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Archive for the ‘zoocuentos 2011’ Category

El ciervo ratón almizclero acuático (¡Uf!) vivía su vida en paz y armonía. Amaba las riberas de los ríos que riegan su territorio, se escondía previsor de los predadores que lo amenazan y se reproducía un poco como aquellos a quién se parece, los roedores,  por lo tanto, su población se mantenía estable. Sólo una cosa lo molestaba: la condenada insistencia de los hombres en llamarlo ciervo ratón. ¿Vamos, es que no lo habían visto? ¡Si era cosa de mirarlo, de ver sus lindas pezuñas, su escueto rabo, su bello lomo, su hociquillo vegetariano y rumiante! ¡Cualquiera podía darse cuenta de que era un ciervo! ¿Cómo decían, colmillos? Si, cierto que le asomaban esos feos colmillos de roedor, pero si no fuera por ellos habría sido muy difícil escarbar por raíces, uno tiene que arreglárselas en esta vida.

Era cosa sabida entre  los ciervos almizcleros acuáticos –a quien podríamos llamar por su versión en inglés, chevrotain, para simplificar las cosas- que había un primo de América, el pudú. En las  oscuras noches que los predadores rondaban sus refugios, se solía hablar de la buena elección domiciliaria del primo. Bastó una decisión audaz para que ahora tuviese una estupenda selva lluviosa casi para él sólo. Un poco fuera de circuito, cierto, pero sin leones, sin leopardos, sin hienas, sin víboras ni otros vecinos desagradables de aquellos que insisten en incluirlo a uno en el menú. ¡Qué buena habría sido la vida del chevrotain si hubiera escogido Sudamérica en vez del África Negra! Es casi seguro que podrían pasear tranquilamente a la orilla del río en vez de andar a salto de mata, escondiéndose hasta de su propia sombra, aprendiendo a nadar en todos los estilos conocidos y por conocer para arrancar de esos vecinos tan voraces que no le daban tregua. Una pena no poder comunicarse con el primo de América, contarle al pudú que el chevrotain, el ciervo más pequeño del mundo, vivía valientemente en el territorio más peligroso de África sin que le temblara una patita y mucho menos el bigote. Ni hablar de que le castañetearan los colmillos…¡habría sido terriblemente incómodo!

Así pasaron los tiempos mientras el chevrotain, superadas las dificultades de los tiempos primigenios, se afianzaba en los ríos del continente negro, conversando en las horas flojas de la canícula sobre lo lindo que sería conocer al primo de América. Sin duda, el pudú quedaría sorprendido al constatar  la bravura de un  cérvido más pequeño aún que él mismo.

Repitiéndose a sí mismo lo maravilloso que era,  había pasado el día que las páginas de  un viejo periódico resbalaron hasta la orilla del agua. El primer chevrotain en verlo corrió de inmediato a contarle a su familia que acababa de ver una foto en la prensa,  nada menos que del primo de América. Un rápido galope dejó a la manada devorando las palabras del artículo en cuestión:

…”el pudú que habita en la selva valdiviana…” –esas eran las buenas noticias, el primo no se había cambiado de casa-…” se encuentra ahora en peligro de extinción en su hábitat natural…-y esas eran las malas, pasaban por los mismos problemas- …”  es el ciervo más pequeño del mundo…”

Bastó con leer esas líneas para que  todos los chevrotains montaran en cólera. ¡Qué farsante, cómo se atrevía el pudú a apoderarse de un título duramente ganado por el chevrotain! Además, como si fuera poco, no tenía colmillos y ostentaba un par de cuernitos bellísimos…qué injusticia, cómo podía El Creador haber hecho al primo de América más parecido a un ciervo que el chevrotaine, era el último y peor de los agravios.

Una comisión especial revisó toda la información posible para llegar a la conclusión    de que el pudú era aproximadamente veinte centímetros  más chico y un par de kilos más liviano que el chevrotaine. Era, efectivamente, el ciervo más pequeño del mundo. Al chevrotain le costó mucho tiempo asomar otra vez el  hociquillo fuera de su refugio. Si hasta le parecía que se reían de él. ¡Seguramente todos habían leído el diario antes de que ellos lo  devoraran hasta la última letra para acabar con la evidencia, y eso que sabía bastante mal.

Últimamente se ha sabido de algunos chevrotains que hacen rigurosa dieta para pesar menos que sus primos americanos, pero todavía no ha habido ninguno que logre medir menos y no pasa un día sin que tan triste noticia les atormente su pequeño corazón de ciervos almizcleros de agua.

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Apenas había sido presentado en sociedad cuando el Tenrec listado sorprendió a todo el planeta  con su novedoso sistema de comunicaciones: un código secreto que se trasmitía mediante el roce de sus púas cervicales. Como era de esperar, todo el mundo científico quedó con la boca abierta.  El Tenrec listado, diminuta criatura recientemente descubierta,   había  sido catalogado apenas un tiempecillo antes y ya estaba dando que hablar.  ¡Cómo era posible que un  animalito tan pequeño, casi insignificante, hubiera creado una manera tan  elaborada de comunicación! Cierto que era bonito…para tratarse de un erizo, y sin contar con lo escurridizo que era el animalito en cuestión.

Los primeros en manifestarle su  comprensión fueron los lemúridos. El Aye-aye en persona había organizado una manifestación de apoyo.

-Cualquiera que haya vivido en Madagascar puede entender la necesidad del Tenrec listado de mantener su existencia en secreto – arguyeron.

Cuando la prensa malgache les demandó mayor precisión se negaron tajantemente a aclarar sus palabras.

-El Hombre es un recién llegado en esta isla y no seremos nosotros quiénes le demos en el gusto -Dijo el Lémur de cola anillada.

-De haber seguido los consejos del Tenrec listado,  muchos miembros de mi familia seguirían  con nosotros -expresó el Aye-aye con su habitual ánimo fúnebre.

La aparición del Tenrec listado había puesto de cabeza a los zoólogos, que no pueden vivir sin entrometerse en la vida íntima de las especies.  Ahora, el descubrimiento del código secreto los tenía al borde del colapso  a causa de la curiosidad.

Los Tenrecs listados no hicieron el menor esfuerzo por facilitarles el problema. Simplemente,  continuaron paseando en los rincones secretos de la selva y frotaron  sus púas afanosamente hasta  comunicarse con todos los despistados que se habían extraviado por allí. Jamás habían esperado la popularidad y desde la aparición en BBC  se reunían  diariamente para rogar al Creador por el urgente fin de la televisión.

-Ya ni  a escondidas se puede vivir tranquilo en este planeta -reclamaron.

Porque  mucho antes que el hombre, ese desagradable y presuntuoso ser que se cree amo de la Tierra,  osase siquiera pisar las arenas de Madagascar, los Tenrecs listados habían padecido los abusos de cualquiera que fuese más grande que ellos. Y vaya que eso no es nada difícil. Los Tenrecs habían llegado a creer que las Fossas  eran la manifestación misma del mal hasta que finalmente el hombre había aparecido por allí. Cuando eso sucedió, el Tenrec listado se escondió en el corazón de la selva y puso a sus Consejos de Sabios a trabajar en la solución del problema y así fue como se llegó al Código Secreto.

Porque sin rugidos, sin alaridos, sin chillidos…¿cómo puede uno comunicarle a las crías despistadas que se están exponiendo al peligro?

Hasta que a un genio se le ocurrió la genial idea:

-Podemos frotar nuestras púas cervicales y crear un lenguaje con ellas -propuso.

Una ovación cerrada  saludó sus palabras y como  de sobrevivencia se trataba pusieron púas a la obra de inmediato.  Lo que no fue fácil, El Creador y La Naturaleza estaban tan ocupados con las especies importantes que ni siquiera respondieron su solicitud de Cambio Físico. A los Tenrecs no les quedó más remedio que proceder a la antigua usanza:  trabajo evolutivo duro, lento y concienzudo. Léase, milenios.

Hasta que al fin nació  una generación  con púas bien adaptadas y que tenía el lenguaje secreto bien inscrito en su código genético. Los Tenrecs listados dieron un suspiro de alivio pensando que la supervivencia de su especie al fin estaba asegurada y continuaron viviendo en paz.

Pero ahora, después de la mala jugada que les hizo la televisión británica andan con el ánimo por los suelos.

– ¿Quién puede ser tan idiota como para desear esos malditos quince minutos de fama? -alegaron- ¡Ni que fuéramos hombres!

Y se dice por la selva que están abocados ya a conseguir una nueva  fórmula que les asegure el anonimato que siempre  quisieron.

 

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Para los cangrejos de la Isla Christmas nunca fue  fácil vivir allí. Christmas. ¡Gracias a ese nombre, todo estaba relacionado con la Navidad, pero nada era realmente navideño!  A los cangrejos, que soñaban con el pavo asado, el plum pudding y las galletitas de gengibre no les  bastaba con que la isla llevara ese nombre, ellos querían ser los más activos celebrantes de la Navidad, pero algunos obstáculos se interponían en su camino.

Primero: Nadie considera a los  cangrejos para la celebración navideña, salvo como parte integral de la ensalada.

Luego,  resultaba que Christmas es una isla de clima tropical, por más que trataron, tanto el Creador como la Naturaleza se negaron a concederles una Navidad Blanca.

Después de batallar milenios en vano, los Cangrejos presentaron una nueva solicitud: querían ser rojos, el color  símbolo de la Navidad.

-Pero si los únicos rojos son los cangrejos cocidos -arguyó El Creador.

-No queremos ser cocinados -respondieron los Cangrejos. Queremos ser Cangrejos Rojos,  tan rojos como las poinsettias y el traje de Santa Claus.

La Naturaleza se rio en sus barbas, pero la idea le resultó muy atractiva al Creador, que estaba un poco molesto por la comercialización de dicha fiesta, de manera que les concedió graciosamente  su  anhelo. De un segundo a otro, los cangrejos adoptaron un vivo color navideño, pero cómo este los hacía muy atractivo para los amantes de los cangrejos como plato frío,  debieron refugiarse en madrigueras subterráneas.  Allí crecieron, se multiplicaron y alcanzaron la nada módica cantidad de cuarenta millones de cangrejos rojos, unos más, unos menos.

Y entonces, en el peak de la locura navideña, los Cangrejos Rojos decidieron que debían tener a toda costa una Navidad Blanca, aunque  nunca conocieran la nieve  más que por las fotografías  e ilustraciones que tanto admiraban.

Decidieron elegir Rey de los cangrejos rojos a aquel que lograse tan preciado objetivo y los Consejos de Ancianos y Sabios Cangrejos Rojos se reunieron para encontrar al merecedor de tal título. Así transcurrió otro par de milenios a la espera del Elegido, hasta que un día uno de ellos despertó y dijo.

-¡Tuve un sueño maravilloso, soñé que todos pasábamos vacaciones de Navidad en medio de la blancura!

¡Qué absurdo, a quién se le ocurría idea tan peregrina, era un hecho que nunca lograrían la Navidad Blanca!

Pero el soñador insistió y cuando fue  llamado al Consejo, explicó  claramente lo que había soñado:

-Soñé que al finalizar noviembre,  todos juntos emprendíamos una migración hasta una extensa playa de arena blanca como la nieve. Allí construíamos  pequeñas madrigueras donde pasábamos las fiesta de Navidad,  conocíamos a las más lindas cangrejitas que existen y procreábamos una nueva generación de cangrejos rojos mucho más felices.

Ni al Creador ni a la Naturaleza les sorprendió en lo más mínimo que los Cangrejos Rojos tomaran la loca decisión de migrar antes de Navidad.

-Siempre han sido unos locos desatados -dijo despectivamente la Naturaleza.

-Son los fieles representantes del espíritu navideño -explicó el Creador – y además aprovecharán de lucir ese precioso color en su peregrinaje.

Para entonces, cuarenta millones de cangrejos habían abandonado ya las kilométricas galerías  que habitaban y atravesaban la jungla en dirección al mar. Casi tres días caminaron expuestos a los peligros de la superficie y no hubo quién los viese que no exclamara asombrado.

-¡Asombroso,  millones de cangrejos rojos, pero vivos,  se dirijen a la costa!

Entretanto, los Cangrejos Rojos llegaron a las arenas blancas, aovaron en sus nuevas madrigueras y dejaron allí a la siguiente generación de la especie; después, emprendieron el camino de regreso.

Cuando las crías salieron de los huevos, se metieron al mar hasta que estuvieron lo bastante crecidos para regresar a las madrigueras ancestrales, pero ya la idea estaba sembrada y desde entonces, todos los Cangrejos rojos vacacionan antes de Navidad,  engendran una nueva generación y  dejan con la boca abierta a todos los afortunados que los ven pasar en su fantástico viaje.

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