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Archive for the ‘especial navidad 2011’ Category

Queridos lectores, cada día el mundo que nos rodea es más complejo, si bien, aparentemente, es más pequeño y lleno de progresos que debieran facilitarnos la vida,  la rutina diaria es tan compleja que muchos deben afirmarse en drogas o medicamentos para seguir adelante. Antes nuestro mundo personal era más reducido, nuestras ambiciones, mínimas, nuestras opciones, escasas. Nadie soñaba con el éxito, término muy poco usado y entendido, nadie quería la fama. No importaba si éramos pobres, porque después de todo, éramos bienaventurados, teníamos Fe.

Por eso, con cariño, les digo gracias por detenerse a leer mis pensamientos, por darse un tiempo para meditar en algunas cosas, por  compartir mi amor y gratitud por la vida, por  proteger el regalo maravilloso que es el planeta, por amar a los animales que comparten con nosotros este enorme paraíso, por disfrutar con poemas simples, por reír de historias graciosas que no contienen ni maldad ni ira. Gracias por mantener  vuestros corazones sanos, puros como los de los niños. Si esta Navidad todavía hay muchos hombres y mujeres así, después de todo, las cosas no están tan mal. Todavía tenemos tiempo de cambiar lo errado, de acabar con las injusticias, de llenarnos de más amor todavía.

Feliz Navidad, amigos lectores, puede que algunos de ustedes ni siquiera crean en Jesús, que sientan molestia con tanta parafernalia comercial seudo navideña, y en eso, considérenme una más del grupo.  Pero, piénsenlo, aún si no fuera el hijo de Dios, Jesús sólo trajo cosas buenas al hombre. ¿Acaso no fue él quién nos invitó a amar, a ser generosos, humildes, sinceros y desinteresados? De no haber  existido, no cabe duda que deberíamos estar esperando por él.

Por eso, esta Nochebuena, cuando mi hija menor ponga la figura de Jesús en el pesebre, mientras todos nos abrazamos y besamos y rogamos a Dios por el futuro de nuestra familia, mi pensamiento estará con ustedes, pidiendo para que tengáis muchas Navidades más bajo la protección del Señor. Un abrazo

Alida y equipo del blog.

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A María, Jesús siempre le había parecido algo despistado. Era indudable que eso de ser hijo de Dios lo había afectado más de la cuenta.  María lo entendía perfectamente,  vívidos estaban, en su memoria, los terribles sentimientos de inseguridad, de pavor a lo desconocido, que la habían asaltado durante su  encuentro con el Ángel. ¿Cómo iba a enfrentar algo tan inconmensurable, tan difícil? ¿Sería capaz una simple mujer, como ella, de sacar adelante el proyecto divino? ¿No se habría equivocado Dios? Ella misma conocía varias mujeres con mucha más personalidad, de mayor belleza, inclus, de mejor cuna, que habrían  cumplido mucho mejor con ese papel. María había intentado hacerle entender sus razones al Ángel, pero él había descartado de plano todas sus dudas.

Y después, María recordaba claramente la sensación de plenitud y calma que Dios, por intermedio de su emisario, había hecho descender sobre  ella.  De pronto ya nada la preocupaba, ya se encargaría Dios Padre de José cuando llegara el momento de que supiera la verdad.  Y eso ocurriría en pocos meses, María sólo tenía que esperar, en calma, en silencio, orando. ¿Qué más podía hacer?  Ella era apenas una mujer, no habría argumentos válidos que pudiera esgrimir. Y si Dios Padre se equivocaba, bueno, aceptaría la muerte en su nombre. Y luego, tal como el Ángel se lo asegurara, todo había salido según el plan divino.

Con Jesús, por supuesto, las cosas eran muy distintas. María no tenía claro que su hijo hubiese recibido directamente la decisión de su Padre, aunque estaba claro que no era un  niño cualquiera. Recordó, algo avergonzada, la soltura con que su hijo había enfrentado a los rabinos en el templo, la dureza con que la había rechazado diciéndole que tenía que ocuparse de los designios de su Padre. ¿Cómo se había enterado?nunca había visto nada especial, ninguna situación diferente.  Imposible saberlo. Jesús era un niño  normal: ayudaba a José, su padre adoptivo,  en el taller de carpintería, cuando pequeño jugaba con otros niños, la ayudaba trayendo el agua, acarreando el grano. ¿Cómo había podido aprender todas esas cosas tan difíciles, cuándo, en qué momento?

Jesús cepillaba  unas tablas sobre el banco de carpintero, José le había dejado una gran cantidad de trabajo para hacer. Y allí estaba, con la mirada perdida en la lejanía. María podía ver que sus labios se movían apenas, como de costumbre, oraba. Los ojos de María se humedecieron. Pronto, ya su hijo se lo había advertido, debería  pasar un largo período de meditación. ¿Quién sabe qué le esperaba por delante, qué peligros iba a correr en el desierto, asediado por los chacales y las víboras, expuesto a los ladrones, que si no tenías nada que te pudieran arrebatar era casi seguro que acarrearían con él para obligarlo a integrar la banda!

María notó que su barbilla temblaba, que sus manos estaban engarfiadas. Mi hijo, pensó, mi hijo, no quiero que le suceda nada, yo quiero que sea feliz, que viva largos años, que me llene de nietos. ¿Qué futuro le aguarda a mi  Jesús?

Y entonces, como si la estuviera escuchando, Jesús detuvo  su tarea. El cepillo descansó sobre el banco y sus ojos inteligentes se volvieron hacia ella. Jesús sonrió. Su rostro noble  se llenó de luz y María sintió que una  oleada de paz llenaba su alma. Sus músculos se distendieron, sintió el aire más liviano, el tórrido sol refrescó y una suave brisa atravesó la casa haciendo sonar las cañas del techo.  Contenta, María devolvió la sonrisa  mientras pensaba que su hijo, su Jesús, era igual que su Padre, capaz de llenar de paz y amor el corazón de su madre con sólo desearlo.

Jesús se secó el sudor de la frente y retomó su tarea mientras pensaba:

-Pobre mamá, va a ser tan difícil para ella. Es lo único malo de todo.

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Me dicen Pepín, tengo poquitos años y no sé muchas cosas. Eso sí, tengo claro que a mis papás tengo que obedecerles, su palabra es sagrada y siempre hacen lo que dicen.

En estos días hay mucho alboroto en la casa, todo el mundo habla de la Navidad y no estoy my seguro si se trata de una señora que ayudará a mi mamá a ordenar la casa o si esa señora la va a acompañar a hacer las compras.

También he pensado que puede ser una nueva Nana para que me cuide, yo estoy queriendo que así sea, porque la Domitila no me gusta nada.  Demasiado gritona, cuando vamos a la plaza, ella se dedica a conversar con todas las personas que están allí y  justo cuando yo tengo ganas de subirme al columpio, ella me pega un grito para que no lo haga y también, cuando corro súper contento detrás de las palomas.

Cuando hago algo que a ella no lo gusta, me dice que  la  Navidad no me va a traer nada.  Yo no entiendo, porque si la Navidad es una buena persona, me va a tratar mejor que ella.  Lo que pasa es que no siempre entiendo muy bien a los grandes.  La Domitila es una pesada conmigo.

Todos en la casa cuchichean y me miran, se sonríen y no los comprendo, pero  estoy seguro que llegará pronto la famosa Navidad y que todo cambiará.

Como mi abuelita me enseño a rezar un poquito, hablé con el Niño Jesús y el ángel de la guarda, y les pedí, que no se olviden de mí y me envíen cuanto antes a la  Navidad y que se lleven a la Domitila. No es que no la quiera, pero estoy seguro que me va a gustar más la señora Navidad.

Hace unos días comenzaron a hablar del Viejo Pascuero en mi casa, en la tele, en las tiendas, y cuando apareció un abuelito vestido de rojo, mi mamá me dijo que él era el Viejo Pascuero.  Yo lo encuentro bien ridículo porque mi abuelito no se pone esos colores, además de eso usa un gorro que termina en una bolita blanca. Ah! Y también se ríe muy raro. Dice Jo! Jo! Jo!, ¡pero es divertido!

Siempre me repiten que el Viejo Pascuero no me va a traer regalos, especialmente la Domi cuando no me porto muy bien con ella.  No sé qué quiere decirme con eso de los regalos.

Mi papá alega que el famoso Viejo Pascuero, que todo el mundo lo conocía menos yo, dice que es muy interesado y que hay que pagarle para que traiga regalos y como él no tiene mucho dinero, me dice que a lo mejor no me va a poder traer nada, pero mi mamá me dijo que le escriba a ese abuelito de rojo para pedirle lo que me gustaría tener, igual en una de esas me lo trae.

Como yo no sé escribir, yo le dicté a mi mamá lo que le ponga en la carta : “que yo quiero a la Navidad en la casa”.  Ella me miró raro y finalmente me dijo que era una muy buena idea pedirle eso al Viejo Pascuero o al abuelito de rojo.

En las noches, como me cuesta quedarme dormido un poquito,  pienso en la señora Navidad.  Mi mamá dijo que iba a comprar un nacimiento con la Virgen, san José, el buey y el burro y que compraría un Niño Jesús muy lindo y eso me gustó mucho.

Y cumplió, bueno ella siempre cumple, hasta cuando me ofrece castigos. Hizo un hermoso pesebre, pero sin Niño Jesús.  Me explicó muchas veces, porque yo no podía entenderlo bien,  algo como que iba a aparecer  con la Navidad  y entonces me imaginé a mi nueva Nana con el niño Jesús en los brazos. Después de eso, me dormí profundamente.

Además del pesebre, yo le ayudé a mi papá a  armar un arbolito con luces y todo.  Me retó un poco porque me tropecé y rompí un montón de bolitas de colores. Yo creo que se rompían solas, pues casi, casi ni las toqué.  Igual todo quedó muy lindo.

Pasaron unos días y una tarde nos íbamos a quedar todos despiertos hasta que llegara el abuelito de rojo, pero se hizo de noche y no llegaba nunca, no aguanté más y me dormí, hasta que sentí que me zarandeaban y abrí los ojos.  Había un montón de regalos debajo del arbolito que había adornado con mi papá y mi mamá dijo que mientras yo dormía, el Viejo Pascuero o sea el abuelo de rojo, ese que se ríe Jo! Jo! Jo!, había colocado todo allí. ¡No lo podría creer!  Esperé tanto y al final ni pude ver al famoso caballero viejito.

Todos estaban muy contentos, me besaban, me abrazaban y hasta la Domitila me tomó y me apretaba como para estrujarme y me besaba la cabeza.  Parece que después de todo me quiere algo.  No terminaba de entender qué pasaba, toda la familia estaba re contenta.

Como mi mamá se puso muy comilona y está muy gorda  la Domi le ayuda a moverse.  Fue justo en ese momento en que me fijé que el Niño Dios estaba en el pesebre.  Corrí a verlo.  Fue en verdad como me dijo mi mamá, que aparecería de repente, ¡como magia!

Quería tocarlo y ya que él había aparecido así, como así, estaba seguro que me traería mi Nana.

Corrí donde mi mamá ella hizo un gran esfuerzo para tomarme en sus brazos y yo le dí un gran abrazo y un beso.

¿Saben lo que me dijo?  Pon tu mano en mi guatita y yo le obedecí y algo se movió en sus tripas.

Entonces me dijo, va a llegar una hermana, y eso me puso más que contento. ¿Sabes como se llamará? Pero era una pregunta muy complicada y no supe qué decirle.

María Natividad, lo soltó así no más y entonces yo creo que me confundí.

Me acordé de lo que le pedí al Niño Dios, quiere decir que él no me entendió,  estoy más que seguro que le pedí una Nana y no una hermana.

Pero es casi mejor. ¿Y si la Domi se pone más buena conmigo y mi hermanita  Navidad? Estoy muy feliz.  Ahora voy a tener con quién jugar.  Qué rico ¡estoy tan contento!

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