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Archive for the ‘articulos’ Category

Para todos aquellos que leyeron  la segunda  entrega de Diego Herreros en este blog y para aquellos que quieran conocerla ahora, les cuento que ya apareció, publicado por Editorial MN Chile,  en una linda edición con dibujos de Francisco Ramos La Sociedad del diamante secreto.

¿Qué pasará esta vez cn Diego? Se enterará finalmente de lo que en verdad sucedió en la Cordillera de los Andes o seguirá convencido de que  tuvo un sueño muy extraño?

Esta vez, junto al ex-niño de plomo -no del Plomo- nos vamos a tierras muy lejanas, a una nueva ciudad secreta y en compañía de la Sociedad del diamante Secreto trataremos de salvar a los hombres.

Los invitamos a encontrarse con él en Librerías Antártica y Ferias del libro. Que lo disfruten

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Knut ha muerto

Knut era una bolita de pelos húmedos y manchados de sangre; tenía los ojillos bien apretados como suele suceder con todos los recién nacidos, que se niegan a ver dónde han caído finalmente.

-No es mío -dijo su madre-, no se parece en lo más mínimo a mí, ignoro de dónde pueda haber salido. no lo quiero y no soy la primera, se de buena fuente que la Mujer rechaza a menudo a sus crías y no veo por qué tendrían que obligarme a mi, sólo por ser una osa polar, viviendo como vivo en estas horribles circunstancias: una jaula, un estanque, Hombres espiándome todos los días. Llévenselo, no es perfecto, no lo quiero.

Y así ocurrió que Knut, nacido en cautiverio en el zoológico de Berlín, fue criado por el Hombre. Resultó ser un oso polar de buen carácter, alegre y revoltoso, al que le gustaba mucho jugar con sus cuidadores. Todas estas cualidades, como es lógico, fueron desapareciendo a medida que llegaba a la adultez. Para entonces, como cualquier otro oso polar cautivo, se instaló solo en una jaula cómoda y nadaba con placer en su propio estanque.

Knut sentía algo extraño en su persona, pero nunca supo qué era exactamente.  Un hambre extraña le roía las entrañas.  Le hubiera gustado correr por la estepa helada, aunque nadie le hubiera dicho nunca qué era éso. Soñaba con perseguir focas, cuyo  fuerte y delicioso olor le llegaba claramente desde su estanque, no muy lejos del suyo. Knut se avergonzaba un poco de esos anómalos sentimientos. ¡Qué iban a pensar de él si supieran lo que pasaba por su cabeza!

Por su olor, sabía que la Osa Madre vivía en las cercanías, pero no se le pasaba por la mente que hubiera sido abandonado por ella. de haberlo sabido, tampoco le habría importado: la Madre Osa debe abandonar al cachorro defectuoso para salvar la vida del nacido sano. Todos los osos polares saben eso y ninguno se atrevería a quebrantar la ley.

Pero claro, los Hombres estaban allí y gracias a ellos, Knut había sobrevivido. Por esa razón, Knut sentía un singular  simpatía por algunos Hombres, los que conocía,lo que no impedía que el aroma de los desconocidos estimulara su apetito voraz de oso polar.  Knut llevaba tranquilo su vida de estrella  sin saber que lo era. Lástima que su vida estaba destinada a ser breve y que el amor de madre osa nunca lo había acurrucado. Hasta el último de sus días, Knut sentiría la falta de ese abrazo  de alguna manera inconsciente e instintiva.

Knut fue hallado muerto en su estanque personal, de alguna manera, su prisión se había convertido en su tumba. Sólo podremos recordarlo como ese bello cachorro de oso  con aspecto de juguete perfecto, difícilmente exhibirán fotos de su cadáver. Buen viaje, Knut, por los hielos eternos del más allá…quizás llegues un día a ser abrazado por esa madre que sólo seguía los dictados de la naturaleza. gracias por regalarnos tu belleza por el  breve lapso de cuatro años.

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A unos cien kilómetros de Iquique se encuentra el poblado de La Tirana. Lo que antes fuera un caserío de barro y paja se expande con empeño por los terrenos salitrosos de la Pampa del Tamarugal usando cualquier material disponible. El sol reverbera sobre las cabezas trescientos sesenta y cinco días al año y uno más en los bisiestos, el agua es escasa, tanto como la sombra de los sarmentosos tamarugos. La mayor parte del tiempo el movimiento es escaso y se reduce a los pasajeros en tránsito hacia el oasis de Pica y Matilla, pero una semana al año, justo en mitad del  invierno, La Tirana estalla en una gran fiesta de luz, color y sonido. Ha llegado la hora de festejar a La Carmelita, La Mamita, La Reina: La Virgen del Carmen de La Tirana.

Decenas de bailes se han trasladado hasta allí por años a rendirle homenaje y aún aquellos años que movida por los pánicos oficiales se prohibe el ingreso a la zona, los más leales llegan de todas maneras. A veces arrastrándose sobre sus pechos desnudos, otras destrozando las rodillas sobre los guijarros, siempre, orando, cantando, bailando.  Por sobre sus cabezas, un estruendo de tambores, cajas, matracas y bronces resuena en los oídos ensordeciéndolos y apagando cualquier otro sonido.

En la plaza, delante de la Iglesia, y por las callejuelas que llegan a ella, aparecen los bailes. Algunos  creados por allá por la primera mitad del siglo pasado. Todos lucen sus mejores trajes en rasos, sedas y terciopelos multicolores, capas bordadas en lentejuelas,  cristales e hilos de oro y de plata. La mayor parte lleva sombrero, algunos, grandes máscaras de diablos, cóndores, armadillos y osos. La fauna andina se ha vestido de gala y se ha volcado a la calle para bailarle a La Carmelita. Hilos de sudor cubren sus mejillas morenas, el polvo opaca sus botas y zapatos. Hoy es dieciséis de Julio,  sus rostros muestran el agotamiento de una larga semana de esfuerzo, pero también sonrisas y orgullo, el orgullo de haber cumplido una vez más con La Mamita.

La Fiesta de La Virgen del Carmen de La Tirana partió como una actividad  de los salitreros en el primer cuarto del siglo XX, se apoderó de Iquique -el puerto más próximo- y ahora extiende sus raíces hasta la segunda, tercera y cuarta región. De todos lados llegan los promeseros y a partir del día siguiente comenzarán a subir sus bártulos en los mismos buses que los han traído hasta aquí. Plegarán los trajes, guardarán los arreos, recogerán los víveres sobrantes, las cocinillas, los termos. Probablemente, se echarán al coleto  los últimos sorbos de pisco o se refrescarán  el gaznate polvoriento con los restos de la bebida  de soda. Mañana el encanto estará roto y  cientos de cenicientas volverán a la vida real.

No hay palabras para describir La Tirana, apenas algunas imágenes,  pálido testimonio de la realidad.

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Este lunes fue día de estreno en el Colegio Helen Keller  para niños con discapacidades visuales. los alumnos del taller de inglés presentaban por primera vez  “El fantasma de la sala de música”, una obra breve de teatro para niños…y la presentaron  totalmente hablada y cantada en inglés.

Aquí debiéramos hacer un poco de historia. Desde hace  un tiempo, un grupo de voluntarias, todas ellas de habla inglesa y provenientes de inglaterra, Australia, Sudáfrica, Canadá, Estados Unidos o Nueva Zelanda, contribuyen con el trabajo del Colegio Helen Keller reuniendo fondos para cubrir las  carencias del colegio. Con su esfuerzo, las voluntarias han costeado desde atenciones dentales hasta estupendas impresoras Braille o clases de canto para Milagros y Nicole, dos niñas especialmente talentosas y de bellas voces. También  han llevado a   algunos chicos a conocer la nieve y disfrutar del aire helado de nuestra hermosa cordillera. Todos los lunes, a las cinco treinta en punto, las voluntarias están en el salón para enseñar su idioma nativo con cantos, juegos y entretenidas rutinas.  Los chicos  disfrutan con deliciosos  muffins  o brownies que ellas mismas hornean y poco a poco  se va tejiendo una linda relación de afecto entre los asistentes.

Cabeza y corazón de todo esto es Nicky Howe. Infatigable,  miss Nicky va de un lado a otro tratando de conseguir lo mejor para los niños y entre sus  proyectos  era importante  que los niños representaran una obra teatral en el idioma que estaban aprendiendo. Cuando me habló de ello  su entusiasmo me contagió de inmediato. Si esa obra iba a representarse, yo quería escribirla. La brecha idiomática era un problema, pero noimportaba, ya veríamos como solucionarla.

Así nació El fantasma de la sala de música, del cual se escribieron dos versiones,  y cuando conocí a los niños  comprendí por qué Nicky    deseaba tanto verlos en escena.

Un semestre de duro trabajo me permitió conocer  a  las demás voluntarias, perdonen si olvido alguna: Dale Grossen, Stella Cantatore, Marilyn Hanley, Dorothy Besaw, Peggy Peseckas,  Sarah Haynes, Sabrina Earnshaw, Anne Worth, Lucila Recart, Kathy Cundiff  y por supuesto, Andy Fox y el otro  motor de este batallón: Sandie Curtis.  Muchas veces las voluntarias deben viajar, a veces sin regreso, y pueden estar seguras que los niños no las van a olvidar.

Mención aparte para la directora, Ximena Verdugo, a quien sólo una palabra define: imprescindible.

Ha sido un privilegio compartir con todos, pero conocer a los niños y trabajar con ellos eso ha sido un regalo, uno de los más bellos que haya recibido. espero no olvidar a ninguno y lamento no tener sus apellidos, pero ya los incluiré. Con un glorioso aplauso van mis felicitaciones para Jocelyn y  Nicole, las narradoras en inglés y español, para Milagros, la profesora,  Eric, un talentoso alumno, Kathy y Nicolás, los cazafantasmas, Kevin y Víctor, nuestros dos fantasmas, Consuelo, Catalina, Camila y Marita,  Pedro y Mónica, en sus roles de alumnos.  Chicos, lo hicieron fantástico. si olvidé a alguna de nuestras estrellas, revisando las fotografías que aún no recibo para su publicación,  tendremos sus nombres.

En el taller compartimos además con Connie, Paloma, Benjamín, Estefanía y otro cuyos nombres se me escapan,  y contamos con la ayuda del personal del colegio, siempre dispuestos a dar más de su tiempo y su esfuerzo. Aprecio y admiro su  trabajo por los niños del Helen Keller.

La función terminaba con un baile y cuando ese momento llegó podía ver a los  alumnos que integraban el público ponerse de pie,  ansiosos ellos también de llevar el ritmo y participar de esta alegre fiesta. felicitaciones a todo el team y al elenco del Fantasma de la sala de música: todos merecen un caluroso aplauso.

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Ya está de vuelta el libro El niño, el perro y el platillo volador, desde esta semana puedes  encontrarlo en la Feria del Libro Infantil-Juvenil y pronto en librerías. esta vez,  aparece en la excelente colección La Buena Letra, de editorial MN, con ilustraciones de Francisco Ramos. No te lo pierdas.

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El sábado de madrugada, el ochenta por ciento de nuestro país se estremeció en un terremoto de  más de ocho grados de la escala de Richter. Cuesta creerlo, pero aferrados de los marcos de las puertas, nos sacudimos durante casi tres minutos escuchando caer  las cosas a nuestro alrededor. Cuando ya creíamos que no sobreviviríamos,  el  temblor cesó y nos encontramos en la más negra oscuridad. Esperamos a que amaneciera para ver la real magnitud de los daños sufridos y poner en orden nuestros maltratados hogares. Muchas personas no pudieron regresar y algunos ni siquiera alcanzaron a salir.

Ahora, cuando lentamente regresa la electricidad, nos tranquilizamos y tratamos de vivir con normalidad. Los niños se aburren y vuelven locas a sus madres porque carecen de televisión y el computador no funciona. 

¿A qué jugaban los niños antes de que los juegos de computación y la televisión hicieran su aparición? Infinitas cosas. Los niños de antes carecían de la amplia variedad de juguetes  con que atiborran sus habitaciones hoy, los juguetes eran caros y el mundo era más pobre entonces.

Pero de imaginación estaban muy bien abastecidos. Bastaban unas cajitas vacías para tener una casa, carretes de hilo y elástico de billete para armar un motor a goma. Como ignorábamos su toxicidad, fundíamos plomo y  vertiéndolo en  moldes hacíamos con él  diferentes cosas, adornos, soldaditos, animales. Con macarrones se hilaban collares que luego pintábamos, con tallarines se construían puentes colgantes, con tubos de papel higiénico y papel de color se hacían  personajes variados de cabelleras algodonosas. Mis hermanos construían casas con  todo lo que pillaran y una vez dentro, las niñas  cocinábamos en tapas de tarros de leche y sobre la llama de una vela, asquerosas comiditas ahumadas y negruzcas que comíamos encantados.

Corríamos todo el día, trepábamos al techo –a cuatro metros de altura- y de allí pasábamos al de la iglesia vecina. Los más audaces, recorrían la manzana completa.  Juegos favoritos eran los caballeros de capa y espada –con floretes tallados en ramas de árbol-, los cowboys montados en palos de escoba que se perseguían a balazos con pistolas de    fulminantes  o hechizas de madera,  o a los soldados de la segunda guerra mundial.  Por el patio se excavaban trincheras y túneles que no pocas veces caían en nuestras cabeza. Las niñitas vestían muñecas, organizaban familias e inventaban  tramas dramáticas en torno a ellas.

En la única bicicleta recorríamos el mundo…por turnos, claro. Los más pequeños en el monopatín o el triciclo derrengado que paseara a tres generaciones.

Y además, estaban los juegos: saltábamos a la cuerda, jugábamos al luche –en otros países, el avión- la lleva o el pillarse, el paco ladrón, la escondida, el buenos días amigo, las incontables rondas –la niña María, la de San Miguel, el arroz con leche, la guaraca, el zapaterito clava, el un dos tres,  que al llegar a diez daba vueltas bruscamente y contaba en sentido contrario. Con una pedazo de cuerda armábamos figuras  con los dedos, habilidad que era muy admirada. Jugábamos a la payaya con cinco piedrecitas, al trompo, al emboque,  al trencito, al que pase el rey, al elástico, al compra huevos, al mandandirun dirun dán, los juegos de manos como el pin pìn serafín o levántate, panadero, , a prendas, a los juegos de pelota, como las naciones y el partido peleado -¡qué peleas se armaban!-  el tombo, una especie de beisbol primitivo, basketbol y fútbol, las tradicionales pichangas.  Hacíamos teatro de títeres o representábamos obritas simples como los tres chanchitos.  Me falta  tiempo para recordar tanto juego.

¿Qué otras cosas han jugado o juegan ustedes? Cuéntennos. Tomen a sus  hijos o hermanos pequeños de la mano y jueguen con ellos. Ayúdenlos a  vivir el momento más breve de sus vidas: la infancia. Que sea larga y bella, con noches de cuentos…nunca olvido nuestras noches de miedo, las historias de la abuela sobre su padre y su madre, sobre cómo se vivía allá por mil ochocientos y pico. Recordemos y revivamos para construir humanidad.

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Las tradiciones de Navidad

El pesebre:

La única y verdadera tradición cristiana es el pesebre, que en millones de hogares simboliza y recuerda el nacimiento de Nuestro señor Jesucrito en el pesebre de Belén. Como sabemos, María, que estaba por dar a luz,  y José debieron viajar a Belén  a causa del censo –ellos vivían en Nazareth, el mismo lugar donde luego crecería Jesús-, que los obligaba a inscribirse en la ciudad donde había nacido José.

La tradición  manda que la figura del niño no debe ponerse hasta las doce de la noche del día 24 de diciembre y es el más joven  de la familia el encargado de hacerlo. Junto a la Sagrada Familia suelen estar los pastorcillos que les llevaron regalos, los reyes magos que  venían desde lejanas tierras a adorar al Mesías y los animales del pesebre: la vaca,el burro y algunas ovejas.

Y siempre lo más importante de la Navidad, es el mensaje de Jesús:

-“Amaos los unos a los otros como yo os he amado”

 

Los Reyes Magos

Habrían venido desde muy lejos los tres –Gaspar, Melchor y Baltasar-, para celebrar la llegada del niño, trayendo oro, mirra y especias. Fueron guiados por  una estrella al lugar donde  Jesús habría de nacer  en medio de la soledad y la pobreza.

En muchos países, todavía se entregan regalos a los niños en su recuerdo y eso siempre ocurre el día 6 de Enero.

 

El árbol de Navidad

Por muy bonito que nos parezca, el árbol se origina en una tradición pagana, muy antigua. Los primeros pueblos germanos creían que la Tierra estaba colgada de las ramas de un árbol  colosal, y que de otras ramas pendían  la luna, el sol y las estrellas.

Tras la llegada del cristianismo, este símbolo de vida –no olviden que los pinos son de hoja perenne, nunca pierden sus agujas- comenzó a decorarse con frutas, velas y adornos brillantes. Se cuenta que un misionero cristiano, no pudiendo arrancar esta costumbre de los pueblos germanos, la adoptó dándole sentido cristiano.

Los primeros registros históricos lo sitúan en Alsacia alrededor del  siglo XVII.

 

La Corona de Navidad

Simboliza el período de Adviento, o sea, las cuatro semanas en espera del Nacimiento de Jesús. Originalmente era de ramas de pino o ciprés. Siempre debe llevar cuatro velas, una por cada semana. Este sí  nació como símbolo cristiano.

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