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Knut ha muerto

Knut era una bolita de pelos húmedos y manchados de sangre; tenía los ojillos bien apretados como suele suceder con todos los recién nacidos, que se niegan a ver dónde han caído finalmente.

-No es mío -dijo su madre-, no se parece en lo más mínimo a mí, ignoro de dónde pueda haber salido. no lo quiero y no soy la primera, se de buena fuente que la Mujer rechaza a menudo a sus crías y no veo por qué tendrían que obligarme a mi, sólo por ser una osa polar, viviendo como vivo en estas horribles circunstancias: una jaula, un estanque, Hombres espiándome todos los días. Llévenselo, no es perfecto, no lo quiero.

Y así ocurrió que Knut, nacido en cautiverio en el zoológico de Berlín, fue criado por el Hombre. Resultó ser un oso polar de buen carácter, alegre y revoltoso, al que le gustaba mucho jugar con sus cuidadores. Todas estas cualidades, como es lógico, fueron desapareciendo a medida que llegaba a la adultez. Para entonces, como cualquier otro oso polar cautivo, se instaló solo en una jaula cómoda y nadaba con placer en su propio estanque.

Knut sentía algo extraño en su persona, pero nunca supo qué era exactamente.  Un hambre extraña le roía las entrañas.  Le hubiera gustado correr por la estepa helada, aunque nadie le hubiera dicho nunca qué era éso. Soñaba con perseguir focas, cuyo  fuerte y delicioso olor le llegaba claramente desde su estanque, no muy lejos del suyo. Knut se avergonzaba un poco de esos anómalos sentimientos. ¡Qué iban a pensar de él si supieran lo que pasaba por su cabeza!

Por su olor, sabía que la Osa Madre vivía en las cercanías, pero no se le pasaba por la mente que hubiera sido abandonado por ella. de haberlo sabido, tampoco le habría importado: la Madre Osa debe abandonar al cachorro defectuoso para salvar la vida del nacido sano. Todos los osos polares saben eso y ninguno se atrevería a quebrantar la ley.

Pero claro, los Hombres estaban allí y gracias a ellos, Knut había sobrevivido. Por esa razón, Knut sentía un singular  simpatía por algunos Hombres, los que conocía,lo que no impedía que el aroma de los desconocidos estimulara su apetito voraz de oso polar.  Knut llevaba tranquilo su vida de estrella  sin saber que lo era. Lástima que su vida estaba destinada a ser breve y que el amor de madre osa nunca lo había acurrucado. Hasta el último de sus días, Knut sentiría la falta de ese abrazo  de alguna manera inconsciente e instintiva.

Knut fue hallado muerto en su estanque personal, de alguna manera, su prisión se había convertido en su tumba. Sólo podremos recordarlo como ese bello cachorro de oso  con aspecto de juguete perfecto, difícilmente exhibirán fotos de su cadáver. Buen viaje, Knut, por los hielos eternos del más allá…quizás llegues un día a ser abrazado por esa madre que sólo seguía los dictados de la naturaleza. gracias por regalarnos tu belleza por el  breve lapso de cuatro años.

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