Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Uncategorized’ Category

ggm

 

Ha muerto Gabriel García Márquez, el niño de Aracataca que hizo volar su imaginación más allá de lo que él mismo creyó posible. Tiene detractores Gabriel García Márquez, gente menor que lo denuesta por sus ideas y que seguramente no ha sabido disfrutar de su obra. Personalmente, como cristiana, creo en otra vida, no solo para mí sino también para aquellos que como él, de seguro son agnósticos. Así pues, en mi opinión Gabriel García ya está, sino en el Paraíso, al menos en el Parnaso, lugar dedicado a los grandes, como él. Y sin duda alguna, ya tiene más que asegurada la vida eterna como escritor, por su prosa elegante, bella, poética, fulgurante, encendida. Una prosa tras la cual se percibe el calor y el color de la sangre.

Los envidiosos ya pueden comenzar a roerse las uñas. García Márquez ha muerto, ya es casi imposible que puedan superarlo.

 

Read Full Post »

sillaruedas

 

Juanpa tiene un año tres meses, es guapo, vivaz y precoz. Ya se siente capaz de perseguir a su hermano diez meses mayor y lo persigue con esos pasitos  ridículos de los niños que aún usan pañales. Juegan a la pelota, desparraman sus juguetes por toda la casa y siempre tienen las mejillas ligeramente pegajosas y algo manchadas de chocolate. ¿A qué pequeño no le gusta el chocolate?

Hoy, aunque los niños no lo tengan claro, es un día especial: hoy, papá está de cumpleaños. Quizás por ese motivo Juanpa y su  hermano mayor están mucho más felices, mamá está contenta, se afana en la cocina y no está tan al pendiente de sus andanzas. Mamá prepara una torta.

La tarde es tranquila en las afueras del pueblo. Los niños van al jardín y juegan con tierra, cortan hojitas, se sorprenden con los pequeños insectos y sus recorridos que parecen carecer de sentidos. Hormigas van, hormigas vienen, siempre a toda prisa y sabe quién con qué motivo y a qué misterioso destino.  En algún momento, Juanpa se siente solo, su hermano  ha desaparecido de su vista.  Sin temor, Juanpa lo busca, curiosea, se mete entre las plantas dejando tras  su paso una lluvia de pétalos rosados.

En algún momento, Juanpa encuentra la llave del agua, la manguera cuelga de ella y a Juanpa le gusta el agua. Quiere abrirla, liberar ese magnífico chorro cristalino para que corra a lo largo de los canteros dibujando corrientes en todas las direcciones.

Le gusta ese lugar. Es ahí donde Juanpa descubre a menudo cosas interesantes:  herramientas, guantes, ramas, macetas. ¡Cómo le gusta rebuscar ahí!  Con los ojitos brillantes apenas sombreados por las largas pestañas aterciopeladas, Juanpa se pone de puntillas y revisa con interés. Y claro, ahí está el tesoro.

El tesoro es un paquete de pastillas y a Juanpa le encantan las pastillas. No son bonitas como las que mamá suele darle. No, estas pastillas no son ni rojas, ni amarillas, ni azules, ni blancas, tampoco brillan, pero están ahí, casi al alcance de su manita y Juanpa las descubrió solito.

La puerta de la cocina está a un par de metros. “Juanpa”, llama mamá y Juanpa sabe que tiene que apurarse. La batidora manual zumba  sobre las claras batidas a nieve y una nube de azúcar despliega sus cristales sobre el bol.

-Juanpa.

Juanpa  chupa la primera pastilla y descubre con desilusión que no es rica, pero a Juanpa le gusta chupar y sigue chupando. Después de unos segundos la desecha. Es demasiado mala. Juanpa tiene razón, las pastillas  de veneno fosforado para matar pulgones no son buenas. Juanpa tiene mal sabor en la boca, escucha el llamado de mamá y entra en la casa.

Los niños  juegan en su dormitorio tratando de imprimir un toque más personal al pequeño caos de juguetes. Juanpa no se siente bien, se deja caer al piso. No sabe qué le pasa, las cosas dan vuelta a su alrededor. Hasta ahora,  Juanpa nunca  tuvo tiempo para saber  que las cosas podían…

Un grito de alarma  quiebra la tranquilidad de la casa, alguien ha descubierto a Juanpa. El pequeño tiembla y sus ojitos están  casi en blanco.

Las horas siguientes son difíciles de recordar. Los gritos de auxilio, el vecino que pudo llevarlos al lejano hospital, la entrada a Urgencias con el niño trémulo en brazos, blanco como una hoja de papel. Mamá nunca olvidará ese terrible día. Nadie en la familia podrá hacerlo.

Unos días después,  junto al cuerpo exánime de Juanpa, su hermanito mayor levanta los ojos hacia  la mamá y pregunta:

-¿Mi hermanito nunca más va a jugar conmigo a la pelota?

Mamá tiene un nudo en la garganta, no puede responder. ¿Te vas a ir, Juanpa? –piensa-No sé cómo podría vivir sin ti, no te vayas, Juanpa.

A Juan Pablo le encantan las pelotas, siempre han sido de sus juguetes favoritos.

Juan Pablo es un guapo chico de casi 18 años. Tras un largo camino sin ayuda de instituciones de ningún tipo, Juan Pablo hace su terapia  en el centro médico de una dama generosa. En la piscina Juan Pablo puede ponerse de pie y dar pasos  lentos, algo pesados, que lo llenan de orgullo. Normalmente se desplaza en su silla de ruedas, sin ella, gatea.

Juan Pablo hace policromía y guateros de semilla. A pesar de sus dificultades, se empeña en usar sus manos. Ama las cosas bellas.

El mejor momento del día para Juan Pablo es cuando mamá regresa a casa.  Entonces, se sientan a ver tevé en el sofá. Juan Pablo se acurruca junto a mamá, pegadito, pegadito.

-Juan Pablo es amor sin restricciones –dice mamá.

Le besa la frente. Juan Pablo le coge la mano y la cubre de besitos húmedos. Juanpa, después de todo, se quedó para siempre junto a mamá.

Read Full Post »

halloween2013

Read Full Post »

extraterrestres-2522

El caso de Travis Walton  es un desmentido de todas las teorías respecto a los extraterrestres amigables. En todas partes del mundo actualmente hay un creyente en la hermandad interestelar. De acuerdo a ellos, los extraterrestres son nuestros amigos y solo quieren nuestro bien, nuestra amistad y si se esconden de nosotros es más por temor a nuestra agresividad con el resto de los seres vivos. Tan creyentes son a veces estos grupos que llegan a ser capaces de envenenarse en forma masiva  para que sus almas –ya que al parecer sus cuerpos no serían aceptados por los amigos extraterrestres- puedan ser embarcadas sin mayores problemas rumbo a quién sabe qué sistema solar.

Pero Travis Walton tiene otra versión del “amigo” extraterrestre, una terrorífica.  Un día de noviembre Travis se encontraba trabajando con cinco amigos leñadores cuando vieron unas luces que creyeron eran causadas por un incendio.

Sin embargo, al llegar al lugar iluminado, vieron una nave posada sobre un claro del bosque. Travis se bajó del vehículo y se acercó para ver la nave y para su terror, la nave comenzó a moverse hacia él. Cuando trató de huir, fue alcanzado por un rayo luminoso que  bajó directamente desde la nave. Según Travis, recibió una fuerte descarga eléctrica y perdió el conocimiento por lo que él creyó era un breve período. Mientras se encontraba en ese estado, fue abducido al interior de la nave.

Entre tanto, valientemente, sus amigos huyeron a toda  velocidad en busca de ayuda policial dejándole abandonado. Así comenzaba la desaparición de Travis Walton: cinco días en que nadie lo vio ni supo qué era de él.

Durante esos cinco días, sus amigos debieron enfrentar las acusaciones de haber dado muerte a Travis. Nadie les creyó su versión acerca de la abducción de su amigo y fueron considerados sospechosos de homicidio.

Cinco días después, un hombre llamó a los padres de Travis para pedir ayuda. “Soy yo”, dijo. Cuando sus padres lo recogieron les costó creerle. Travis estaba física y sicológicamente deteriorado, parecía otro. Cuando le recordaron que hacía cinco días que se encontraba desaparecido, no podía creerlo. Travis estaba convencido de que su desaparición había sido de pocas horas.

Y cuando comenzó a contar su experiencia lo último que podía pensarse era que los extraterrestres eran amistosos y fraternales.  Travis recordaba haber sido observado por unos hombrecillos pequeños y calvos que, al ser rechazados físicamente por él, optaron por llamar a un humanoide más alto y de mayor fuerza física, muy similar a él, que lo introdujo en otra parte de la nave.

En ese sector, Travis descubriría un verdadero zoológico de seres vivos diferentes.  Seres vivos prisioneros de los extraterrestres amigable, que a veces eran algo desmemoriados porque no pocos de dichos prisioneros ya no eran más que unos restos descompuestos. Pobres seres enloquecidos que surcaban el universo en las mazmorras de una nave espacial.

Al parecer, algo de la personalidad o el físico  de Travis no les gustó a sus nuevos amigos. Debe ser porque los terrícolas somos demasiado violentos y no logramos congeniar con seres diferentes. Gracias a esto, Travis fue abandonado poco después en las cercanías del lugar donde fuera abducido. A duras penas, Travis logró llegar a un local comercial desde donde llamó a su casa. Solo entonces supo que su breve desaparición había tomado realmente cinco días de su vida.

Así pues, si tú eres parte de aquellos que creen firmemente que todos los seres vivos son iguales, encantadores y amistosos, llenos de sentimientos fraternales hacia los demás, piénsalo un poco antes de acercarte a la primera nave voladora con que te tropieces. Recuerda a Travis Walton y observa antes de actuar. Ni siquiera se trata de que los extraterrestres sean capaces de actos crueles, aquí mismo, en casa digamos, el capitán Cook fue convertido en asado por amistosos isleños que lo invitaron a almorzar sin aclarar antes que la comida la ponía él.  Y no es el único caso, no puedes olvidar que aborígenes de diferentes lugares del mundo fueron encerrados en zoológicos humanos de las principales capitales europeas hace apenas  unos ciento cincuenta años.

Personalmente tengo tantas ganas de encontrarme con un ET como de entablar relaciones con el matrimonio vecino que rayó mi auto y dejó bolsas de basura en mi puerta: para encuentros con  monstruos, basta y sobra con la mitología.

Read Full Post »

bebe leyendo

Si alguien puede recomendar los Cursos de Lectura desde la cuna que imparte Lectura Viva, es mi familia y todo comenzó de una manera muy sencilla: Mariagé Bautista, gran impulsora de este método, le prestó a mi hija entonces embarazada el libro de Loren Poupin.

Casi de inmediato, mi hija comenzó a leerle a su barriguita que crecía. Cuentos, poesías rimadas, canciones infantiles. También le hacía escuchar música de calidad. Después del nacimiento de mi nieto se incorporó el uso de libros apropiados para un bebé, que él pudiera manipular sin riesgo, y siempre procurando la calidad. Paralelamente, mi hija comenzó a formar la biblioteca de Tony, mi nieto.

Cuando me hice cargo de su cuidado, después de los seis meses, además de la lectura incorporé videos del alfabeto, en inglés y español, obtenidos en You tube. A los 3 años ya Tony conocía ambos, distinguía palabras que empezaban por la letra en cuestión y sabía de memoria una serie de canciones que le encantan. Hoy, acercándose a los cuatro, ya empieza a unir letras, quiere saber cómo se combinan y nos pide que le leamos los avisos, los nombres y los títulos de sus libros favoritos.

A Tony le encantan los libros. Los cuentos de Beatrix Potter son su pasión -Especialmente los Conejitos pelusa- y se muere por Fonchito y la Luna, de Mario Vargas Llosa. Mi hija se los lee todas las noches antes de dormir y a menudo quiere que se le lean a cualquier hora.

Agradezco a Mariagé Bautista y Loren Poupin por habernos encaminado tan pronto en este método estupendo. Personalmente hice algo similar e intuitivo cuando criaba a mis hijos -todos ellos lectores voraces- , pero sin duda alguna el apoyo que Lectura Viva puede aportar es invaluable. Yo vi lo que ellos hacían en los jardines de la JUNJI hace ya tiempo y el entusiasmo de los pequeñines frente a sus libros chupeteados y acariciados con pasión. Una pena que esos proyectos fueran interrumpidos por la JUNJI, poco visionaria  repentinamente, pero todavía pueden ser retomados con su espíritu original.

A cualquiera que quiera un hijo lector, le cuento que si espera a que este entre al colegio para empezar, ya estará atrasado. El niño lector ya ni siquiera empieza a formarse ya nacido, ahora comienza desde el vientre materno. Y usted lo sabe: un niño lector que se convierte en un adulto lector siempre estará más aventajado…además de disfrutar un mundo infinito de posibilidades de entretención y cultura.  Les recomiendo, a ojos cerrados, los talleres de Lectura Viva.

DATOS: lecturaviva@gmail.com

FONOS: 2226 5374- 098267295

WEB: lecturaviva.cl

Read Full Post »

Rana 1

Recordaba la imagen  que había visto tantas veces reflejada  en el agua, enamorado de ella,  pasaba las  noches lanzando suspiros. Desde su escondite, al verla pasar, le obsequiaba piropos cada vez más tiernos.

Cuca se preguntaba quién le prodigaba palabras tan bellas y atraída por las galanterías comenzó a sentir curiosidad.

— ¿Acaso no tienes valor para decirme de frente lo que sientes? —preguntó un día,  pero el silencio la  hizo alejarse. Hasta que en la siguiente ocasión él se hinchó y saltó.

— Soy yo, mi reina   —contestó en un arrullo, y haciendo reverencia, repitió las palabras que tantas veces había dicho.

— ¿Por qué no me hablaste de frente? ¡Me has cautivado!

La miró con los ojos desorbitados  en los que se reflejaba el correr de las aguas.

— ¿Acaso no te das cuenta por qué?

—No.

—Por mi rostro.

—No me importa el rostro, sino los sentimientos.

Torpemente la ciega rana se acercó al sapo. El croar inundó el río hasta levantar a los pájaros del bosque, que en su aletear desgranaron la noche. Solo un instante bastó, para escuchar el sonido de un beso.

Read Full Post »

persa

1

Les quiero  contar una historia muy rara

 

Este año que acaba de terminar debe haber sido el más raro de mi vida. No es que yo haya tenido muchos años raros, ni siquiera he tenido muchos años, acabo de cumplir doce, me llamo Antonia Gutiérrez, me gustan las cosas lindas, ir de paseo al San Cristóbal y tomar helados. Mi  actor favorito es Daniel Radcliffe  y mi película favorita,  todas las de Harry Potter. También me gusta la computación y sin duda me gustaría más si tuviera ocasión de practicarla, pero no tenemos PC en casa y aunque me encantan las clases que tomo en el colegio, es muy poco el tiempo que puedo dedicarle. Somos más de quince alumnos  para cinco monitores, así que ya pueden imaginarse cómo es eso.

Lo peor de mi vida no es que no tengamos muy buena situación económica, de ninguna manera. Mis padres son un siete y entiendo perfectamente que no todos en la vida pueden tener todo lo que quieren. No.  Lo peor es que soy hija única, lo que significa que mamá me cuida como si fuera su pasaporte al cielo y no me deja salir ni a la esquina si no estoy acompañada de tres guardias armados, media docena de escapularios y una procesión  de beatas que rueguen por mí. Lo peor de mi vida es que mi colegio no es mixto –ah, no lo sabían, todavía existen y mamá debe tener el listado completo de ellos en algún lugar conocido sólo por ella-, lo que significa que sólo voy a conocer chicos cuando vaya a la universidad; lo peor es que no estoy autorizada para salir sola, ni para abrir la puerta de casa cuando alguien se cuelga del timbre y que apenas suena el teléfono,  levanto el auricular y digo “Aló”, mamá levanta el otro y  dice:

-¿Es para mí?

Y bueno, por lo general sí es para ella o papá; las chicas de mi curso  deben encontrarme aburridísima porque no tengo permiso para ir a ninguna parte, de manera que sólo me llaman cuando necesitan ayuda con las tareas. Porque sí, debo reconocerlo, soy la mejor alumna del curso.

No importa, ya cumplí doce años. Al paso que voy, en apenas seis estaré entrando a la universidad –tengo muy buenas notas y espero mantenerlas en media- y allí, cuando sea mayor de ed

2

La galería de los anticuarios

-Ese la galería de los Anticuarios –dijo mamá.

¡Qué decepción, era una bodega vieja, que se levantaba gris y deslustrada en una esquina poco concurrida del sector antiguo de la ciudad. Mamá se estacionó  cerca, bajamos,  y, abriendo la puerta trasera  comenzábamos a bajar del utilitario las bolsas con alimentos que había preparado desde  que abriera el día.

Moría de curiosidad de manera que me puse a examinar todo el lugar. Hacía unos meses que mamá se había hecho cargo de la cafetería del lugar y  desde entonces se levantaba  antes de que saliera el sol, y partía a la Vega a comprar  mercadería en cantidades cada vez mayores. Al parecer el negocio marchaba, lo que tenía a mamá cada vez más satisfecha.  El nuevo proyecto económico de la familia nos estaba sacando de aprietos económicos y pequeñas comodidades nos sorprenden cada día. Mamá había comprado algunas prendas de vestir nuevas para todos –por suerte, todo me estaba quedando chico y me veía ridícula-, un gran refrigerador flamante atiborrado de carne para los hambrientos clientes de la cafetería,  un LCD en el que papá puede  ver los partidos de su equipo favorito –  y el utilitario, por supuesto. Un furgoncito chino salpicado de rayas y  una que otra abolladura que mamá cargaba hasta que apenas podía moverse.

Ayudadas por un carrito que se adivinaba apenas bajo una torre de lechugas, tomates, pan y frutas diversas, madre e hija se internaron por los pasillos dla galería.

Yo, que iba por primera vez, estaba asombrada, me sentía empequeñecida entre esos locales atiborrados de mesas deslucidas, roperos con la luna del espejo desteñida, cómodas desportilladas, sillas con el tapiz sucio e hilachento, sillones con los resortes asomando a la superficie, teteras saltadas, floreros trizados,  cajitas diversas, muñecas de ojos muertos y rulos despeinados, pinturas  enmarcadas en molduras que alguna vez fueron doradas y ahora estaban oscurecidas por el tiempo y la suciedad.

La mañana se fue en un soplo. Mientras mama cocinaba y atendía a la numerosa clientela, yo iba de un lado a otro acarreando bebidas y vasos, servilletas y sándwiches que chorreaban mayonesa y palta. ¡Cómo trabajaba mamá! Ahora podía entender porque llegaba a casa tan cansada y se quedaba a veces dormida sobre el sofá. Sin embargo,  no se quejaba  y a todos los hambrientos comensales les entregaba además una linda sonrisa que se veía recompensada por el sonido de las monedas que caían en un cajoncillo destinado a las propinas. Toda la mañana personas  de todos los tipos imaginables se sentaron a las mesas y se marcharon satisfechas dejando atrás una pirámide de platos sucios que mamá apenas si tenía tiempo de lavar antes de que llegaran nuevos clientes. Yo  secaba y guardaba el servicio en su lugar y lavaba los vasos.

A la una, mamá me sirvió  el almuerzo, que  devoré con el mismo entusiasmo que los parroquianos, al parecer, tanto trabajo me había abierto el apetito y además estaba riquísimo. Eran casi las tres de la tarde cuando el movimiento  comenzó a disminuir. mamá se sentó delante de un plato de cazuela humeante y apenas si lo terminó antes de correr a atender a una gorda dama que ordenó el almuerzo completo, postre y una agüita caliente –para no engordar- cuando ya no quedaban sino las migas de tres marraquetas crujientes con las que había empujado todo.  Mamá  cobró satisfecha y sin mirarme, preguntó:

-¿Te gustaría ir a conocer la galería?

Y por supuesto, antes que ella respondiera me enumeró todas las precauciones que debía adoptar: nada de conversar con extraños, no alejarse de los lugares abiertos y ser educada con los mayores, además de una larga retahíla de  consejos que  ya tengo bien conocido, he sido su hija por doce años.

Fui  por los pasillos dla galería observándolo todo. En general, la mayor parte de los anticuarios vendía muebles, pero estaba claro que algunos eran más finos, procedentes de antiguas y lujosas mansiones. Unos  se especializaban en cosas pequeñas, como porcelana y cristales, otros estaban saturados de libros amarillentos que los clientes hojeaban y revisaban por todos lados. Otros, de medios más restringidos, arrumbaban muebles desportillados en torres de precario equilibrio y los había también especializados en estampillas, trenes eléctricos, mekanos y juguetes a cuerda que tamborileaban monótonos sobre las mesas. Lo que más me asombró que todo, absolutamente todo estaba cubierto de una espesa capa de polvo, fino y gris, que le daba al lugar un aspecto velado, misterioso, como sacado de una película de miedo. No me hubiera atrevido a tocar nada.

-¿Qué busca la nueva ayudante de la cafetería?

Una anciana alta y maciza era la que me hablaba. Su enorme corpachón estaba envuelto en un vestido de terciopelo floreado que le llegaba hasta los tobillos y sus dos pies rechonchos se embutían en un par de tacones de charol rematados en una roseta aparatosa de la que parecía que iban a rebalsar en cualquier momento. Sin darme cuenta, yo había regresado hasta el pasillo que remataba en la cafetería, desde allí había podido ver este local, pero no le había prestado atención. Ahora me daba cuenta de que las propietarias eran dos ancianas, una de ellas, la que acababa de hablarme, la otra, que vestía de negro riguroso, era,  por el contrario, flaca y apergaminada, un poquitín jorobada y con la cabeza cubierta por un moño plateado. Las dos tenían sus ojillos  azules, acuosos y cegatones, fijos en mí.

¿Y, qué te ha parecido la galería de los anticuarios? –volvió a preguntar la dama gorda.

-Es muy grande – respondí.

-¿Y eso es todo lo que has percibido? –preguntó la viejecilla flaca con voz cascada.

Iba a decir que no,  pero una serpentina suave y peluda se cruzó delante de mi nariz haciéndome estornudar. Se trataba de una gata gris, tan gorda y vieja como la dama del vestido de terciopelo, que se había plantado delante de ella encima de una mesa. Encantado con mi visita, el gato se restregó contra mi pidiendo caricias que  entregué de inmediato, nunca he podido resistirme a un animalito regalón.

-¡Qué bonita! ¿Cómo se llama?

-Esa es Penélope, porque pertenece a nuestra hermana menor que lleva ese mismo nombre. Cierto que es muy bonita. ¿Te gustan los gatos?

-Me encantan, mi abuela tiene uno que se llama Jacinto y es como el rey de la casa.

-Tu abuela es con seguridad una dama inteligente.  A los gatos hay que tratarlos muy bien y ella lo sabe.

-Yo tengo un perro… –comencé a decir.

Apenas escuchó eso,  a la anciana flaca casi le da un ataque. Se atoró, se tuvo que echar aire  con un  elegante abanico que sacó de entre sus ropas y luego se largó en una larga perorata anti perruna. Según ella, los perros eran peligrosos, sucios, tragones, pulguientos, sobreestimados, falsos, vulgares y feroces. Es más, tan sólo hacía una semana uno de ellos había tratado de morder a Gertie, su pobre gatita, una dulzura, tan delicada y viejecita que apenas había logrado esconderse en un velador antes de ser rescatada por el guardia.

Cierto que mi perro  era tragón, pero yo no concordé para nada con el discurso de la anciana, aunque me lo guardé muy calladita. A mi me gustan mucho los perros y si bien también quiero a los gatos –Jacinto se había encargado de que yo los apreciara- no es menos cierto que me causan  alergia y me hacen lagrimear, cosa que la bonita Penélope ya estaba logrando, pues mis ojos estaban comenzando a arder.

-¿Usted también tiene un gato? –pregunté diplomáticamente a la  anciana gorda.

-Claro, mi adorada Lisi –respondió ella.

-¿Y usted  también se llama así? –quise saber.

-Por supuesto, esa soy yo, Lisístrata Pereira de Olivar – comenzó la señora gorda- y esta es mi hermana Gertrudis. Pronto conocerás a Penélope, tuvo que visitar a unos clientes.

Por el momento, la gata Penélope estaba muy presente. Ahora se había parado en sus patas traseras y me rasguñaba el pecho suavemente o me restregaba el fino hociquillo sonrosado contra la barriga. Era realmente tierna y encantadora.

-Es muy amorosa –comenté.

-Sí, se parece a  Penélope. ¿Sabías tú que los animales adquieren poco a poco características del carácter de sus amos?

Pensándolo bien, yo no compartía esa afirmación. Cierto que Tito, mi perro, era remolón como yo, pero también lo son   todos los otros perros y jamás he  visto en él, por fortuna, ninguna similitud entre mi y mi mascota. ¡Me moriría de vergüenza si me hubieran encontrado parecida a ese chascón con aliento a bacalao podrido! Otra vez, sin embargo, me quedó callada y no rebatí a la anciana. Mamá siempre me dijo que a los mayores hay que respetarlos y además, la experiencia con mi abuela me ha enseñado que no es fácil hacerles cambiar de opinión.

-Esta es una jovencita muy educada –dijo Gertrudis-, no lograrás meterla en una polémica.

Y se puso a buscar entre los muebles algo que no aparecía por ninguna pare.

-¿Dónde metiste el diario, Lisístrata?  Todavía no he podido revisar los obituarios.

-Ya lo hice yo, querida. Dejé una lista en mi cuaderno azul.

-Debo leerlos personalmente, a ti siempre se te saltan los casos más interesantes.

-Está en el cajón del escritorio inglés, no, no ese, el de cortina.-explicó Lisístrata.

Finalmente, la ancianilla encontró el diario, se acomodó en un sillón y se puso a revisar lo que tanto le interesaba.

-¿Qué son los obituarios? – le pregunté a doña Lisístrata.

-¿Cómo, no lo sabes? Son los avisos de defunción, querida. En ellos los deudos comunican el fallecimiento de sus familiares.

¿Y por eso ustedes los leen? –quise saber.

-Querida, los obituarios son muy importantes. Nuestros mejores proveedores terminan algún día nombrados en un breve aviso de defunción. Ahí es cuando nos hacemos de las cosas que no  han querido vender cuando todavía estaban vivos. Mira…-invitó. Este caballero, por ejemplo, nos vendió algunas cosas muy buenas a precios excelentes, pero  tenía en gran estima su biblioteca, y nunca la quiso desarmar. Ahora es el momento, estoy segura de que a sus hijos no les interesan para nada sus libros. Mañana mismo nuestra Penélope deberá hacerles una visita. Ella se especializa en bibliotecas.

-¿Ah no, esos pesados, por qué debiera ser yo la que se encargue de ellos? Esta vez te toca a ti, Lisístrata.

La mujer que hablaba había aparecido silenciosamente detrás de mí. Me  di vuelta a mirarla y con sorpresa para ella no pudo sino darle la razón a doña Lisístrata: la señorita Penélope y su gata del mismo nombre eran casi idénticas: cabello gris, ojos amarillentos, piel blanca y delicadamente arrugada. Se deslizaba por el local con la misma gracia y ligereza de la  gata que…a propósito…¿Dónde estaba la gata Penelópe?

-¿Y mi Penny? –preguntó doña Penélope como si pudiera leer su mente.

-Debe andar por allí coqueteando con ese gato del librero –respondió hosca Lisístrata.

-Debo irme, señora –comencé a decir.

¡Señorita, querida! Mis hermanas y yo  somos señoritas y también lo son nuestras gatas –esta vez era Penélope quién hablaba – y por supuesto que mi Penny no  coquetea con ese gato techero. Faltaba más.

-Mi mamá me está llamando –dije, porque la había visto volverse loca haciéndome señas desde la cafetería. También quería arrancar, no me gusta que casi me coman por la palabra señorita

-Muy bien, pero no te pierdas querida.  No soporto a los niños, que andan jugando a la pelota  hasta por encima del piano, pero tú eres una niña muy bien educada. A nuestras gatas les gustan mucho las niñas como tú.

-Veré si mamá me da permiso para volver –contesté halagada-. Hasta pronto.

Mientras  caminaba de regreso a la cafetería,  supe que volvería a verlas apenas pudiera. Qué locas ancianas, nunca antes había conocido alguien así. ¡Y aunque parecía una locura, me encantaban!

-¿Qué te decían las viejitas? –Preguntó mamá apenas me metí detrás del mostrador.

-Un montón de cosas, mamá. De gatos y  de obituarios. Me invitaron a visitarlas porque soy muy educada.

-Ah, eso está muy bien, pero no te pongas a intrusear en  sus cosas, podrían molestarse. ¿Obituarios? A quién se le ocurre hablar de obituarios con una niña- comentó mientras secaba los vasos- . Y tú Antonia –agregó-, encárgate del servicio.  No he tenido un minuto para descansar.

ad, podré tomar el mando de mi vida sin que mamá sufra un soponcio fatal. Al menos, eso espero, no creo que vaya a ser tan exagerada como para querer seguir  sobreprotegiéndome a esas alturas.

Este fue el año más extraño de mi vida. Más extraño que yo misma: el año en que intervinieron mi vida, para volcarla de cabeza,  tres gatas viejas.

Read Full Post »

Older Posts »