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Archive for 30 marzo 2010

Lo  despertó el traqueteo del vehículo por la carretera.  La camioneta rugía poderosa en la tenue claridad del amanecer y  devoraba el desierto  con rapidez.  Los   expedicionarios habían encendido la radio y una batería electrónica atronaba la cabina.  Los cristales del parabrisas  vibraban.  Con cautela,  Nacho se asomó por sobre el borde metálico. Empezaba a aclarar y el sol pronto estaría  calentando  la pampa. Tenía hambre.  Sacó  una marraqueta, la rellenó con jamón y devoró hasta la última miga.  Ahora  las cosas eran muy diferentes;  se sentía bien, tranquilo y animado. Hasta podría dormir tranquilo, pensó,  pero estaba muy equivocado.

No supo cuánto tiempo dormitó, pero no debió ser mucho. Hacía un calor de los mil demonios, el sol casi le derretía la cara y una manaza de gorilón le sacudía con la gentileza característica de los gemelos Rojas.

– ¡Déjame, déjame! –  Rogó, confesémoslo.

Gorilón 1 le dejó libre, pero ahora era el turno de Javier.  Le sacó volando de la carrocería, le dio un sopapo en la oreja y le subió y le bajó dándoselas de grande y responsable. Como si  Nacho no lo conociera desde que nació. Última vez,  juró Nacho en silencio, última vez que le guardaba alguna metida de pata. Desde hoy papá lo sabría todo, ya vería, traidor, mal hermano.

Cuando pararon de sacudirlo, Nacho pudo enterarse de que estaban en  Nebraska, una antigua oficina salitrera abandonada o lo que dejaran de ella los ladrones.  Mientras Javier se hacía el lindo con Nacho,  los gorilones le daban el bajo a los sandwiches y a los huevos duros. Javier se dio cuenta y por suerte paró de retarle y comió  lo poco que quedaba.

Nacho  se sentó  tratando de parecer lo más inofensivo  que pudiera y  como era de esperarse, no fue suficiente. Cuando se acabó la primera tanda de comida,  su hermano del alma se acordó de él  y dijo las palabras mágicas una vez más.

– Bueno, Nacho, te quedas aquí y que no se hable más del asunto. Y que conste,  no es culpa mía, te metiste  sin que nadie te invitara y tú sabes que nuestra misión es peligrosa, no es para niños chicos. A la tarde, cuando vengamos de regreso, te pasamos a recoger.  

Judas, ¿no lo habíamos dicho antes? Se subieron a la camioneta  muertos de la risa y se fueron  hechos una bala. Nacho se quedó parado en  medio de la polvareda que levantaron;  con la mochila colgando  y   toda la furia del mundo acumulada en su pequeño corazón. 

Este verano, Nacho  ha odiado a Javier más que nunca antes. En realidad, antes de venir aquí ni siquiera lo odiaba.  Hacían un montón de cosas juntos y lo pasaban bien. Si los gorilones Rojas no hubieran aparecido,  estas vacaciones podrían haber sido perfectas y Nacho estaba seguro de que Javier nunca se hubiera portado mal con él. Los gorilones tenían  la culpa de todo. 

Tosiendo y estornudando  para eliminar el polvo del camino, Nacho  comenzó a dirigirse hacia  los restos de la Oficina  Salitrera Nebraska. En teoría, nuestro héroe  estaba casi al lado de ella, pero cien metros en la pampa, a todo sol, no son lo que parecen.  Cuando finalmente alcanzó la sombra de las construcciones,   Nacho estaba hecho polvo.  Se sentó en una piedra y   echó un vistazo a su alrededor.  Unas pocas construcciones  medio destrozadas y cubiertas de tierra eran todo Nebraska.  Todavía quedaban algunos vidrios en su lugar. Lo único que se escuchaba era el silbido del viento. 

Tomó un sorbo de agua de su cantimplora scout. Estaba tibia.  ¿Saben lo que es  el agua  tibia en el desierto?  ¿No? Pues los felicito, no se han perdido de nada.

Había una escalera  maltrecha para subir a las instalaciones, a Nacho se le ocurrió que la vista del desierto, desde allí, podría proporcionarle algunas ideas interesantes y tomó la pésima decisión de subirla.  Le costó un mundo llegar arriba; a la escalera le faltaban varios peldaños y los que  sobrevivían no estaban en su mejor estado.  La madera casi parecía deshacerse en hilachas.  Nacho iba de un lado para otro tratando de imaginar qué había sido esto  cien años atrás.  ¡El lugar era  viejísimo, casi tan decrépito como el Tata! Todo, absolutamente todo, estaba que se venía abajo al primer suspiro y todo, todo, todo era del mismo color. Color tierra. Así, cafecito claro, desteñido por el sol.  La madera, los fierros oxidados, las piedras, las planchas de zinc agujereadas. Todo, ¿no lo dijimos ya? 

No supo cuánto tiempo pasó, pero Nacho estaba  seguro de que él mismo  estaba envejeciendo también; estaba tan aburrido que hasta el  televisor antediluviano del Tata  se le aparecía como  lo mejor, así que   decidió bajar, tarea que no fue nada fácil.  Los  peldaños que faltaban eran muchos más  que cuando subió y parecían mucho más separados.  Corriendo   todo tipo de peligros, Nacho  logró  llegar a tierra firme de pie y sólo con  un susto terrible. En una de ésas, casi se  fue guarda abajo  y  alcanzó apenas a  agarrarse de un fierro.  Ya que estamos en privado, podemos contar  que lloró un poco colgando  en el vacío. Javier tiene la culpa, eso sí,  porque todo esto le sucedió a causa de él.   Nacho  nunca llora, al menos, no por cosas sin importancia. Por suerte,  no había testigos.

Bueno, qué podía hacer si ya estaba en esto.  Decidió que lo menos peligroso  para su salud sería   explorar las casas abandonadas y en cuanto puso pie en tierra firme, se fue a recorrer   las viejas habitaciones polvorientas. 

Salvo algunos recuerdos desagradables y de las típicas  “Pedro  estuvo aquí”, “Constanza ama a   Juanito”  y “Bote por  fulano…” (así en el original), en las casas no había nada, ni siquiera un lápiz  para corregir  las faltas de ortografía. Vidrios rotos, papeles amarillos, montones de tierra, techumbres caídas. Eso era todo.   

Mas  Nacho tenía mucho tiempo por delante y nada qué hacer, así que en uno de  esos arranques de genialidad que lo caracterizan,  decidió buscar un buen lugar para esconderse y darle a Javier, cuando le hiciera el favor de regresar,  el susto de su vida.  No era cosa fácil, por lo demás.  Todo estaba en un estado catastrófico y  lo único bueno era que no había telas de araña. Ni una.  La pampa era tan árida, tan muerta, que ni las arañas querían vivir allí.

De tanto buscar,  Nacho  entró en una habitación  grande, muy bien conservada,  si no hubiera sido por la tierra uno podría haberse instalado a vivir allí. Las ventanas estaban cerradas y el  aire  olía rancio.  Tenía que abrirla. Fue hacia ella, pero se detuvo   en el centro de la habitación, algo estaba sucediendo, todo estaba como un poco más oscuro, como más helado. Nacho se sentía tan mal que no tenía fuerzas como para estar de pie. Trató de sentarse, pero sus pies estaban pegados al piso y todo empezó a dar vueltas y  vueltas,  cada vez más deprisa hasta que ya no supo más de nada. 

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Durante los  próximos días, en Puerto Seguro no se habló de otra cosa que de los dinosaurios. Ediciones completas de la Estrella se agotaban a  poco de aparecer y Javier no sabía hablar de otra cosa.   Hasta le había dado por leer el diario, lo que le causaba  a Nacho serias dificultades para atraparlo antes de que la Nona y su mamá le recortaran todas  esas tonteras  indispensables para la tranquilidad espiritual de las señoras,  tales como  la asquerosa receta de la sopa de zapallo, el maravilloso kuchen  de quesillo que nunca harían porque era demasiado caro o el aviso de defunción de otro conocido del Tata. (Van quedando pocos, así que revisaban  la lista con mucho cuidado)

Era desesperante; en cuanto el periódico quedaba olvidado, Nacho  lo hacía desaparecer y  lo devoraba de cabo a rabo.  Decidido a  no ser menos que el resto de su familia tijereteadora, nuestro joven héroe recortó todas las noticias sobre apariciones de dinosaurios publicadas en las últimas semanas  y  cayó tan bajo como para ponerse  a la lata con el Tata, quien con grandes reparos  le prestó  la Geografía de la I Región que guarda desde que los ratones  aprendieron a comer papel.

La prensa, por otra parte,  no daba tregua.

EXTRAÑOS SERES SERIAN  AVESTRUCES FUGITIVOS

“Son avestruces que escaparon de un criadero hace un par de meses”  señaló tajante a  La Estrella de  Puerto Seguro Ricardo Arancibia, criador de estas aves introducidas al país  con fines comerciales.

Darío Riquelme, primer testigo de los hechos presuntamente acaecidos en la Cuesta de  Lagarto, aclaró que él conoce bien a los avestruces:

“A mí nadie me va a hacer creer que  lo que vi era un avestruz, conozco bien la diferencia en aspecto y tamaño”.

Por su parte, Jaime Ferrer, investigador de sucesos paranormales, dice que se trata de criaturas parecidas a reptiles.

“Se trata de animales de tipo prehistórico, del tipo de velocirraptores de la época jurásica, con  extremidades delanteras  pequeñas y dobladas hacia abajo.”

Ferrer está convencido de que el Gobierno conoce el asunto y lo oculta porque no tiene manera de controlarlo.  El conocido investigador dio a conocer que  en Febrero del año pasado dos expertos de la Nasa habrían recorrido la zona para  ver si podían ser capturadas.

 

La mamá de Nacho fue cáustica y demoledora:

– Este señor ha visto demasiadas veces Parque Jurásico. Es cierto que la repiten bastante seguido.

Su opinión no tenía mayor trascendencia, en su siguiente edición, la Estrella continuaba la lucha con nuevos bríos:

 

¡¡¡NUEVO TESTIMONIO!!!

Los desiertos resecos de Pampa Lagarto no terminan de generar sorpresas. Es el caso de tres jóvenes que sufrieron un ataque a su vehículo por seres no identificados la tarde de ayer.

Danilo Fuentes, su hermana Valeska y su  novia Paola Astorga, estaban llegando a la ya temida zona de las Presencias Tutelares en Pampa Lagarto cuando sintieron un fuerte y extraño golpe en la parte trasera del vehículo que conducía el primero.

Inmediatamente, el pánico hizo presa de los jóvenes porque el automóvil perdió estabilidad y patinó con violentos chirridos sobre la carretera  solitaria.  Debieron detenerse unos metros más allá y luego de aguardar unos diez minutos en el interior por precaución, se bajaron a revisar daños.

Para su sorpresa, el neumático derecho trasero estaba irremediablemente dañado por siete largas  rajaduras perfectamente alineadas, como si hubiesen sido hechas por una garra.  Nuestro medio, que tuvo acceso a la  misma, puede ratificar que efectivamente no parecían producto de un pinchazo  ni producidas por causas naturales.  Danilo aseguró que no volverá a atravesar la zona en horas de la noche y que prefiere  soportar el calor  de la Pampa al mediodía que enfrentar a lo que provocó la avería en su más terrible noche.

 

Lo que estaba sucediendo resultaba  totalmente inesperado, por una vez en su historia, la Estrella de Puerto Seguro tenía una noticia. Ya pueden  imaginarse a toda la ciudad, sentada a la mesa con el pan fresco, las paltas molidas y los huevos revueltos comentando  exactamente como en casa de los bisabuelos de Nacho, preguntándose quiénes serían los locos esos y qué bicho les habría picado para salir en el diario con una locura semejante.  Y por otro lado, todos los  nacidos en épocas no pre-históricas, como Javier y Nacho, muriéndose por ir a conocer la Pampa del Lagarto  y las Presencias Tutelares ¡Qué nombres!

Eso fue el martes, el miércoles, la Estrella de Puerto Seguro tituló a cuatro columnas y dos colores:

“¡TURISTA  VE TIBURON  EN PLAYA DE BURRO MUERTO!”

Y los dinosaurios desaparecieron de sus páginas tan misteriosamente como  un tiempo atrás lo hicieran  de la Tierra.

 

El viernes,  cuando la Estrella de Puerto Seguro se lanzaba con todo en su campaña para aterrorizar bañistas, Javier,  Luis Astudillo   y los gemelos Rojas  decidieron que sólo tenían una opción: llenarían el estanque de la 4X4 y se irían a la  Pampa del Lagarto   para encontrar los dinosaurios y ser  estrellas de la televisión.  Era verano y estaban de vacaciones;  nadie los tomó muy en serio, pero sus  respectivas madres prepararon huevos duros y  paquetes de sandwiches  y compraron varias botellas de soda y una de  agua mineral.  El Tata  insistió en ello, porque después de todo, con el desierto no se juega.

 

La tarde anterior a la partida, el ambiente estaba que ardía de emoción; se hicieron todo tipo de  comentarios sobre el chupacabras (todo el mundo sabe que ha recorrido el país de cabo a rabo chupando la sangre de  ovejas y  gallinas),    los experimentos fallidos de la Nasa,  los expedientes secretos X y cosas por el estilo. 

En pocas palabras, nadie los tomó en serio y en general todos estaban felices de librarse de ellos por  un día. 

Todos, excepto Nacho. ¿No era el colmo que a Javier todo le resultase, hasta una expedición para buscar dinosaurios vivos HOY?  Y ni siquiera lo invitaba. Es que  desde que Javier se hizo adolescente es último de egoísta.

La tarde anterior al viaje Nacho estuvo todo el día  paseándose   por allí como por casualidad.  ¿Algún problema, uno que otro hilo suelto?  Nacho   sugería soluciones, ofrecía ayuda,  revisaba  los periódicos viejos  para que no quedase detalle sin considerar.  Hasta les ofreció la Geografía de la I Región, pero ni la inflaron. Javier, egoísta como siempre, no le hacía el más mínimo caso.  

Reconozcámoslo:   al ver que el día pasaba sin recibir la anhelada invitación, la  desesperación  de Nacho  fue alcanzando niveles cósmicos. A las siete de la tarde  había caído tan  bajo como para ofrecerle a  Javier  toda la ayuda que quisiera,  incluso  hacer su cama por el resto de las vacaciones. Todo fue en vano y también indigno,  pero traten de comprenderle,  es humano.    

 

Por la noche, mientras el grupo se acomodaba en sus sacos de dormir, listos para salir de madrugada,  Nacho  se  daba vueltas y más vueltas en la cama. Finalmente, no pudo  aguantar más: se deslizó  fuera de la cama, abrió la puerta y salió al pasillo. Reinaban la oscuridad y el silencio, pero estaba decidido a ser valiente. Si Javier podía,  Nacho  también.  Fue  hacia la cocina y,  siempre en la oscuridad,  llenó una botella de agua,   confiscó un par de  panes fríos, unas lonchas de jamón y dos naranjas y luego salió a la calle. La 4×4 de los  gemelos Rojas  estaba allí,  lista para partir.  Nacho se   trepó a la carrocería, se escondió  bajo una lona hedionda a pescado y en menos que se dice amén,  se  durmió.  A  pata suelta. 

 

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La mañana siguiente, por supuesto, cuando ya era demasiado tarde para ir a comprar   pan, Javier   hizo su aparición en el comedor con  un periódico en la mano.

-¡Miren, miren qué notición! – dijo  tirando el diario en la mesa del comedor. 

El tata Fernando, la Nona y  mamá se  estiraron al máximo tratando en vano de leer  los titulares a la escalofriante distancia del ancho de la mesa del comedor;  como era de suponer, no vieron ni jota, pero Nacho  tiene buena vista y pudo leer,  clarito y de corrido.

¡Última Hora!

Impactada se encuentra la comunidad ante el avistamiento de extraños seres en la ruta que  une  Puerto Seguro con  la vecina urbe de  Caleta Buena, luego que fueran dadas a conocer las experiencias vividas por los ocupantes  de dos vehículos en la Quebrada de Malpaso.

En ambos casos, los testigos observaron  seres similares a dinosaurios,  pero inferiores en tamaño y con una fisonomía  parecida a la de un canguro. Darío Riquelme, empleado, conducía la noche del jueves una camioneta  en compañía del funcionario del ejército Hernán Cuevas y sus dos hijas menores.  Faltaban unos minutos para las 10 de la noche   cuando, un par de kilómetros antes de las Presencias Tutelares que se ubican en el sector de Pampa Lagarto   vieron a dos extraños seres en medio de la carretera. 

“Mis acompañantes dijeron “mira la tremenda bestia” y yo atiné a frenar –explicó el testigo- justo unos segundos antes de  que pasara el segundo  y este era más sorprendente, porque era igual que un dinosaurio, con dos patas delanteras chicas y una piel como de rinoceronte”.

Según la descripción del chófer las bestias eran grises y no tenían pelo. Su estatura  fue calculada en unos dos metros de alto y se detuvieron a unos cuatro o cinco metros de ellos.”

 

– ¿Y eso es todo? –preguntó  el Tata.

– Tata,  esto es extraordinario –dijo Javier- imagínese: si de veras hay  dinosaurios,  Puerto Seguro va a ser el lugar más famoso del mundo.

– Claro que hay dinosaurios –replicó el anciano.

Ahora eran otros  los sorprendidos. ¿El Tata  afirmaba que había dinosaurios en la Pampa del Lagarto o habían escuchado mal?  Toda  la familia clavó sus ojos en él.

El Tata  los vio mirándolo con sospecha y captó al tiro que  había hablado de más.

– Bueno, siempre se han visto cosas raras ahí –explicó el  Tata-, los viejos siempre lo decían.

Eso era todo; para que  el Tata  hablara de viejos  tenía  que tratarse, necesariamente,  de hechos más que prehistóricos; paleozoicos.  No  eran necesarias mayores explicaciones; en otras palabras, el Tata todavía no peina la muñeca, al menos, no rulo por rulo.

La  nona dio un suspiro de alivio que se escuhó hasta la antártida y los adultos volvieron al desayuno, Javier, con su acostumbrada discreción,  se echó casi todos   los huevos con jamón en su plato y   Nacho  aprovechó para pedir permiso y se esfumó en compañía del diario. Que Javier recogiese la mesa esta vez.

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E s cierto, entre vacaciones, terremoto y  cosas demasiado tristes como para contarles, se nos fue un buen tiempo sin novedades, pero aquí vamos de nuevo. Les invito a leer OPERACION TI-REX, un libro loco y divertido que aunque parezca absurdo, tiene un pie en la realidad. Se dice que en la pampa salitrera hay lugares donde puedes sumergirte en el pasado antes de darte cuenta y también que en las quebradas de la carretera que une Iquique y Arica, con un poco de suerte…o de mala suerte, depende, te puedes topar con un dinosaurio. Hay testimonios, vaya uno a saber si son ciertos, pero, si lo fueran…¿no te gustaría saber cómo podría ser eso?

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Felices vacaciones para Nacho, las está necesitando. Mis mejores deseos, porque para este chico inteligente y simpático llamado Nacho  Aguirre, estas vacaciones no podrían ser peores:

Después de largos meses buscando trabajo, el padre, Daniel, ingeniero de minas,  encontró uno …en la Patagonia, que cómo es lógico, aceptó de inmediato y se embarcó en un avión  dejándolos solos y casi sin dinero.  Los tres miembros restantes de la familia, la madre y sus dos hijos; están tranquilos, porque las cosas van a mejorar, pero no contentos, porque el bolsillo familiar está vacío.     Dos años estuvo  el padre de Nacho sin empleo,  dos largos, no, eternos años.  Hasta hace un  par de semanas, la  madre de Nacho ya no sabía a qué santo  encenderle una vela. 

Como glorioso remate, buscando la solución a estos  problemas, la pobre mujer  sufrió un ataque  de locura temporal  y los ha traído, a  Nacho y a  su  insoportable  hermano mayor,  Javier, al norte de Chile a visitar a sus abuelos   (qué conste,  SUS ABUELOS,   conocidos como los BISABUELOS de Nacho,  esto de estar en la inopia es terrible).  Felices vacaciones, Nacho. 

Esto no es todo, calma:  Javier,  el cargante, se ha hecho íntimo de un grupo de pesos pesados  integrado por dos enormes futbolistas de pacotilla conocidos como los gemelos Rojas  y su amigo y rey de los pelmazos, Luis Astudillo.  Los cuatro se han potenciado al reunirse;  van y vienen rugiendo y bocineando en una 4×4 cubierta de polvo,  acordándose de la casa  de los abuelos-bisabuelos sólo para devorar el contenido del refrigerador y exasperar aún más a don Fernando,  el bisabuelo, más conocido como el Tata,  quien, era que no,  anda de un humor de los mil demonios y no ha encontrado nada mejor que descargarse con  el único bisnieto que sigue circulando por allí,  léase Nacho.

 

Eso, claro, no tendría la menor importancia si no fuera porque Nacho Aguirre, chico cool  y encantador, cuando quiere,  no tiene más hermano que ése y porque gracias al inútil de  Javier,   Nacho   es, hoy por hoy, el personaje más popular de la casa.

Escúchese grabación N°1

-¡Nacho, levántate!

-¡Nacho, ve a comprar el pan!

-¡Nacho, que ya es hora de sacar la basura!

-¡Nacho, una hora de descanso antes de irte a la playa!

-¡Nacho, anda a comprarle el diario al Tata!

-¡Nacho, se escapó  la  Felisa!

(Casi me olvidaba de este personaje,  la Felisa, perra loca y malcriada, fugitiva crónica que le hace correr diariamente por el barrio para entretención de todos los viejos latosos que toman el fresco en la vereda.  Nacho odia a la Felisa, al menos, cada vez que se escapa, que es bastante seguido, porque a todos les encanta dejarle la puerta abierta)

 

Regreso al relato de penurias nachísticas.

Después de la diaria charla sobre los calambres que acechan en la playa a  los incautos que nadan recién almorzados,  nuestro héroe se  refugia en  su cuarto. Su mirada saltimbanquea entre las pilas de poleras sucias y zapatillas fétidas  con que su hermano aporta a la decoración  y termina, como siempre, en el anacrónico y diminuto televisor   que alguien olvidó en la habitación de huéspedes  durante  el transcurso de  la era pleistocénica.  Lo enciende. ¿Qué tenemos aquí?  ¡Qué suerte!  ¿Acaso no es esta la típica programación de verano, sin cable y, lo que es peor, sin control remoto,  de modo que  ni siquiera se puede hacer zapping durante comerciales sin pararse  cada cinco minutos de la cama donde uno  tira su  amargura?   

Nota: (Eso no es todo, en blanco y negro, ¿cabía alguna duda?)

Nacho se  levantó a girar la perilla. Recocidos de los últimos cinco años  en materia de shows  para  tercera edad,  romances lacrimosos  y  latosas discusiones sobre temas más aburridos aún se atropellaron ante sus ojos.  Daban ganas de llorar, pero se las guardó; al menos, papá tiene trabajo, regresará en marzo,  recibirá su primer sueldo en 24 meses, volverán  a casa, enfrentarán  a los acreedores y puede que hasta alcance el  dinero para  pagar el colegio y  un par de zapatillas sin agujeros. Dos años  sin ingresos  son cosa seria para cualquier familia.

Hoy,  eso sí, no  logra pensar en las maravillas de papá con sueldo otra vez.  La dura,  hoy Nacho odia todo:  las vacaciones, el norte desértico y aburrido que se ha visto obligado a visitar, las telenovelas cebollentas,  los problemas laborales que aún afectan a  su  viejo desde la  última crisis asiática (¡eso fue en 1998, Nacho  era chico todavía, casi ni se acuerda!),  la vieja casona de los bisabuelos, tenebrosa y comida de polillas y a Javier.

Sí, a Javier especialmente.  A Javier, que  al primer bocinazo de la 4×4  de los gorilones futbolistas,  ha saltado de la mesa con la boca llena de pescado frito a medio  tragar  y se ha largado  con sus amigotes  sin que nadie le recuerde siquiera que no debe bañarse hasta las cuatro so riesgo de todos los males del mundo. Javier que se ha marchado  haciéndose el sordo cuando  mamá le decía  por qué no llevaba a Nacho, a su pobre, aburrido y  solitario hermano menor,  con él.

Javier,  su  desleal hermano, que esta semana debía recoger la mesa y se ha escapado de ello cinco días seguidos para que el Tata  redistribuya  tareas inmediatamente y allá  vamos  a la cocina con los restos de la ensalada, media tonelada de  servilletas de papel  arrugadas y  torres de platos y vasos sucios,  otra vez.

Esta semana,  Nacho ha odiado a Javier  casi tanto como a la Felisa, lo que no es poco.

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Tres chanchitos desobedientes

Sin permiso de su mamá

Se tomaron de la mano

Y se fueron a pasear.

Vino el lobo y se comió

Al chanchito regalón

Tilín, tilón, colita de ratón

 

 

Aserrín, aserrán

 los maderos de San Juan

Piden pan, no les dan,

Comen queso

Les dan hueso.

Hacen rique, alfeñique,

hacen roque alfandoque.

 

 

Qué será ese ruido que pasa por ahí

De día y de noche no nos deja dormir.

¿Serán los estudiantes que pasan a rezar

A una capillita  a la Virgen del Pilar?

Con un anillo de oro y otro de plata

Que salga la que salga por esta puerta falsa.

 

Estaba la pájara pinta, sentadits en el verde limón.

Con la pata pescaba la rama, con el pico cortaba la flor.

 

Mi trencito de madera dondequiera va a correr

no se cansa ni descansa, chucu chucu por el riel.

Es de carga y es expreso, muy travieso por doquier

baja,  sube y echa humo como nubes de algodón.

De repente, insolente, echa humo de carbón

se alborotan los caballos y las vacas al pasar.

La campana nos avisa que de prisa hay que bajar

y en mi sueño soy el dueño, chucu chucu,  de este tren.

 

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El sábado de madrugada, el ochenta por ciento de nuestro país se estremeció en un terremoto de  más de ocho grados de la escala de Richter. Cuesta creerlo, pero aferrados de los marcos de las puertas, nos sacudimos durante casi tres minutos escuchando caer  las cosas a nuestro alrededor. Cuando ya creíamos que no sobreviviríamos,  el  temblor cesó y nos encontramos en la más negra oscuridad. Esperamos a que amaneciera para ver la real magnitud de los daños sufridos y poner en orden nuestros maltratados hogares. Muchas personas no pudieron regresar y algunos ni siquiera alcanzaron a salir.

Ahora, cuando lentamente regresa la electricidad, nos tranquilizamos y tratamos de vivir con normalidad. Los niños se aburren y vuelven locas a sus madres porque carecen de televisión y el computador no funciona. 

¿A qué jugaban los niños antes de que los juegos de computación y la televisión hicieran su aparición? Infinitas cosas. Los niños de antes carecían de la amplia variedad de juguetes  con que atiborran sus habitaciones hoy, los juguetes eran caros y el mundo era más pobre entonces.

Pero de imaginación estaban muy bien abastecidos. Bastaban unas cajitas vacías para tener una casa, carretes de hilo y elástico de billete para armar un motor a goma. Como ignorábamos su toxicidad, fundíamos plomo y  vertiéndolo en  moldes hacíamos con él  diferentes cosas, adornos, soldaditos, animales. Con macarrones se hilaban collares que luego pintábamos, con tallarines se construían puentes colgantes, con tubos de papel higiénico y papel de color se hacían  personajes variados de cabelleras algodonosas. Mis hermanos construían casas con  todo lo que pillaran y una vez dentro, las niñas  cocinábamos en tapas de tarros de leche y sobre la llama de una vela, asquerosas comiditas ahumadas y negruzcas que comíamos encantados.

Corríamos todo el día, trepábamos al techo –a cuatro metros de altura- y de allí pasábamos al de la iglesia vecina. Los más audaces, recorrían la manzana completa.  Juegos favoritos eran los caballeros de capa y espada –con floretes tallados en ramas de árbol-, los cowboys montados en palos de escoba que se perseguían a balazos con pistolas de    fulminantes  o hechizas de madera,  o a los soldados de la segunda guerra mundial.  Por el patio se excavaban trincheras y túneles que no pocas veces caían en nuestras cabeza. Las niñitas vestían muñecas, organizaban familias e inventaban  tramas dramáticas en torno a ellas.

En la única bicicleta recorríamos el mundo…por turnos, claro. Los más pequeños en el monopatín o el triciclo derrengado que paseara a tres generaciones.

Y además, estaban los juegos: saltábamos a la cuerda, jugábamos al luche –en otros países, el avión- la lleva o el pillarse, el paco ladrón, la escondida, el buenos días amigo, las incontables rondas –la niña María, la de San Miguel, el arroz con leche, la guaraca, el zapaterito clava, el un dos tres,  que al llegar a diez daba vueltas bruscamente y contaba en sentido contrario. Con una pedazo de cuerda armábamos figuras  con los dedos, habilidad que era muy admirada. Jugábamos a la payaya con cinco piedrecitas, al trompo, al emboque,  al trencito, al que pase el rey, al elástico, al compra huevos, al mandandirun dirun dán, los juegos de manos como el pin pìn serafín o levántate, panadero, , a prendas, a los juegos de pelota, como las naciones y el partido peleado -¡qué peleas se armaban!-  el tombo, una especie de beisbol primitivo, basketbol y fútbol, las tradicionales pichangas.  Hacíamos teatro de títeres o representábamos obritas simples como los tres chanchitos.  Me falta  tiempo para recordar tanto juego.

¿Qué otras cosas han jugado o juegan ustedes? Cuéntennos. Tomen a sus  hijos o hermanos pequeños de la mano y jueguen con ellos. Ayúdenlos a  vivir el momento más breve de sus vidas: la infancia. Que sea larga y bella, con noches de cuentos…nunca olvido nuestras noches de miedo, las historias de la abuela sobre su padre y su madre, sobre cómo se vivía allá por mil ochocientos y pico. Recordemos y revivamos para construir humanidad.

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