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Archive for 30 mayo 2009

No te pierdas este lunes un nuevo capítulo de La Sociedad del Diamante Secreto.  ¿Qué ocurrirá con los planes del amauta traidor, Sinchi Roca? ENTÉRATE.

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Para todos los niños que aman los libros  ya está abierta la Feria del Libro Infantil Juvenil en su tradicional locación del Parque Bustamante, en el corazón de Santiago.   Siempre puedes encontrar algo bueno, bonito, barato.  Después te contamos.

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preschool-depression-320 Mi amigo Matías es diferente a mí; no mucho, pero un buen poco. Es cierto que a los dos nos gusta  jugar  Mario Kart o ver monitos japoneses  por televisión, pero él es de la Chile y yo de Colo Colo, a mí me gusta jugar fúlbol y  a él no lo mueven ni con grúa. Pero igual, aunque seamos diferentes, nos parecemos bastante.

Hay días que Matías está tan diferente que ni siquiera viene al colegio, se encierra en su dormitorio y se pasa todo el día  echado en la cama mirando el techo. Su mamá dice entonces que Matías amaneció bajoneado y no quiere nada con los demás.

A veces, a Matías el bajoneo le puede durar mucho tiempo. Pasan y pasan los días y él sigue sin venir a clases, encerrado en su pieza mirando el techo. Cuando eso pasa, yo lo echo de menos,  entonces su mamá me llama por teléfono y me invita a jugar con él. A veces voy solo y otras veces llevo a otros compañeros.

Cuando entramos a verlo, Matías ni nos mira, se queda mirando al techo mientras nosotros jugamos nintendo o taca-taca. Después que pasa un buen rato,  recién se levanta, viene a saludarnos y me dice al tiro:

-Esa jugada estuvo súper mala.

Y al poco rato está jugando con nosotros y nos gana a todos, porque es capo para Mario Kart.

Matías no sería tan diferente si no fuera porque tiene una enfermedad  algo rara, que se llama como depresivo o algo así, no entiendo mucho. Él siempre ha sido buen amigo; cuando vamos a verlo nos presta sus revistas, escuchamos sus casetes, regaloneamos con el Cachupín y después   nos invita a la cocina y él mismo calienta la pizza en el microonda,  nos sirve bebidas y nos tiramos los suflés dulces por la cabeza,  hasta que llega la mamá y nos reta por botar la comida. Cuando hacemos eso, a Matías se le olvida que es diferente y lo pasamos súper bien. Es muy buen amigo.

Yo sé que si Matías tuviera cuadernos me prestaría la materia, él es así,  generoso.  Lo  malo es que como Matías no ha podido aprender a leer y escribir por eso de su diferencia no tiene ninguna materia en los cuadernos, tiene puros dibujitos. Matías tiene que escribir en un computador chiquito, la muerte de capo, porque le cuesta  usar sus manos. A mí me encantaría ser como él para que me compraran un computador para ir a la escuela, aunque no creo que él esté muy contento por eso. Yo creo que Matías preferiría escribir en sus cuadernos, pero ser sano.

Cuando recién conocí a Matías a mí me daba mucha envidia eso de que se quedara en su casa  cada vez que quiere;  después me di cuenta que el pobre se siente muy solo ahí y que le gusta más levantarse temprano para venir a clases que estar bajoneado.

Una vez, a Matías le dio el bajoneo en el colegio, gritó al profesor y se encerró en un rincón llorando hasta que vino su mamá y se lo llevó a la casa. No regresó en dos semanas. Yo lo eché mucho de menos.

Es muy triste que algunos niños tengan que ser diferentes, porque yo sé que Matías sufre mucho por eso. A mí me gustaría que todos los niños fuéramos iguales, gordos o flacos, blancos o morenos, ricos o pobres, pero iguales, para que ninguno lo pase mal. Así como somos por dentro, porque yo sé que por dentro Matías y yo somos igualitos. Él quiere mucho a sus papás, igual que yo. Él toca una corneta cuando gana su equipo, igual que yo, él se muere por los sandwiches de queso con jamón, igual que yo. Y cuando sea grande, quiere ser astronauta, igualito, igualito que yo.

Por eso, cuando Matías está bajoneado yo lo  acompaño; a ver si en una de ésas aprende a leer y escribir y pasamos de curso juntos. De esa manera sería más fácil que nos hiciéramos astronautas el mismo año. En todo caso, yo le tengo prometido que si yo salgo antes lo voy a esperar, para que cuando se haga el primer viaje a Marte con tripulación vayamos los dos juntos. Matías puede llevar su nintendo y yo una pistola que lance rayos de colores. ¡Lo pasaríamos la muerte!

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fabula_el_viento_en_los_saucesLa pregunta debiera ser ¿Quién no quiere ser escritor? porque todos tenemos algo que comunicar a los demás.  la mejor manera de  aprender a escribir es  leer,  mucho, mucho. Son tantos los libros admirables que han sido escritos que  la vida entera no te alcanzará para disfrutarlos. Te propongo algunos títulos imperdibles:

Peter Pan y Wendy ,  de J.M. Barrie

La Trilogía de La Materia Oscura, de Phillip Pullman

La comarca del Jazmín, de Oscar Castro

El viento entre los Sauces, de Kenneth Grahamme

El Principito,   de A. de Saint Exupéry

todos los Papeluchos, de nuestra Marcela Paz

y por supuesto, El niño, el perro y el platillo volador, cuya continuación está aquí a tu disposición

(¿me perdonas algo de publicidad?) Y bueno, aquí va la invitación:

Te estaré proporcionando  algunos títulos cada semana,  si quieres puedes contarme de alguno que te haya  gustado y,   si leer no fuera suficiente, enviarme algún relato  escrito por tí,  que nosotros lo publicaremos.  Esta invitación también va para  tus papás, tus tíos y hasta tu abuelito, sólo necesitas amar la literatura.  Te puedes comunicar conmigo a elplatillovolador@gmail.com

¡Nos vemos!

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2394297445_66e1b4f411Queridos lectores,  les cuento con alegría que cada día sois más y que estáis siguiendo mis lecturas con regularidad. Mil gracias por eso, espero les gusten  mucho.

Les debo una disculpa, me retrasé en actualizar, pero mis motivos eran fuertes. Mi perrita Muffin, una  fox terrier pelo de alambre  que se acerca a sus trece años,  estuvo gravemente enferma y debió sufrir una cirugía de urgencia.  Hoy, después de una semana, recién ha comido un plato de pollito cocido. Estaba muy débil.  Su mamá, Georgie, que tiene 16 cumplidos, estaba muy deprimida. Por eso les fallé y espero me comprendan. Un cariñoso saludo .

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437922763_fcf5610e54Quiltro llega a la plaza, la actividad canina está en  hora  peak. Poodle circula timorato con su ama; se cruzan,  desvía la mirada. Quiltro pierde interés; cambia de idea, lo sigue, se aburre, abandona. Descifra aromas en un tulipero, levanta la pata, marca. Se distrae con Dogo, que  practica trote encadenado. Husmea basuras atractivas, mordisquea pan viejo. Se echa,    contempla los paseos de sus  semejantes: cadenas plateadas, arneses  lustrados,  chapas identificatorias. De vez en cuando,  intenta vanamente  contactarse.

 Hora de almuerzo: comienza  la retirada. Quiltro dormita nostálgico. Un mendigo  se sienta a su lado, lo acaricia.

Quiltro suspira.

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3%20-%20pinturas%20rupestres%20del%20levante%203¿Qué marca  la diferencia entre las diversas  especies que pueblan la Tierra? ¿Por qué el hombre va camino de colonizar el cosmos y el gorila es un primate en vías de extinción?

Hace sesenta millones de años la vida evolucionó lo suficiente como para permitir la aparición de los mamíferos.

Hace dos y medio millones de años, aparecieron los primeros homínidos capaces de fabricar herramientas.

Hace cuarenta mil años homo sapiens se aventuró sobre la superficie de Europa.

Entretanto, los tigres dientes de sable  se encogieron,  perdieron los colmillos y se mudaron a Asia; los mamuts sufrieron un ataque de calvicie y dejaron de ser europeos. Hoy se llaman elefantes y viven en Africa: son tercermundistas. Eso, cuando se extinguieron las grandes bestias del pleistoceno.

Diez mil años después, el elefante sigue siendo elefante; aunque muy inteligente y dueño de una gran memoria, todavía vive en Africa   Los celacantos habitan la misma costa y  aún conservan la misma horrible figura de hace millones de años. Feos y todo, los africanos continúan comiéndolos, probablemente, fritos. Los cocodrilos, gracias a Dios,  se encogieron de doce a cuatro metros y perdieron las púas de la cola que tan mal les sentaban.

¿Y Qué fue, a todo esto, del Hombre?  El Hombre hace un arito en la Luna para cobrar aliento y después toma la ruta de Marte. De repente se le olvida que se ha civilizado, se droga o se embriaga y se mata con entusiasmo, pero de paso le regala a la Tierra los grandes pintores, la música barroca, el romanticismo, el kuchen de manzana y el cabernet sauvignon.

¿Qué había en este  mamífero sin cola, este mono desnudo,  que le permitió seguir un camino tan diferente?

Muchas cosas, claro; algunos dicen que el sentido del humor, pero probablemente lo pondrían en duda si vieran algunos programas de televisión teóricamente humorísticos.

La gran diferencia entre el mamífero hombre y los demás anímales, aquella que realmente fue importante, fue la palabra.  Al hombre le encantó tener la palabra,  de inmediato le puso nombre a las cosas e inventó los artículos posesivos para poder afirmar pertenencia sobre ellas. La palabra le gustó  tanto que le cuesta cederla y cree indispensable atormentar a sus congéneres con  unos discursos larguísimos o monologa con entusiasmo.

Como es reconocidamente  humilde, el hombre consideró que sus palabras eran únicas y quiso trasmitírselas a los demás.  Pero el asunto se le hizo un poco complicado y sólo se le ocurrió marcar sus manos pintadas en la pared de sus cavernas último modelo del paleolítico. Con  el tiempo se puso más elocuente y grabó en ellas sus cacerías, la muerte de un mamut y  otras cosas por el estilo. Todavía, en Dordogne o Altamira podemos leer su testimonio.

Milenios mediante, el hombre avanzó hacia  la Mesopotamia, se llamó sumerio e inventó la primera escritura cuneiforme. Su literatura era de gran peso: estaba hecha sobre tabletas de arcilla. Quizás por eso nadie se interesó en perpetuar el sistema.

A los egipcios también  les debe haber parecido muy fome, porque  quisieron tener una propia: inventaron una llena de dibujitos: los jeroglíficos,  y tuvieron a medio mundo partiéndose la cabeza hasta que Champollion pudo leer la Piedra Rosetta.

No quisiera recordarlo, pero nuestros incas americanos no se tomaron la molestia de leer y escribir. Les bastaba con contar nudos. Si no fuera por los mayas, no podríamos decir que un pueblo americano tuvo su propia escritura. Lamentablemente, un sacerdote con ínfulas de censor quemó todos sus registros y esa historia es una que no podremos conocer jamás.

Nos han gustado tanto las palabras que  de los hombres que memorizaban historias a la pata de la letra, para trasmitirlas de generación en generación,  hemos llegado a tener filósofos como Emanuel  Kant, que de tan bien que filosofó  todo el mundo le hace el quite; poetas como Huidobro o Neruda que  desde la misma tumba hacen pelear a sus fanáticos,   e historiadores como Paul Johnson, que se dedican a sacar al sol los trapitos  sucios  de personajes  tan disímiles como Napoleón o Pablo Picasso.  Francamente, yo debo confesar que prefiero la narrativa.

Como pertenezco al género humano y amo la lectura, desde muy pequeña consideré que mis palabras revestían interés para los demás.  Mi padre, humanísimo también, hizo lo que todos los padres del mundo, creyó que yo era genial,  única e irrepetible y le llevó mis primeros escarceos literarios a don Salvador Reyes, fundador de la Hermandad de la Costa y autor de novelas como Mónica Sanders y Ruta de Sangre. A don Salvador,  lo pirata no le quitaba lo caballero; mintió amablemente sobre la lectura sufrida y  le recomendó que me hiciese escribir mucho. La práctica, dijo, hace al maestro. Respetuosamente, seguí su consejo y hasta los veinte años  cometí toda clase de horrores.

Entonces me casé. Largos treinta años se escurrieron mientras criaba a mis hijos, atendía a mi esposo y leía todo lo que pillaba.  Cuando  retomé la escritura, encontré algunas cosas que había guardado quién sabe por qué. Enseguida las hice mil pedazos antes de que alguien más, como don Salvador,  me infligiera la vergüenza de leerlos.  Y aquí estoy, tanto tiempo después, tratando de seguir el mejor consejo del mundo, el de don Salvador Reyes: practicar mucho.

Practico mucho, corrijo más.  En otras palabras, trato de que lo que escribo sea lo mejor para que ustedes, los lectores, disfruten con ello tanto como yo he disfrutado con mis escritores favoritos.

La palabra escrita, aún en estos tiempos del televisor, sigue siendo  la primera  invitación  al mundo mágico de la imaginación.

Alida Verdi

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