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Archive for 26 julio 2010

Algunas semanas después,  el Capitán Z*Quq podía explorar la casa con bastante tranquilidad,  siempre escoltado   por Bobby, que mostraba gran curiosidad por sus actividades,  pero   se quedaba tranquilo con un sencillo soborno, ya fuera  éste una lonja de jamón o una goma de borrar que devoraba con avidez.

El capitán consideraba que ya tenía suficientes provisiones para emprender el regreso, incluso había escondido algunos implementos para disimular el gran tentáculo superior y los  ágiles tentáculos dorsales. Lo único que  lo ponía nervioso  era la ruta. ¿Cómo llegaría hasta  su vehículo de superficie? El ideal habría sido conducir el vehículo de Azul Papá, pero eso estaba descartado, demasiado grande y demasiado vigilado por su propietario. Durante un tiempo pensó seriamente en  fugarse en  el vehículo de dos ruedas de Azul Pancho, pero sus piernecillas regordetas nunca podrían alcanzar los pedales.

 Nuevos reconocimientos le permitieron descubrir dos excelentes vehículos. Uno de tres ruedas perteneciente al  hijo menor de los vecinos y la plataforma rodante de  Azul Mari. La plataforma rodante  estaba mucho más a mano, pero un par de paseos en ella,  a los que fue  sometido por la niña,  terminaron por descorazonarlo. ¡Qué velocidad, Z*Amustaq;  algo  para perder el aliento!

Finalmente, el valiente oficial decidió confiscar el  vehículo  del pequeño Matías y una tarde  que los dueños de casa habían partido a la playa   le pareció el momento más apropiado.

El Capitán Z*Quq  oteó  cuidadosamente los alrededores y cuando estuvo seguro de que no había moros en la costa se encaminó resueltamente hacia el vehículo abandonado en el antejardín. ¡Estupendo,  qué maravilla, era justo lo que necesitaba! Hasta se subió en el aparato para probar el tamaño. Los pedales quedaban  perfectos para el largo de sus extremidades, casi como si los hubieran diseñado para un zédico*.

Un leve chasquido a su espalda lo sobresaltó, el Capitán  giró tan rápido como un relámpago. Allí, de pie, estaba el pequeño Matías:

-Name mi ticiclo.- exigió el niño.

Aterrado, el Capitán Z*Quq  hizo exactamente todo lo contrario, pedaleó rápidamente para alejarse de él.  Todo  lo veloz, claro, que puede ser el  triciclo de un niño de cuatro años. Finalmente, optó por echar el vehículo sobre su espalda y correr a todo lo que le permitieran sus piernecitas. Matías, desesperado al verlo marcharse con su triciclo empezó a gritar y a lloriquear.

-¡Name mi ticiclo, name mi ticiclo, mamá, mamá, en ñiño se lleva mi ticiclo!

            Unos pocos minutos después toda la familia estaba allí. El  padre salió a la calle en busca del ladrón. Ni un alma. Los hermanos mayores recorrieron el patio, nada. Matías continuaba llorando.

-En ñiñito se dobó mi ticiclo.

Los interrogatorios de la madre no dieron mucho resultado. Matías se empecinaba en repetir que un niño se había robado su triciclo.

-¿Cómo era el niño? -Preguntó el padre.

La respuesta los dejó intrigados. Según Matías, el niño tenía la cabeza muy grande, un  sólo pelo largo sobre ella,  era de color anaranjado  y  estaba  vestido de mujer.

 -Debe haber soñado, mami -dijo Tere-, Mari tiene un extraterrestre de juguete  que es así,  y seguramente  Matías  lo vio el otro día.

 La madre recordó al pequeño lo importante que era decir la verdad. Se  lo recordó tanto que finalmente Matías terminó por creer que lo había inventado todo  y no paraba de llorar a gritos su arrepentimiento. Para consolarlo, el padre prometió que al día siguiente le compraría un nuevo triciclo, no, mejor una bicicleta con ruedas auxiliares. Matías se sintió feliz de ser considerado grande, paró sus lágrimas y  se fue a la cocina a consolarse con un plato de cereales con leche.

 

Z*Quq, que ya había escondido el vehículo  bajo la colección de desechos de Papá Azul, contempló toda la escena desde la ventana de Mari. Cuando regresó la tranquilidad, se acomodó entre los cojines, se comió la nueva crema  facial antiarrugas con retinol-c de Azul Mamá untándola en las páginas del Manual de Historia de Chile de Mari  y,  después de deshacerse de las evidencias,  se dispuso a dormir una larga siesta. Los zédicos*, como ya habrán notado, son, además de golosos,  una especie bastante  remolona.

 

Por el momento, Tere  olvidó el incidente, pero al día siguiente, mientras veía televisión con  Mari y Pancho,  sus ojos se clavaron en el extraterrestre de juguete y las palabras llegaron sin esfuerzo:

-Tu muñeca extraterrestre se robó el triciclo de Matías.

Mari, que frente al televisor  pierde la mitad de sus facultades mentales, ni siquiera le puso atención, pero Pancho, como era de esperar, pescó el asunto al vuelo.

-¿El mono feo ése, qué quieres decir?

Tere explicó el asunto con pelos y señales; ya para entonces Mari había salido un poco  del trance televisivo, de manera que intercedió en defensa de su juguete favorito.

-Siempre me echan la culpa de las cosas que hace Pancho, pero que se la echen a Klik, me parece demasiado.

-¿Tu hermano había visto el mono antes?-preguntó Pancho.

-¡Claro que sí! -saltó Mari- Si no, de dónde iba a inventar esa tontera, además, deja de decirle mono, se llama Klik.

La conversación quedó allí, si bien  cada cierto rato Pancho  hacía preguntas a Mari sobre el nuevo juguete. Después de repetirlas tres veces, lograba que su hermana las respondiera y se quedaba tranquilo hasta que, un rato después, volvía a la carga:

-¿Dónde encontraste el bicho ése?

-¿Cómo diste con él?

-¿Y lo sacaste de la basura? ¡Guácala!

-¿Ladraba mucho?

-¿Dónde quedó el uniforme?

Mari terminó por aburrirse  y estaba por echarlo de su dormitorio cuando, aparentemente, Pancho  se dio por satisfecho  y se dedicó a observar al Capitán con lujo de detalles. Le abría y cerraba los ojos, le movía  el tentáculo superior de un lado para otro, le hacía  cosquillas en la panza, le levantaba los tentáculos  dorsales, le inspeccionaba los ocho dedos de las manos. El pobre Z*Quq estaba desesperado  por la situación y se aguantaba cómo podía los pellizcos y cosquilleos. Las cosas sin embargo, iban de mal en peor y cuando Pancho le jaló fuertemente el tentáculo superior,  el Capitán no pudo evitar un leve rictus de dolor  que,  por supuesto, Pancho captó inmediatamente.

Estaba a punto de  repetir la operación  cuando Mari le arrebató el juguete de las manos.

-¡Termina de hacerle  cosas a Klik, le voy a decir a mi mamá que ya estás tratando de rompérmela también!

Mari tiene fundadas sospechas de que los juguetes que desaparecen de su  habitación pasan por las manos de Pancho antes de  acabar destrozados en la cama de Bobby. Si no, ¿cómo es que Bobby nunca rompe los juguetes favoritos de Pancho? Además, que ella sepa, Bobby nunca se ha interesado en sus cosas cuando se queda a dormir con ella. Ah, casualmente, los juguetes destrozados nunca muestran marcas de dientes, sino de serruchos o martillos.

Pancho evaluó la situación y consideró oportuna una rápida desaparición.  Las  niñas se quedaron tranquilas frente al televisor. El Capitán Z*Quq  suspiró casi sin que se notara. Al  fin se había marchado el monstruo.  Se  interesó en la película y  se relajó un poco, es decir, lo poco que puede relajarse un zédico* que  contempla las horribles imágenes de una invasión extraterrestre sufrida antes por  el Planeta Azul, ocasión  en la que la mitad de las cabezas  de los Azules parecían haber volado por los aires en un terrible baño de sangre.

-Me encanta esta película- comentó Tere

-A mí también -dijo Mari atacando las ramitas de queso.

El Capitán, que se moría por la bolsa de las ramitas de queso,  mantuvo su silencio, pero para sus adentros,  reafirmó su convicción de que los Azules estaban locos. ¿Cómo, si no,  podían disfrutar con el espectáculo del  brutal exterminio de la especie Azul? 

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El Azul llamado Papá  es un gigante muy alto y fornido, tiene la cara cubierta de pequeños tentáculos y los ojos, que sólo son dos, cubiertos por  cristales que seguramente proporcionan una mejor visión  a esos escuálidos órganos.  Su humor es  tan variable como  el de un nefertil y cuando está disgustado todo el mundo se aparta de su camino. En  esas oportunidades, usualmente recuerda cosas que ha extraviado y pone a todo el mundo de cabeza para buscarlas.

Papá sale  todos los días temprano a lo que llama Trabajo y llega agotado por las tardes a tirarse en un sillón, de allí pasa a la mesa donde es alimentado y posteriormente a la cama, para mirar cómo otros Azules maltratan una  esfera blanco con negro en la pantalla oscura. ¿De dónde viene Azul Papá,  qué ha estado haciendo?  Considerando mi conocimiento de las actividades de esta especie  tengo la terrible sospecha de que pasa la jornada cometiendo todo tipo de asaltos y crímenes,  porque  llega siempre con la ropa arrugada y llena de  manchas. La pantalla oscura es una excelente fuente  para informarse sobre la vocación delictiva de los Azules.

Azul Papá  es también un maniático por los estrellones callejeros. Su vehículo de superficie está lleno de heridas, abollones y  rayas. Una vez salimos todos en su vehículo y no paraba de hacer ruido con el aparato productor de sonidos estruendosos. En los intervalos,  apretaba el acelerador a velocidades suicidas y se gritaba barbaridades incomprensibles con los demás Azules que, a su vez,  circulaban haciendo lo mismo. ¿Adónde van los Azules con tanta prisa? La respuesta es obvia: a sus asaltos matinales.

De tanto pelear con los demás Azules, Papá  ha perdido casi la mitad de sus tentáculos superiores, seguramente se los tiran entre ellos, ya lo vi en la pantalla. En todo caso, esa parte de la cabeza se le ve mejor así, pero… ¿cómo se irá a comunicar con otros especímenes azules cuando pierda todos sus tentáculos? No falta mucho para ese momento.

Yo creo que el gran defecto de los Azules es la carencia de un buen tentáculo superior. Es por eso que nunca se comprenden y se la pasan leyendo libros raros como “Conócete a ti mismo”, “Cómo lograr un mejor entendimiento con su pareja” y otros por el estilo. En esta casa hay un buen número de ellos, algunos de ellos  me proporcionaron momentos inolvidables. ¡Qué páginas, qué sabor! 

Mamá es una Azul de gran poder dentro de la casa. Gran parte del tiempo lo ocupa en reclamar y regañar a todos los demás sin lograr gran cosa con sus esfuerzos.  Prepara muy buenos alimentos, lo que no es poco decir si se piensa en los materiales con que cuenta; los mejores alimentos que producen los Azules son aquellos que no les gustan. Azul Mamá es algo desmemoriada,  siempre olvida comprar el pan o cualquier otra cosa y cuando finalmente lo recuerda, se produce una estampida entre los demás Azules de la familia hasta que finalmente ella captura a uno que se ve forzado a  cumplir con la tarea. Además, es un poco loca, en vez de comerse las velas aromáticas, las quema.

Mamá es  la encargada de mantener todo en orden, aunque también sale  diariamente a luchar contra los malos y regresa cargada de bolsas  con comida,  que seguramente roba en el Supermercado más próximo (también he visto ese tipo de cosas en la pantalla)

 Carece  de tentáculos faciales, pero despliega gran cantidad en la cabeza,  dichos tentáculos crecen y son cortados de vez en cuando. Los tentáculos de Azul Mamá suelen cambiar de  color,  fluctuando del amarillo al rojo; las causas de estos cambios no la he podido determinar aún.

Su carácter es de tipo emotivo, vive apenada por los problemas de los Azules que aparecen en la pantalla oscura y se siente en el deber de ayudar a solucionarlos, cosa que no le resulta del todo. Sus ojos acostumbran arrojar  líquido mientras  contempla la pantalla. Finalmente, Mamá es altamente peligrosa cuando los azules infantiles cometen alguna acción que no es de su agrado.

Bobby,  el Azul de cuatro patas peludo, es  el único que se ha dado cuenta de que  no soy un juguete, y se entretiene gruñendo para recordármelo. Por razones obvias,  me mantengo lejos de él. Es  muy inteligente, por eso pasa la mayor parte del tiempo durmiendo. Sólo se levanta para demandar más alimento  (por mucho que reciba, nunca parece estar satisfecho), caricias o paseos. Tiene dentro de la familia un lugar de importancia, he notado que  carece de responsabilidades,  pero recibe grandes privilegios.

 Pancho, el Azul hijo, un monstruo peor que su padre, no encuentra mejor entretención que tironear  los tentáculos superiores  de su hermana. Está siempre lleno de magulladuras a causa de sus peleas, usa la vestimenta hasta que se le cae a pedazos  para que huela horrible,  colecciona desechos debajo de su cama,   y se lava el cerebro con  unas poderosas radiaciones que atruenan toda la casa. Seguramente  así es como se ponen tan agresivos en la edad adulta. Azul Mamá siempre tiene que estarle gritando:

-¡Pancho, baja el volumen del equipo de una vez por todas!

El equipo en cuestión debe ser muy importante, porque él no deja que nadie lo toque. Tiene una gran cantidad de información secreta almacenada en unos discos que andan tirados por todas partes.  En todo caso, ya he tomado algunas muestras para ser estudiadas en los laboratorios de Zdn.

 Por lo menos una vez por semana esconde insectos en la cama de Azul Mari. Otra de sus entretenciones es prepararse alimentos y dejar todo tirado en la habitación  destinada para ello. Los azules la llaman Cocina.

Los Azules pasan gran parte del tiempo fuera de su hogar, lo que es una suerte para mí. En esos miltars aprovecho de recorrer la casa,  busco comida   y aprendo sobre ellos. Todas las mañanas arrojan en el jardín  unas hojas donde aparece toda la información de cada mag  y lugar del planeta. Una relación  de horrores tan terrible que Azul Bobby, inteligentemente, trata de hacer pedazos y cubrir de lodo cada mañana. Esa relación de horrores es tirada al jardín por un mensajero del mal con muy mala puntería. Sólo Azul Bobby, siempre brillante, es capaz de dar con él.

Pese a lo atroz de la tarea, cumplo mi deber y la leo de principio a fin, la lengua de los Azules  ya no tiene secretos para mí, mi tentáculo superior es muy bueno. Azul Papá, que carece de él,  hace lo mismo con grandes dificultades,  no sin antes reclamar por el estado en que se encuentran las hojas. Azul Bobby   vuelve a asombrarme por su inteligencia  corriendo a esconderse en el patio.

Azul Mari es mi tirana personal, pero debo reconocer que me trata con afecto y delicadeza. El mejor sitio de su cama me pertenece y no permite que Azul Pancho se limpie los dedos en mi barriga después de comer pizza. ¡Si por lo menos me quitara este horrible vestido de mamá y me  devolviera mi uniforme!

Ya tengo almacenada  una buena provisión de comida para cuando me escape de aquí. Tengo que ser cuidadoso, ayer no más,  Azul Mari se enojó con su  hermano acusándolo de la pérdida de tres desodorantes. Él lo negó,  lo que era lógico; soy  yo quien se apropió de ellos, pero podrían empezar a sospechar, así que  seré precavido.

Esos desodorantes saben magníficos, no pude resistir y me comí el primero.

¡Tengo que salir de aquí! Ojalá el Mariscal Z*Yaiq no piense  mal de mí, como que he desertado o me devoraron las fieras salvajes. ¿Cómo estará mi adorada X*K-Limi? Calculo que ya he pasado más de tess mags prisionero en este  espantoso lugar. Algo debe estar funcionando mal en mí, porque ayer me sorprendí echando de menos a los nefertiles. Quizás el profesor  Z*Laml tenía razón cuando decía que representaban la fuerza de la vida Zdn que nunca sería derrotada.

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Mag  tok:

He vivido siete mags eternos bajo el poder de la niña Azul. Su nombre es Mari y para ser un Azul, no está tan mal. No puedo negar que me tiene sincero afecto, pero su amor me está volviendo loco. Todos los días me baña,  me pulveriza lociones aromáticas y me unta una cosa pegajosa en el tentáculo superior. Ya no lo soporto, tanto baño me tiene algo resfriado -¿nadie le ha dicho lo antihigiénico que es?- y me cuesta un mundo aguantar los estornudos cuando está conmigo. ¡Odio esa loción! Por lo demás, tantos mimos no me parecen correctos, me hace sentir como si fuera un  zédico*-objeto. ¡Cuándo se va a dar cuenta de que está tratando con un profesional serio, el Primer Explorador  Oficial para la Supervivencia de la Raza Zédica*,  y no con un juguete!

            ¡Odio este vestido que me obliga a llevar! ¡Me parezco a Mamá Azul con él! ¿Qué habrá hecho con mi uniforme? ¡Tanto que me había costado ganarme esas plumas de ortopliski y tan bien que se me veían!  Ya verá cuando recupere mis documentos, cuando sepa con quién está tratando. Se le va a  caer la cara de vergüenza. Claro que eso va a tener que esperar un poco, ya conozco bastante de los Azules, así que cumplo a la perfección con mi papel de juguete exótico.

Todas las tardes, la niña Azul observa en su pantalla  oscura los acontecimientos del mundo exterior y yo, sentado junto a ella,  aprendo cosas terribles sobre el planeta. No quiero ni pensar lo que sería de los zédicos* si  lo compartiéramos con los Azules.

Todos los mags, y a cada miltar, los Azules pelean. Pelean a patadas, pelean a gritos, pelean con armas espantosas, se asaltan, se quitan la vida -¡y viven poquitísimo, en Zdn nunca llegarían a la adolescencia!- se estrellan en sus vehículos de superficie,  se estrellan y se hunden en sus vehículos oceánicos y se estrellan y estallan  en sus vehículos aéreos, porque tienen algunos, bastante primitivos, pero los poseen. La  vida de los Azules es la violencia.

Sin embargo, no todo es tan malo,  los Azules tienen sus puntos altos, sólo que yo no he tenido ocasión de apreciarlos todavía.

Por ejemplo, me encanta que los Azules se levanten temprano, se disputen el baño -¡tienen una verdadera manía por el baño!-,  suban al vehículo de superficie y se marchen como un bólido a pasar  gran parte del día fuera de casa. Cuando ellos salen, dejan  fuera  al Azul que dice guau y la casa es muy agradable. Creo que podría acostumbrarme perfectamente a esta rutina.

He descubierto también que los humanos sintetizan una gran cantidad de cosas deliciosas: las velas, las pilas, las flores, los chicles, las cremas faciales y los papeles; entre estos últimos, mis favoritos son unos rectangulares llamados libros. ¡Qué deliciosos sabores tienen! El Quijote de la Mancha me pareció particularmente sabroso.

Esas son las cosas que más me agradan de ellos, cierto que no es mucho, pero quizás con el tiempo pueda descubrirles otras cualidades atractivas. 

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Este lunes fue día de estreno en el Colegio Helen Keller  para niños con discapacidades visuales. los alumnos del taller de inglés presentaban por primera vez  “El fantasma de la sala de música”, una obra breve de teatro para niños…y la presentaron  totalmente hablada y cantada en inglés.

Aquí debiéramos hacer un poco de historia. Desde hace  un tiempo, un grupo de voluntarias, todas ellas de habla inglesa y provenientes de inglaterra, Australia, Sudáfrica, Canadá, Estados Unidos o Nueva Zelanda, contribuyen con el trabajo del Colegio Helen Keller reuniendo fondos para cubrir las  carencias del colegio. Con su esfuerzo, las voluntarias han costeado desde atenciones dentales hasta estupendas impresoras Braille o clases de canto para Milagros y Nicole, dos niñas especialmente talentosas y de bellas voces. También  han llevado a   algunos chicos a conocer la nieve y disfrutar del aire helado de nuestra hermosa cordillera. Todos los lunes, a las cinco treinta en punto, las voluntarias están en el salón para enseñar su idioma nativo con cantos, juegos y entretenidas rutinas.  Los chicos  disfrutan con deliciosos  muffins  o brownies que ellas mismas hornean y poco a poco  se va tejiendo una linda relación de afecto entre los asistentes.

Cabeza y corazón de todo esto es Nicky Howe. Infatigable,  miss Nicky va de un lado a otro tratando de conseguir lo mejor para los niños y entre sus  proyectos  era importante  que los niños representaran una obra teatral en el idioma que estaban aprendiendo. Cuando me habló de ello  su entusiasmo me contagió de inmediato. Si esa obra iba a representarse, yo quería escribirla. La brecha idiomática era un problema, pero noimportaba, ya veríamos como solucionarla.

Así nació El fantasma de la sala de música, del cual se escribieron dos versiones,  y cuando conocí a los niños  comprendí por qué Nicky    deseaba tanto verlos en escena.

Un semestre de duro trabajo me permitió conocer  a  las demás voluntarias, perdonen si olvido alguna: Dale Grossen, Stella Cantatore, Marilyn Hanley, Dorothy Besaw, Peggy Peseckas,  Sarah Haynes, Sabrina Earnshaw, Anne Worth, Lucila Recart, Kathy Cundiff  y por supuesto, Andy Fox y el otro  motor de este batallón: Sandie Curtis.  Muchas veces las voluntarias deben viajar, a veces sin regreso, y pueden estar seguras que los niños no las van a olvidar.

Mención aparte para la directora, Ximena Verdugo, a quien sólo una palabra define: imprescindible.

Ha sido un privilegio compartir con todos, pero conocer a los niños y trabajar con ellos eso ha sido un regalo, uno de los más bellos que haya recibido. espero no olvidar a ninguno y lamento no tener sus apellidos, pero ya los incluiré. Con un glorioso aplauso van mis felicitaciones para Jocelyn y  Nicole, las narradoras en inglés y español, para Milagros, la profesora,  Eric, un talentoso alumno, Kathy y Nicolás, los cazafantasmas, Kevin y Víctor, nuestros dos fantasmas, Consuelo, Catalina, Camila y Marita,  Pedro y Mónica, en sus roles de alumnos.  Chicos, lo hicieron fantástico. si olvidé a alguna de nuestras estrellas, revisando las fotografías que aún no recibo para su publicación,  tendremos sus nombres.

En el taller compartimos además con Connie, Paloma, Benjamín, Estefanía y otro cuyos nombres se me escapan,  y contamos con la ayuda del personal del colegio, siempre dispuestos a dar más de su tiempo y su esfuerzo. Aprecio y admiro su  trabajo por los niños del Helen Keller.

La función terminaba con un baile y cuando ese momento llegó podía ver a los  alumnos que integraban el público ponerse de pie,  ansiosos ellos también de llevar el ritmo y participar de esta alegre fiesta. felicitaciones a todo el team y al elenco del Fantasma de la sala de música: todos merecen un caluroso aplauso.

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Mari  estaba aburrida esa tarde. Hay que entenderla, no es fácil para  una niña soportar una madre fanática del orden, un padre fanático del Colo Colo y un hermano troglodita fanático del  hip hop. En esas ocasiones,  lo único que puede hacer Mari es fingir que saca a pasear a Bobby, su labrador, y arrancarse de casa por lo menos un par de horas.

Bobby, que por desgracia es también fanático por oler las cosas menos olorosas del mundo, estaba en uno de sus peores días.  A Mari le costó un mundo sacarlo de toda clase de lugares asquerosos. Estuvo largo rato aguardándolo fuera de un callejón lleno de basura, hasta que no le quedó más remedio que entrar a buscarlo.

Bobby ladraba como si le pagaran por ello;  estaba parado en tres patas al lado  de uno de los tarros de basura y apuntaba con su nariz  detrás de él. A Mari le dio un poco de asco, seguro que se trataba de un ratón, pero como Bobby insistía con sus ladridos,  le entró curiosidad y fue a ver qué era lo que los originaba.

 

Así fue como el extraterrestre de plástico entró en la vida de Mari. Era tan mono que así, todo embarrado como estaba, daban ganas de  tenerlo. La niña lo tomó del tentáculo que tenía en la cabezota anaranjada, con mucho cuidado para no mancharse, y se lo llevó a casa. El extraterrestre hacía unos ruidos y muecas de lo más divertidas.

Tres veces debió lavarlo para que su aspecto fuera satisfactorio. Mari estuvo tentada de meterlo a la lavadora, pero a veces esos plásticos tan delicados  se estropean en la máquina, así que lo sometió a variadas sesiones de escobillado y enjabonado hasta que el refulgente color anaranjado brilló en todo su esplendor.  El  tentáculo necesitó de bastante gel para quedar en la posición que le pareció más atractiva, aunque siempre tenía una tendencia a caerse a la derecha. Mari solucionó el problema con un gran lazo de cinta azul, sobrante de los regalos navideños. Después lo perfumó, lo olió y volvió a perfumarlo dos veces más. Costaba un mundo quitarle el aroma a callejón o a plástico de juguete. El uniforme rotoso fue arrojado a la basura, pero, por suerte,  uno de los vestidos de la muñeca grande le quedaba perfecto. Se veía mucho mejor como una mujer extraterrestre, en realidad.

Cuando finalmente estuvo satisfecha, tomó su nuevo juguete, lo acomodó entre los cojines de la cama y  se sintió totalmente feliz.  Se echó junto a él y encendió  la tele. 

Dos adolescentes se sacudieron frenéticamente en la pantalla al ritmo de un estruendoso tema tropical mientras ella reflexionaba sobre su nueva adquisición. ¿Cómo lo llamaría? ¿E.T.? No, claro,  ya estaba trillado, además, ahora era una extraterrestre niña. ¿Algo creativo y simpático,  como Yoli? Hmm, no, mejor no. ¿Puchi? No, definitivamente fuchi. Claro, cómo no se le había ocurrido: Klik, se llamaría Klik.

-¡Mari, anda a comprar  pan para el té!

¡Oh no, pillada in fraganti! Era demasiado tarde para arrancarse a la casa de  Tere,  ¿qué podía hacer?

-¡No te  hagas la sorda, Mari, baja!

Resignada, la niña salió de su dormitorio envuelta en  la misma nube de pesimismo que la atacaba cada vez que recibía algún encargo de su mamá.

 

En cuanto la niña abandonó la habitación, el Capitán Z*Quq saltó de su lugar entre los cojines y corrió a espiar por la ventana. Obviamente, no veía nada. Qué altas eran las ventanas de los azules, cómo no se les ocurría hacerlas bien.  Saltó sobre  la cama y se inclinó a observar  el exterior. En ese mismo instante Mari salía de la casa arrastrando la bolsa del pan por  las losas de la entrada. Un vehículo cruzó con estruendo la calzada. El Capitán se estremeció.

-¡Bang, bang!

¡Ratatatatatatá!

-¡Acabaré contigo, Mingo Slak!

Sólo después de estas palabras el Capitán comprendió que los sonidos provenían de la extraña cajita oscura que la niña Azul había dejado funcionando. Haciendo gala de audacia, salió de debajo de la cama donde se había arrojado y espió  cuidadosamente la programación. ¡Dos Azules se atacaban con armas, pies y puños, qué horror! El  barullo de la pelea lo tenía casi sordo. ¿Qué sería eso, una ventana de observación? En realidad se parecía a las pantallas de información que unían a los habitantes de Zdn, pero las imágenes trasmitidas eran  completamente  diferentes, una sucesión de  cosas espantosas.

Muerto de hambre, el Capitán  revisó el velador de Mari. Encontró dos chicles, una vela con aroma a limón, una pastilla de menta y un loly chupado,  todo pegoteado de pelusas, cosas que devoró en una fracción de micmilstar, de puro hambre que tenía.  ¡Qué alivio! Ahora sí que podía pensar y prepararse para la tarea que se le había encomendado.

Anotó los siguientes puntos en su bitácora:

 

Mag zik:

Punto goom: el Planeta Azul NO es el lugar más apropiado para la raza zédica*.

Punto sud: debo arrancarme a como dé lugar, recuperar el vehículo de superficie, regresar a la nave y  encender los fogs para regresar a Zdn a la brevedad.

Punto dreiw: comida, necesito mucha comida antes de que el tentáculo se me termine por venir abajo de pura inanición. La habitación de la niña no está nada de mal, pero tendré que hacer una pasada rápida por algún punto más atractivo de la casa.

Punto wolf: por el momento, necesito dormir.

 

  Lo mejor parecía ser  regresar a los mismos cojines donde  lo  había instalado la extraña criatura infantil azul  (que, dicho sea de paso, era definitivamente rosa y castaño)

Z*Quq se acomodó entre los cojines, qué descanso, qué bien se estaba allí.

Snorr, snorr

Un micmilstar después roncaba sonoramente.

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