorientas  a las manos de aquel tonto de Campomanes y seguir de mal en peor hastar caer   en  poder del porquero (bien segura estoy  de que no pudo haber sido otra cosa) ¿Es que no hay bien ni honestidad entre los hombres de esta tierra?  Mis antepasados no tenían más que su colmena y un par de alas, pero puedo jurar que jamás le hicieron mal a nadie. Ni de casualidad. Es cierto que a veces enterramos nuestros aguijones en algunas partes blandas, pero  siempre fue en defensa propia, de eso estoy segura.

 

La anciana calla. Daniel la mira preocupado y pregunta:

-¿No irás a dejarlo aquí, verdad abuela? Es mucho más corto que ayer. Una buena historia no puede terminar tan brevemente.

-¿De veras? Bueno, por hoy es suficiente, mañana veremos cómo fue que  José Alvarado desembarcó inesperadamente.

-¿Desembarcó, dónde?

-Si quieres el final de la historia vas a tener que esperar  hasta que llegue. Nunca empiezo por  los finales.

-¡Al final, nunca le cortaron la cabeza!

Las  carcajadas coronan las palabras de la  pequeñuela.

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2457202224_df757200ed_oEl crepúsculo ha montado un espectáculo soberbio entre los árboles y la iluminación se cuela por todas las ventanas y puertas que el calor obliga a mantener abiertas. Apenas corre una delicada brisa, que sacude con dificultad  el velo de las cortinas. Cuando la abuela hace su aparición  todos los niños están repartidos  en la alfombra mordisqueando fruta  o disputándose algunos caramelos pegajosos. Cuando la anciana se sienta, acomoda los cojines que la rodean, estira la larga falda y carraspea discreta.

 

Nunca sabe uno lo que le depara la vida, ténganlo por seguro. -Comienza.-  Y si no me creen, aquí me tienen, preocupada de la edición de mis memorias cinco millones y  once  mil  un años después de mi nacimiento. Sí, no pongan esas caras, no me he equivocado ni estoy mintiendo. Se muy bien que las avispas tenemos vidas breves, ese tipo de comentarios no me son de utilidad,  más parecen salidos de los élitros de la reina del avispero en que nací.

Para  que se los voy a negar: Su Alteza  jamás me habría perdonado este tremendo éxito, esta inesperada inmortalidad y merecida fama que logré casi sin proponérmelo. Supongo que habría preferido ser ella la que se encontrase en mi lugar, zzummm, zzummm.

Olvidaría, eso por descontado, que después de su paseo nupcial jamás abandonó la colmena; es más, no recuerdo que tan sólo una vez se asomara a la puerta, qué va, ella sólo estaba preocupada de sus zánganos favoritos, de la comida de las obreras y de la disposición de los soldados. Cuando se reina, la vida es mucho más sencilla, todo se limita a dar órdenes, jamás se les pasa por la cabeza que las obreras  estamos arriesgando nuestro aguijón desde el primer aleteo. Zzummm, zzummm.

Por eso, si a una obrera le llega a ocurrir lo que me pasó a mí…la fama a posteriori nos viene muy merecida.

En fin, basta de minucias, dejemos que los hechos hablen por sí mismos.

 

Ya es tarde, el benjamín de la familia se ha quedado dormido con el gato encima y  a Daniel los párpados se le van tumbando lentamente sobre los ojos. La abuela estira las arrugas de su falda y bebe un largo trago de tisana del vaso que siempre tiene al alcance de sus manos.

-Y, ¿qué les ha parecido la historia de hoy? -pregunta- ¿Quién conoce a su protagonista?

-¡Es Mignon, abuela. -Salta Daniel.

-¡No puede ser tan vieja! – Rechaza otro, incrédulo.

-En eso te equivocas,  -la abuela otra vez- es muy probable que este trozo de ámbar sea aún más antiguo, que tenga diez o doce millones de años. No lo se muy bien, pero mañana exploraremos otra parte de su pasado.

Una retahila de quejas recibe sus palabras, nadie quiere irse a la cama todavía. ¡Fue tan corta la historia de hoy!  No hay caso, cuando la abuela dice no, siempre es no. Hoy está demasiado fatigada, mañana a esta misma hora.

Poco a poco la sala va quedando vacía, al final sólo la abuela sigue allí, abanicándose suavemente las mejillas a las que el calor veraniego les  ha subido el rubor. 

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Este lunes, nuevo capítulo de La Sociedad del Diamante Secreto, la  fantástica  historia de Diego Herreros tratando de salvar el mundo  tal como lo conocemos. Y además, una nueva poesía para recitar a los pequeños o disfrutar personalmente. Hoy los dejo en compañía del Ratón, para que sepan cómo fue que se convirtió en Esteban y aprendan a quererlo.

Nos vemos

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Sí, ya llega,  estamos muy cerca del desenlace de La Sociedad del Diamante Secreto. ¿Alguno de Uds. se imagina qué es lo que sucederá? Pronto lo sabrán.  Y además, muy pronto empezará una nueva historia por capítulos, Lino y Tai, Cazadores.

Lino y Tai son dos niños  perdidos en el mundo…paleolítico. Y no pienso contarles qué les va a  suceder. Ya lo verán por  sí mismos, sólo puedo  adelantarles quién será su  compañero de aventuras: un pequeño mastodonte.  A leer y disfrutar

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